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Los votantes del PP no son idiotas

Cierta izquierda en España sigue pecando de un clasismo que la aleja de las clases populares

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Al día siguiente de que el PP ganara las elecciones empezaron a llegarme por whatsapp fotomontajes en los que se llamaba a los votantes del PP “subnormales” o “gilipollas”. También abundaban los análisis urgentes en los que se explicaba la victoria del PP en que a Rajoy le habían votado las personas mayores (como queriendo decir viejos gagás) y la gente que vive en los pueblos y el campo (como queriendo decir aldeanos ignorantes). Los votantes del PP eran tachados de infraseres, mermados intelectualmente, que eran capaces de arrojarse a un foso de víboras con la sonrisa en la boca. La conclusión: si votan al PP es que son idiotas. No hay otra explicación posible.

La otra conclusión: cierta izquierda en España sigue pecando de un clasismo que la aleja de las clases populares.

Es ese mismo clasismo de izquierdas con el que se insulta a las personas que van a comprar al Primark, a las que se acusa de caer en las garras del consumismo tonto y voraz del capitalismo, sin preguntarse que quizás van al Primark porque es barato y no hay pasta suficiente. Esa superioridad moral de cierta izquierda universitaria que mira por encima del hombro a los que no han estudiado en las facultades. La superioridad moral del que ridiculiza a los currelas que agotados después de trabajar a destajo llegan a casa por la noche y prefieren poner la tele que leer a Descartes. Ese mismo clasismo que destilaban algunos comentarios sobre el himno merengue del PP, obviando que los ritmos latinos en España (del merengue a La Gozadera pasando por el reggaeton) son más populares que los discos cool de artistas que solo ellos conocen y nadie más sabe apreciar.

Quizás sería más adecuado preguntarse por qué tanta gente ha votado al PP y, con seguridad, hay múltiples razones. Es probable, por ejemplo, que haya una parte de la población, adinerada y privilegiada, que es favorecida por las políticas de Mariano Rajoy. Les votan porque salen beneficiados, porque hay amnistías fiscales, porque hay ciertos oligopolios que no se van a tocar, porque se va apoyar a la sanidad privada, porque las leyes laborales que aprueba Rajoy les permiten despedir con más facilidad, etc. Les votan porque, si gobierna el PP, ganan.

Es probable que haya otra mucha gente, con profundos sentimientos nacionalistas (españoles), que se vea impulsada a votar a Rajoy porque el PP tiene una visión sobre España que no ofrece fisuras: una España grande y libre. Si para evitar la independencia de un territorio hay que fabricar casos falsos de corrupción, puede que para muchos de estos nacionalistas españoles no sea demasiado problema frente al peligro de romper España.

Es evidente además que en España hay un porcentaje de población importante -esto viene de 1812 por lo menos, las dos Españas y tal- con un enraizado sentimiento más o menos conservador: franquistas sociológicos, liberales en lo económico pero no en lo social, liberales en lo social pero no en lo económico, conservadores en el sentido clásico, ultraxenófobos, democrata cristianos, etc. El PP sigue siendo su casa (y su causa) común a pesar de la irrupción de Ciudadanos -un globo cada vez más desinflado-, y los intentos frikiextremistas de Vox.

También es probable que haya otra mucha gente que, como dice Alberto Pradilla citando a Mariano Rajoy, no quiere “cosas raras”, que considera que es mejor lo malo conocido que lo bueno por conocer. Sí, lo hemos pasado mal pero vete tú a saber con los otros. Es lo que estos días se ha venido en llamar el voto del miedo (el miedo que ha votado al PP y el miedo que ha dejado a gente en casa). Un miedo que ha podido tener éxito especialmente en los ciudadanos más volubles políticamente y menos ideologizados del voto del PP, para quienes Rajoy ofrecía en términos prácticos una salida menos mala, e incluso una buena salida, frente al resto de formaciones políticas.

La derecha va ganando la partida. En Europa la xenofobia se abre paso y el neoliberalismo tiene acogotada a la socialdemocracia con las políticas de austeridad. A Corbyn lo quieren pasar a cuchillo. Sanders pudo ganar pero no. Tsiripas pasó por capilla. En América Latina regresa la ola neoliberal.

¿Y la izquierda? Sobre esto el debate público de los últimos días está repleto de artículos muy interesantes pero tan solo apuntaré algo que escribí recientemente: poco antes de la campaña conocimos que España tendrá que afrontar más recortes y se filtró una carta en la que Rajoy pedía a Bruselas más tiempo para evitar el desgaste electoral. Apenas hubo polémica. En realidad, parecía que a nadie le interesara demasiado hablar del asunto. Daba la impresión de que la izquierda -y aquí vale todo lo que está a la izquierda del PP- prefería evitar entrar a fondo en ello porque no tenía respuestas demasiado sólidas. La derecha vende recetas aunque produzcan consecuencias dramáticas y detestables.

Pero bueno, es más sencillo y reconfortante decir que los que no votan como tú son idiotas. 

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