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Buffet para idiotas

Se me antoja que la carta electoral es así como enfrentarse a un buffet el quinto día de estancia en un hotel caribeño.

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En efecto, somos subnormales. Si nos tratan como tales, lo seremos, ¿no? ¿No han tenido esa sensación últimamente? En campaña electoral, vemos y oímos cosas que nos pueden hacer sentir como idiotas. Los políticos se dirigen al pueblo –nosotras y nosotros- y nos enseñan y nos dicen lindezas del calibre de una Colt 45. Si así lo hacen será porque cuela, porque tragamos lo que haga falta y sin anestesia.

Partidos con sospechosos en sus listas aseguran que su lucha contra la corrupción es una obsesión. Históricos dirigentes que se presentan como la 'anti casta' y que ofrecen como aval una más que dudosa decente gestión. Recortadores manos tijeras que defienden los servicios sociales como si les fuera la vida en ello. Los adalides del cambio aterrizan con recetas de la abuela. Nuevos y puros inmaculados que llegan a escena para protagonizar la regeneración y que huelen a un perfume tan rancio que cuando descubran la esencia del sillón van a tardar un parpadeo en dar una vuelta campana.

Insisto, están convencidos de que somos bobos. ¿A qué lo han pensado e incluso dicho en voz alta? No habrá nadie en sus cabales a quien se le ocurra comparar la carta de un almuerzo con la oferta electoral. No tiene nada que ver, ¿verdad? No, claro que no, pero tampoco es muy sano mantener la cordura a todas horas.

Perdamos el juicio por unas lineas para establecer una relación entre la política y la gastronomía, con permiso y perdón anticipado de esta última. Se me antoja que la carta electoral es así como enfrentarse a un buffet en el quinto día de estancia en un hotel. Podría ser lo más parecido a esas mesas rebosantes de comida de un complejo caribeño donde nos hemos tirado de cabeza a comer y beber sin tregua y en bucle durante una semana.

Llega un día en el que todo nos parece igual, algunos platos nos dan repelús, notamos lo recalentado, detectamos la verdura machacada y las sopas se repiten; el ayer arroz blanco hoy va con pescado; la carne se rodea de una salsa nueva y bastante sospechosa; los dulces ya no entran por los ojos... El buffet electoral que se nos presenta contiene todo eso y más; lleva los platos clásicos más o menos rancios y los nuevos que aparentan frescos.

No obstante, y sin embargo, no estaría de más revisar la carta que en política es el programa porque no vaya a ser que nos pase como una candidata de Ciudadanos que ha renunciado al leer su contenido. La mujer creía que estaba en un partido de izquierdas.

En este globo y asumiendo la idiotez que nos posee conviene escuchar a los candidatos y echar un vistazo a sus propuestas. Sus maneras, sus formas y lo que no dicen nos pueden dar una idea de la catadura del político. Y ya puestos, algún partido podría incluir en sus propuestas que el metro de Bilbao llegue a Castro y subvenciones para ir al psiquiatra sin lista de espera ya que algunas no tendremos aumento de pensión por no haber parido.

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