Has elegido la edición de . Verás las noticias de esta portada en el módulo de ediciones locales de la home de elDiario.es.
La portada de mañana
Acceder
La guerra civil del laborismo paraliza el Gobierno de Keir Starmer
15 años del 15M: qué ha sido de sus lemas y cuál es su mayor legado
Opinión - 'De tibios e imperturbables', por Esther Palomera

25 años del intento de asesinato del periodista Gorka Landaburu: “ETA me cortó la mano pero no la lengua”

Gorka Landaburu, en la ambulancia tras el atentado el 15 de mayo de 2001

Iker Rioja Andueza

Vitoria —
14 de mayo de 2026 21:46 h

0

Policías, políticos, magistrados, ... y también periodistas. El terrorismo de ETA también puso en su diana a los medios de comunicación. En mayo de 2001, hace ahora 25 años, fue asesinado Santiago Oleaga, director financiero de 'El Diario Vasco'. Y tal día como este viernes, el 15 de mayo, Gorka Landaburu abrió una carta-bomba que no lo mató por una carambola, aunque perdió gran parte de una mano, visión y oído. “Como dije entonces desde el hospital, me habían podido cortar la mano, dejarme ciego del ojo izquierdo y medio sordo. Pero yo soy periodista. No me cortaron la lengua y, mientras tuviera un ordenador, iba a seguir escribiendo y denunciando a ETA”, cuenta al otro lado del teléfono un reportero ya jubilado administrativamente, aunque no en espíritu.

Landaburu nació un 11 de octubre, en 1951. Pero desde hace un cuarto de siglo considera como su genuino cumpleaños el 15 de mayo. “Sí, este viernes también lo voy a celebrar con mi mujer, mis hijos y mis nietos. Igual cae una botella de champán y todo”, se congratula. “Son ya 25 años que estoy vivo. Lo voy a celebrar. Sigo aquí”.

El atentado de Landaburu, que ya había sido amenazado por ETA pero también por la organización de extrema derecha Triple A, que lo consideraban un “rojo” peligroso, se produjo 48 horas después de las autonómicas de 2001. Fueron unas elecciones trascendentales en Euskadi. El PNV de Juan José Ibarretxe, en coalición con EA, salvó 'in extremis' el Gobierno frente al auge del PP de Jaime Mayor Oreja, que iba a ser apoyado por el PSE-EE de Nicolás Redondo Terreros.

“Estaba cansado de la campaña y esa noche electoral me quedé en Bilbao, con mi hermano Ander. [José María] Calleja, tras el escrutinio, vaticinó que nos iban a matar a todos”, recuerda de ese día. El lunes 14 se desplazó a Donostia, a su redacción. Landaburu ha sido el responsable editorial de la revista 'Cambio 16'. Ya por la noche, en su casa de Zarautz, accedió al portal con su escolta y vieron un sobre el buzón. “Déjalo, Juan, es la revista de Elkargi”, le tranquilizó Landaburu a su sombra.

Gorka Landaburu, en un homenaje a Mikel Zabalza en 2024

Sí, Landaburu llevaba guardaespaldas desde un año y medio atrás, cuando se rompió la tregua del pacto de Lizarra. 2000 fue un año de señalados crímenes, como los del exvicelehendakari Fernando Buesa, el exministro Ernest Lluch, el exgobernador civil Juan María Jáuregui, el empresario Joxemari Korta o cargos del PP como José María Martín Carpena. También el del asesinato del columnista de 'El Mundo' José Luis López de Lacalle. Antonio Rivera y Eduardo Mateo acaban de coordinar una obra titulada '2000: La vuelta del terror' (Catarata) sobre aquel año.

“Me llamó una señorita estando en Madrid. 'El ministro quiere hablar contigo'. El ministro era Acebes, Ángel Acebes [del PP]. '¿Dónde estás? ¿Cuándo vuelves a Zarautz? Cuando llegues, te vas a la Ertzaintza. Te vamos a poner un escolta. Estás en listas', me soltó. 'No me jodas, Ángel', le respondí yo”, explica.

Anteriormente, sin escoltas, habían aparecido pintadas en su localidad de residencia, en la costa guipuzcoana. “Landaburu, lumadun txakurra”, rezaba una de ellas. “También hubo corbatas negras en el buzón, dianas, pintura roja y amarilla, un cóctel molotov que no ardió porque empezó a llover o llamadas intempestivas. Yo siempre intentaba disimular. Decía que no pasaba nada. Entraba al garaje solo, dejando a los chavales fuera. Ese tipo de cosas”, relata el periodista. “A ETA -prosigue- nunca le ha gustado la libertad de expresión. Hizo una campaña contra la prensa en general. La presión a los periodistas formaba parte de la socialización del sufrimiento. ¿Por qué a nosotros? Porque escribíamos que un crimen es un crimen, que un asesinato es un asesinato y no una 'ekintza' para salvar a Euskal Herria”.

