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La “exclusión dentro de la exclusión”: buscar trabajo con una discapacidad

La Federación navarra de discapacidad física y orgánica, Cocemfe, cuenta con un proyecto para que personas con discapacidad en exclusión social ganen autoestima

La gerente de la entidad, Edurne Jáuregui, explica que son personas cansadas, que han pasado de un servicio a otro y con una red familiar que “aguanta hasta donde aguanta”

Lo habitual es que sean mujeres que han agotado las prestaciones y destinan una parte destacada de sus ingresos a cuestiones de salud

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Cocemfe insiste en que las personas con discapacidad están especialmente afectadas por la exclusión. EFE

“Son las personas excluidas dentro de las excluidas”. Ikerne Arizcuren, técnico de empleo de la Federación navarra de discapacidad física y orgánica (Cocemfe), se refiere de esta forma a las personas con discapacidad en situaciones de exclusión social. El informe Foessa presentado por Cáritas en 2014, con datos de 2013, calculaba que en Navarra alrededor del  25% de los hogares en exclusión severa tenían a una persona con discapacidad (en España era el 20,8%), un perfil que ese estudio consideraba, por tanto, especialmente afectado por la exclusión social. Una de las causas principales es la dificultad de acceso al empleo porque, como explica Arizcuren, puede haber ayudas para las empresas para contratar a este perfil, pero "se exigen contratos de un año y, ahora, ¿quién se compromete a eso?”.

Arizcuren es la responsable en Cocemfe de un programa sobre Discapacidad e inclusión sociolaboral, que se desarrolla desde 2010 mediante subvenciones del Gobierno Foral, a través del Servicio de Atención al Desarrollo e Inclusión de las Personas. El presupuesto ronda los 27.066 euros. Habitualmente atiende a unas diez personas, además de seguir los casos del anterior ejercicio (este año, en concreto, son cinco), y entre sus diferentes actividades está el desarrollo de un taller para que las personas atendidas logren más autoestima. Esta técnico de empleo reconoce que habitualmente la han perdido tras tanto tiempo sin entrevistas de trabajo: “Son personas que están hartas y que, a poco que levantan la cabeza, sienten que vuelven a caer”. Otra de las funciones del proyecto es que orientadores y orientadoras laborales acompañen a las personas participantes en su búsqueda de trabajo, a encontrar cursos de preparación o, simplemente, a preparar su currículo.

Se trata, según detallan desde la federación, de analizar los problemas personales que han llevado a las personas con discapacidad a esta situación, intervenir en aquellos que más las afectan, facilitarles herramientas para intentar superarlas y, de esta manera, mejorar esa confianza en sí mismas y, en general, lograr que tengan más posibilidades de incorporarse al mundo laboral, que es la gran meta.

En Navarra se calculaba, según la encuesta sobre discapacidades, autonomía personal y situaciones de dependencia realizada en 2008 (y, por tanto, bastante desfasada) por el Gobierno Foral, que hay unas 41.600 personas con discapacidad. En cuanto al perfil de las atendidas en este programa, según precisan desde la organización a través de un comunicado, es el de personas con discapacidad física u orgánica, que ha agotado sus prestaciones, no encuentra trabajo y que destina buena parte de su presupuesto a cuestiones de salud (la federación calcula que destinan habitualmente la mitad de su salario a ello), derivadas precisamente de su discapacidad. Y la mayoría son mujeres. Ellos suelen trabajar más en empleos como operario o relacionado con la seguridad, mientras que ellas están más vinculadas a trabajos de servicios o cuidados, con jornadas parciales y, por tanto, menos ingresos, cuando ya de por sí esos empleos, denuncian, son de salarios medios o directamente bajos.

Recuperar la motivación

El programa trabaja por tanto en el empleo, la autoestima y las habilidades sociales. Porque si han perdido la motivación, eso se refleja en las entrevistas de trabajo. Las personas usuarias del servicio llegan derivadas desde servicios sociales, unidades de barrio, centros de salud mental y otras entidades sociales. La mayoría, según puntualiza la gerente de la federación, Edurne Jáuregui, han pasado “de un recurso a otro”, se sienten perdidas, agobiadas por la crisis y con una red familiar que “aguanta hasta donde aguanta”.

En esa situación, afirman desde la entidad, la discapacidad parece convertirse en un obstáculo insalvable. Desde Cocemfe, no obstante, reconocen que ven alguna mejoría en la contratación de personas con discapacidad, pero insisten en que la situación de quienes llaman a su puerta es “límite”. Y la crisis, puntualizan, sigue dejando “huella”.

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