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'Sólo Dios perdona', o quizás no

'Sólo Dios perdona', de Nicolas Winding Ref, produce la misma sensación que ver un sofisticado spot de un perfume de lujo durante 90 minutos.

La excelencia formal no puede ocultar lo vacuo de su contenido.                  

Cine 'chill out' con destellos sangrientos y narrativamente insustancial.

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Sólo Dios perdona.

Sólo Dios perdona.

Sólo Dios perdona
Dirección: Nicolas Winding Refn.
Intérpretes: Ryan Gosling, Kristin Scott Thomas, Vithaya Pansringarm, Rhatha Phongam, Gordon Brown.
Género: Thriller. Drama. Francia, 2013.
Duración: 90 minutos.

'Sólo Dios perdona' es una de las películas más esperadas de la temporada por reunir de nuevo al tándem creativo -no oficial- formado por el director y guionista Nicolas Winding Ref y el actor Ryan Gosling, tras la prestigiosa 'Drive'.  Son numerosas las diferencias entre ambas propuestas pero la fundamental es la limitada capacidad de satisfacción que posee 'Sólo Dios perdona' respecto a la obra que consagró a su director y protagonista.

Julian (Ryan Gosling) es un expatriado estadounidense en Tailandia que se encarga de un gimnasio en el que prepara boxeadores de Muay Thay para ganarse la vida. Cuando el hermano de Julian, Billy, muere después de agredir a una prostituta, su madre Crystal (Kristin Scott Thomas) le presiona para que lleve a cabo la venganza. El director danés Nicolas Winding Ref llamó la atención con su largometraje 'Bronson' de 2008, un intenso drama carcelario que tiene su punto más sólido en la descarnada interpretación de su protagonista, Tom Hardy, y que triunfó en numerosos festivales. Pero Winding Ref contaba con varias cintas en su trayectoria desde que debutara en 1996 con 'Pusher: Un paseo por el abismo', film que sumerge al espectador en la oscuridad de los bajos fondos daneses, y que es el primero de una trilogía. Ha adaptado para la BBC la novela de Agatha Christie 'Miss Marple: Némesis'. En sus trabajos Nicolas Winding Ref, cuida meticulosamente los aspectos formales para lograr una atmósfera de gran elegancia y calidad en la ambientación con una inclinación marcada a la elección de historias con un alto componente violento y de misterio.

Al frente del reparto está Ryan Gosling, que va camino de convertirse en el actor fetiche de Winding Ref, y que en 'Sólo Dios perdona' ofrece una interpretación tan introspectiva que resulta complicado tan siquiera sospechar las emociones que experimenta su personaje pues al minimalismo gestual -casi zen- que exhibe,  se le une la circunstancia de que pronuncia menos de 10 frases en toda la película. Son evidentes el magnetismo y la fotogenia del intérprete pero para que 90 minutos frente a una pantalla sean estimulantes es necesario algo más que eso. Gosling en esta ocasión no brinda casi nada más que lo señalado por la naturaleza del peculiar planteamiento del film y no porque se pueda dudar de su óptima calidad actoral demostrada en anteriores papeles. Kristin Scott Thomas afronta su primer papel de villana encarnando a una perversa y atractiva madre; a la que cuesta reconocer por la transformación en su aspecto tras una eficaz labor en las áreas de vestuario, maquillaje y peluquería. Mención especial merece el actor asiático Vithaya Pansringarm que se lleva en cada aparición suya la máxima atención del desorientado espectador pues sus intervenciones torturando, asesinando y cantando en un karaoke de pesadilla, son las más dinámicas y desconcertantes que se dan a lo largo del film.

En 'Sólo Dios perdona' se cuenta una historia que no pasa de un cliché de género, lo cual no es algo negativo en sí mismo pues sobran los ejemplos de historias que parten de elementos mínimos que llegan a provocar emociones potentes y gran interés en el espectador. El problema con esta película de Nicolas Winding Ref es que el desarrollo narrativo se produce de una forma tan pesada que apenas avanza tras iniciarse. Todo el esfuerzo y la energía de la cinta se centran en conseguir magníficas tomas, extraordinarios movimientos de cámara y una ambientación inquietante para contar casi nada. La historia está llena de vacío, como si se pretendiera alargar un cortometraje de 15 minutos hasta los 90 y para ello se recurriera a desenredar la historia a cámara lenta -muchas veces literalmente- saturándola de miradas, silencios, algunas de líneas de diálogo que suenan impostadas y sesiones de karaoke demenciales a modo de transiciones insoportables entre los momentos realmente necesarios para el verdadero progreso argumental. Todo lo anterior aliñado, por ejemplo, con imágenes de pasillos largos y omnipresentes luces de neón que recuerdan a David Lynch en lo que parece una intención de homenaje que termina transformándose casi en una parodia. La música, al igual que en 'Drive', está compuesta por Cliff Martínez y aunque no alcanza la brillantez de aquella ocasión, el resultado es sin duda apreciable. Y lo más lamentable es que la película en sus primeros momentos capta por completo la atención y el interés del espectador, hay apuntados hilos argumentales con prometedoras posibilidades que podrían haber dado lugar a una cinta memorable pues cuenta con el resto de elementos necesarios que desgraciadamente acaban desperdiciados por la deriva narrativa y un ritmo mortecino. Imperdonable.

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