Landaburu, con Ibarretxe

El 14 no abrió la carta. La dejó en el despacho por cansancio o pereza. “Menos mal. Si lo llego a hacer después de cenar en el sofá con los chavales, mi hija no estaría aquí. Ni yo tampoco”, insiste. Lo hizo al día siguiente. Estaba en la ducha, se había olvidado una toalla y al ir a recogerla vio el paquete. Lo abrió y explotó, pero “con la fortuna de tener la silla delante” de su cuerpo, lo que amortiguó claramente la onda expansiva. “Bajé unas escaleras de caracol con las manos ensangrentadas. Me vi en el espejo. Fui a donde mi vecino [Ángel Illarramendi, músico autor de 'Yoyes', en referencia a la exmiembro de ETA asesinada por la banda en 1986] y le pedí que llamara a la ambulancia”, relata. “En ese momento no tenía dolor. En la ambulancia ya sí. Fue un 'shock' terrible. En el fondo, nunca crees que te van a pillar a ti”, agrega.

Landaburu, que recuerda haber dicho en el hospital la frase de que le habrían mutilado pero no cortado la lengua para seguir denunciando el terrorismo, no siente ser un “héroe” o un “valiente”. “Entré al hospital con un escolta y salí con dos”, ironiza. Eso sí, no permite a ETA y a su entorno que le cuestionen su vasquidad. “Mi padre era vicelehendakari. Teníamos la ikurriña en el biberón”, recalca.

El padre de Gorka era Francisco Javier de Landaburu, histórico presidente del PNV en Álava durante la Guerra Civil, diputado en las Cortes republicanas y que da nombre a la sede del partido en Vitoria, Landaburu Etxea, en plena plaza de la Virgen Blanca. Huyó al exilio tras la sublevación y los niños nacieron ya en París. A la muerte del primer lehendakari, José Antonio de Aguirre, Jesús María de Leizaola recibió ese honor en el exilio y el padre de Landaburu tuvo la simbólica posición de vicelehendakari hasta su muerte, en 1963. “El atentado lo que hizo fue reafirmarme en las convicciones que recibí de mis padres y en el liceo público: defender la democracia, la libertad y el derecho a la vida”, expone.

Tras el intento de asesinato, Landaburu ha seguido muy activo. “En Zarautz, siempre con la pancarta de Gesto por la Paz, con los 'borrokas' enfrente, hasta que se terminó”, cuenta. “Porque en el contexto actual podemos decir claramente y altamente que ETA no existe”, añade también. “Resistimos, combatimos y conseguimos la paz. Eso se acabó. El proceso de paz de [José Luis Rodríguez] Zapatero acabó con éxito. Pero hay gente del PP, cierta gente del PP, y de Vox, que usan a ETA como si existiera todavía. Eso me subleva”, critica.

Preguntado por las controversias por los permisos y excarcelaciones de los condenados por ser miembros de ETA, Landaburu sostiene que “siempre” ha defendido el “acercamiento de los presos” porque “un barrote es un barrote en Sevilla o en Zaballa”, la cárcel de Vitoria. Y si las progresiones de grado que ahora copan tantos titulares están previstas en la ley, “que se aplique”. Pero insiste en que la izquierda abertzale debería hacer más autocrítica.

“Que digan que se equivocaron. Que matar no fue justo. Que fue un error”, demanda. Sus atacantes fueron Ainhoa García, Oskarbi Jauregi y Xabier Makazaga. “Él va a salir pronto. Si quieren venir a Zarautz a estar conmigo, estoy dispuesto”, plantea sobre la necesidad de que asuman su responsabilidad.

Los miembros de ETA Xabier Makazaga y Oskarbi Jauregi, en el juicio

Para Landaburu, la “gran asignatura pendiente” es la memoria. “Esto hay que llevarlo a los colegios, a los institutos, a las universidades, a los medios de comunicación. No es venganza ni rencor. Es el relato de la verdad. Y una verdad es una verdad. Es terrible que nuestros jóvenes, con 20 años, no sepan quién fue Miguel Ángel Blanco, como se ha querido tapar también todo el franquismo. Este país tiene un problema”, argumenta. A él le gusta la metáfora de la carretera. “Para conducir un automóvil necesitas dos manos al volante y mirar de frente, pero sin un buen retrovisor nunca conducirás debidamente”, lanza.

El Landaburu que este viernes celebra su 25 cumpleaños dice ser una persona “con suerte”. “Soy una víctima privilegiada. No estoy en el anonimato como otros muchos. Tengo un micrófono para hablar y un ordenador para escribir, aunque ya esté jubilado”, recalca. Y añade una última reflexión como colofón a la entrevista: “El odio no sirve para nada”.

Etiquetas
stats