Primavera
Tarde o temprano todo se desvanece. Todo. Hasta el invierno. Los periódicos continuarán publicando las mismas desgracias, los mismos desastres que hace unas cuantas semanas. Los tertulianos continuarán enzarzándose en las mismas disputas inútiles. La televisión nos seguirá mostrando imagénes de cadáveres destripados por bombardeos, de políticos cavernícolas soltando necedades, de misiles estallando sobre hospitales, escuelas, campamentos de refugiados o de adolescentes que se limpian las uñas con una navaja automática mientras te escupen a la cara una cuantas proclamas fascistas, pero a partir de ahora, la vida tendrá otro rumor. Más cálido. Más luminoso. Menos ingrato.
Las noches de luna creciente o menguante se acortarán. El viento será menos áspero. Los perfumes de la tierra, de los arbustos, de las hierbas floridas y de los árboles revividos de hojas y de pájaros flotarán en el aire y en el cielo, de pronto, parecerán estallar, al atardecer, pequeños incendios de una tonalidad naranja, rosacea, violeta, casi, casi rojiza...
Hemos sobrevivido a otro invierno. No ha sido fácil. Nunca lo es. Los cavernícolas que gobiernan el planeta, votados por millones de cavernícolas, no nos lo han puesto nada fácil, pero bueno, ya está finiquitado el invierno. Hemos cumplido con nuestro propósito. No es que a partir de ahora encontremos una respuesta a las muchas interrogantes de nuestra existencia, sino que las golondrinas, al atardecer, trazarán, de nuevo, círculos alrededor de los campanarios, las ranas croarán en las mínimas charcas de este desértico país y los ciudadanos buscaremos de nuevo las playas donde respirar los vientos cargados de sal o los parajes montañosos de recónditas cabañas rurales donde olvidarnos hasta de nosotros mismos durante los fines de semana.
La primavera no nos hará ni más ricos ni más sabios, pero cuando menos nos permitirá pasear en bicicleta por los límites del bosque, leer un periódico de papel sentados en un banco del parque, beber cerveza mientras contemplamos los veleros que atracan en la dársena, degustar una ensalada tibia de verduras frescas bajo un sol todavía tímido pero complaciente o tomar el metro al alba para acudir al trabajo sin sentir en el ánimo el helador viento del invierno. Lo que se espera siempre es la primavera. En cualquier circunstancia de la vida y en cualquier estación del año, lo que se espera siempre es la llegada de la primavera.
“Palacio, buen amigo, ¿está la primavera vistiendo ya las ramas de los chopos del río y los caminos? En la estepa del alto Duero, primavera tarda, pero es tan bella y dulce cuando llega...”. No sabemos lo que José María Palacio, buen amigo, le respondió a Antonio Machado, si es que alguna vez le respondió algo, pero en esas y en otras preguntas del poema está nuestro anhelo; nuestro interminable anhelo de primavera; del milagro de la primavera.
Sobre este blog
Viento del Norte es el contenedor de opinión de elDiario.es/Euskadi. En este espacio caben las opiniones y noticias de todos los ángulos y prismas de una sociedad compleja e interesante. Opinión, bien diferenciada de la información, para conocer las claves de un presente que está en continuo cambio.
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