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The Working Dead

Trump es el capitalismo en estado salvaje y sin control, como la mafia. Es hijo del sistema y, por lo tanto, una amenaza para todos, incluida para los gestores de esta gobernanza (como dicen los cursis y los tecnócratas) zafia y brutal.

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Trump afirma que los amantes de las armas tienen en sus manos parar a Clinton

El candidato republicano superó a Hillary Clinton y será el presidente número 45 de Estados Unidos. | EFE

Cuando escribo estas líneas, se ha oficializado la victoria de Donald Trump como nuevo presidente de Estados Unidos, y ya arrecia el lagrimeo de los bienpensantes que hace dos días renovaron Gobierno en España, dinamitaron el PSOE, aplaudieron la destrucción de Grecia, y celebraron con champán bajo en calorías el triunfo de la violencia en Colombia y la salida de Gran Bretaña de la UE. No les falta motivos. Lo que los estadounidenses han votado en masa y sin paliativos es la violencia como reacción a la globalización que ha depauperado a millones de seres humanos en todo el mundo en esta Gran Depresión que, como plaga bíblica, nos asola desde 2009 y que no tiene visos de acabar nunca. Pero la violencia nunca es una solución. Es lo que la gasolina al fuego.

Los alumnos han elegido director del colegio al más matón de la clase.

¿De qué nos lamentamos? Las elecciones estadounidenses ya se resolvieron hace meses. La gran derrotada en estas elecciones fue la opción racional, democrática y crítica de Bernie Sanders. Pero a Sanders no lo retiró de la Presidencia Trump, ni el electorado. Lo retiró con malas artes el 'establishment' que representaba Hillary Clinton. Sé que esto es fácil decirlo ahora, y que no deja de ser una 'boutade' no escandalizarse por la derrota de Hillary Clinton, pero lo cierto es que el electorado (y ahí también incluyo a minorías y clase trabajadora) ha votado lo que ha votado. No es que Trump haya ganado: ha arrasado. Y quien ha hecho posible esto es el Partido Demócrata y Hillary Clinton, del mismo modo que el PSOE en España ha hecho posible a Mariano Rajoy, salvadas sean las distancias.

Ahora tendremos que pagar la factura, como miembros del imperio que somos: más recesión, represión de las minorías, muro en México, retroceso en los derechos de la mujer, expulsión de inmigrantes sin papeles, más miseria para las clases populares, disturbios, catástrofe ambiental, pacto de la vergüenza con Putin, guerras locales por doquier, colisión con China... y gobiernos de extrema derecha por toda Europa, con el mismo corte 'outsider' y antisistema que ha santificado Estados Unidos. Esto no ha hecho más que empezar.

¿De qué estamos hablando? Estamos hablando de que la reacción ante el plan programado y criminal de multinacionales y organizaciones supranacionales como la UE para 'democratizar' y 'socializar' la miseria y el sufrimiento (porque la miseria es buena para los negocios) con el fin de maximizar los beneficios de una élite económica ha conducido a que amplias capas de la población desconfíen, no sin razón, de las opciones políticas clásicas y busquen a aquel que dice lo que se quiere oír. 

Esta crisis política, tan edípica ella, hija de la voracidad del sistema, solo demuestra que el capitalismo de barra libre conduce a su propio colapso, como esos cuerpos enfermos que empiezan a devorarse a sí mismos cuando ya no queda grasa que quemar.

Pero Trump no es una opción real antisistema. Trump es el capitalismo en estado salvaje y sin control, como la mafia. Es hijo del sistema y, por lo tanto, una amenaza para todos, incluida para los gestores de esta gobernanza (como dicen los cursis y los tecnócratas) zafia y brutal, que ven sus puestos de privilegiado amenazados. Ya no son necesarios para este capitalismo voraz. Han sido 'trumpizados'. Trump es el hijo que mata a su creador. O dicho de otro modo: el señorito ha dado la patada al viejo mayordomo y ha contratado a un lacayo más macarra.

Y esta crisis política, tan edípica ella, hija de la voracidad del sistema, solo demuestra que el capitalismo de barra libre conduce a su propio colapso, como esos cuerpos enfermos que empiezan a devorarse a sí mismos cuando ya no queda grasa que quemar. Lo que vivimos es la democracia que se devora a sí misma, hasta alcanzar, si nadie lo impide, la caquexia.

Como todo en esta vida se repite, yo echo la mirada un centenar de años atrás y me quedo con el ascenso, previo paso por las urnas, de Hitler a la cancillería. 1932. Si Von Papen y Hindenburg creían que podían domesticar a la bestia, rápidamente se dieron cuenta de lo contrario. Menos de 10 años después, tres millones de hombres armados se agolpaban en la frontera de la Unión Soviética para perpetrar, de manera planificada e industrial, la mayor carnicería que los tiempos vieron: tres millones de asesinos que arrasaron vidas y ciudades desde la frontera polaca hasta las puertas del Kremlin. Es lo que tiene cuando un país pone su Gobierno en manos de criminales. Este es el ejercicio de gobernanza de los asesinos y sociópatas; de los despiadados que ponen en almoneda a su propio pueblo a cambio de un sueldo o un delirio.

Del trinomio en lucha actualmente (Estado, Democracia y Goblalización), sólo uno de sus elementos quedará en pie. Las elecciones y referéndums que por todo el mundo se suceden marcan ya una dirección, al menos para una década: del trinomio, la primera variable en caer será la Democracia. Queda el Estado y la Globalización, es decir, el proteccionismo y el libre comercio. ¿Quién ganará? Si me piden un pronóstico, aquí va: primero el Estado, luego la Globalización y, después, si nadie lo impide, caquexia urbi et orbe. La única solución a esto es que la Democracia no caiga.

Si observan la evolución del empleo en España desde 2009, coincidirán conmigo en que la destrucción del trabajo estable y de calidad es un hecho. Y este es un dato sustancial y, a diferencia del granizo y los tornados, planificado.

El 95% del empleo que se crea actualmente en España es literalmente basura laboral y esto tiene un corolario claro: salarios bajos, precariedad de derechos y extremismos políticos. Llegara el día en que los colegios organicen visitas a las puertas de las fábricas para hacer fotos de los pocos trabajadores 'privilegiados' que queden, como quien hace fotos en el zoo de especies en extinción. Si un trabajador con un empleo estable y de calidad será cada vez más una rareza; si millones de trabajadores verán su nivel de vida desplomarse y deambularán por la crisis como muertes vivientes por una carretera despoblada; si la desesperación elimina lo imposible; vendrán más Trump. Y si la reacción de enormes capas de población es Trump y no Clinton o Sanders, por obra y gracia de la primera, 'God bless America' y nos bendiga a nosotros de paso, porque falta hará.

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