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Candidatas

No podemos conformarnos con que sea una mujer la secretaria, sino que a esa debe sucederle otra y a esa otra

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Desde hace varios meses en Nueva York se están dando los primeros pasos para elegir a quien sucederá a Ban Ki-Moon al frente de la Secretaría General de la Organización de Naciones Unidas. Suenan, de momento, varios nombres de mujeres. Un hecho insólito en la institución.

En los más de setenta años de la ONU, ha habido ocho secretarios generales: tres europeos, dos africanos, dos asiáticos y uno latinoamericano. Estoy segura de que a la hora de elegirlos se ha tenido en cuenta su procedencia, una forma de acción positiva para que todos los continentes estén representados. Acción positiva que, cuando se trata de aplicar a las mujeres, levanta ampollas en gran parte de la clase política y en muchos medios de comunicación.

Según el Comité para la Igualdad de Hombres y Mujeres del Consejo de Europa, la acción positiva es una estrategia destinada a establecer la igualdad de oportunidades a través de medidas temporales que permitan contrastar o corregir el tratamiento desigual que han recibido las mujeres a lo largo de la historia.

El término acción positiva tiene su origen en Estados Unidos, y empieza a utilizarse en la década de los 60 por la presión de los movimientos sociales a favor de las minorías étnicas, que reclamaban una mayor participación en todos los ámbitos de la sociedad. Posteriormente, en los años 80, esas medidas fueron trasladadas a Europa, y aplicadas principalmente para promocionar la igualdad de mujeres y hombres.

Sería un pequeño paso hacia la igualdad que la Secretaría General de la ONU la ocupara una mujer

Hoy, tanto el Consejo de Europa como diversas leyes aprobadas en nuestro país tienen recomendaciones explícitas para la promoción de la acción positiva a favor de las mujeres. Es más, la Asamblea General de Naciones Unidas creó, el año 2010, “ONU mujeres”, una entidad para la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres. A pesar de ello, se está avanzando muy poco en ese aspecto. Sería, por tanto, un pequeño paso hacia la igualdad que la Secretaría General de la ONU la ocupara una mujer. Pero en este momento hay que ir más allá: no podemos conformarnos con que sea una mujer la secretaria, sino que a ésa debe sucederle otra y a ésa otra, porque lo que observamos habitualmente es que, casi siempre, a una mujer que ocupa un puesto de responsabilidad le sucede un varón.

Claro que la secretaria general de la ONU deberá ser una mujer con descendencia, ya que según unas declaraciones recientes del presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, las mujeres que renuncian a la maternidad son medias personas. Y supongo que nadie querrá a una media mujer para que dirija los destinos de la Organización de Naciones Unidas.

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