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Las enseñanzas del Informe Chilcot

El Sr. Blair debería haber concluido que esa guerra fue útil para los intereses económicos de una pata insondable de ese capitalismo que pugnaba por monopolizar el mercado mundial: el de las multinacionales

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La ciudadanía del mundo occidental –sería pretencioso hablar también de la otra ciudadanía, de la que tan sólo nos llegan catástrofes naturales o humanas- ha vivido unos días de convulsión tras la publicación del Informe Chilcot. Ríos de tinta han corrido para desmenuzar el contenido de la publicación y la opinión de alguno de los protagonistas activos de aquella guerra programada que fue la invasión de Irak en 2003.

No se pretende opinar sobre la falsa argumentación utilizada entonces para generar un sentimiento prebélico, ya que ha quedado ahora al descubierto; ni tan siquiera concluir -como hace Owen Jones 1 - que tal Informe sólo da sello oficial sobre las verdades que ya el mundo supo en su momento. La intención es otra, más doméstica, seguramente, pero más cercana al ámbito educativo en que nos movemos cotidianamente: ¿se trata de un asunto lejano, espacial y temporalmente hablando, que no debería alejarnos de los problemas reales de la ciudadanía española? ¿qué consecuencias para el mundo educativo podemos obtener de este último affaire? ¿cuáñes sn las enseñanzas que cualquier joven debería obtener?

La repuesta a la primera pregunta debería tratar de demostrar que, pese a los vagos intentos del PP (más de 200 días en funciones) por distanciarse del aquel luctuoso envite a la guerra que preconizó, las declaraciones de sus dirigentes demuestran la importancia de lo que el Infome Chilcot ha evidenciado:

1.- La contribución de España en esa guerra fue bastante más amplia que la que el Sr. Trillo refiere sobre los dos meses escasos de combates en el frente. Esapaña participó activamente en la fallida reconstrucción del nuevo estado iraquí que siguió en los años post-Sadam.

2.- Probablemente el Sr. Rajoy sea el único estadista actual que no ha encontrado tiempo para la lectura del informe (aunque lleve en funciones más de 200 días), salvo para recordar que ocurrió hace demasiado tiempo para la memoria de un político (por cierto, vicepresidente en funciones en aquel gobierno Aznar).

Centrándonos ya en el mundo educativo, hay algunas enseñanzas que deberíamos obtener. La primera, la importancia del uso correcto que hay que hacer siempre del idioma; más aún, si quien habla es un dirigente político y su argumentación va destinada a un público amplio y no queda ceñida a su círculo íntimo. Tony Blair, primer ministro británico en aquel 2003 y uno de los tres protagonistas de la histórica foto de las Azores, junto con Bush y Aznar, tras pedir perdón, al conocer los resultados del concienzudo Informe, concluyó que volvería a tomar la decisión de mandar a su país a una guerra “necesaria”. Y esta es la cuestión: ¿por qué se considera necesaria la guerra, pese a que Chilcot ha demostrado que no se utilizaron todos los recursos previos a una declaración de tan inusitadas consecuencias?

La RAE no deja lugar a dudas si nos dirigimos a las acepciones del término necesario/a: Que debe suceder inevitablemente (¿Estamos aún en plena Edad Media cuando el señor feudal arengaba a sus huestes con la promesa de un futuro mejor?). Que se realiza obligado o forzado por algo (¿Qué y quién obligaba o forzaba a la guerra? ¿Las supuestas armas secretas de destrucción masiva de Sadam, que 13 años después siguen sin aparecer?) Imprescindible para alguien o algo. (Decididamente no para el pueblo iraquí que no recibió precisamente a sus liberadores como tales, sino como invasores). Conveniente, muy útil (Quizás sea esta la única acepción que concuerda con el término utilizado por Blair: la guerra era conveniente para satisfacer el imparable poderío de las empresas multinacionales de fabricación de armas estadounidenses; la guerra contra Irak era muy útil para que las petrolíferas multinacionales británicas y estadounidenses no resultaran perjudicadas por la actuación de un dictador iraquí, cada vez más lejos de sus antiguos aliados de habla inglesa y más próximo a la Rusia de Putin). Recapitulando, como primera conclusión educativa: se debe conocer el uso correcto de los conceptos lingüísticos y llamar a las cosas por su nombre. El Sr. Blair debería haber concluido que esa guerra fue útil para los intereses económicos de una pata insondable de ese capitalismo que pugnaba por monopolizar el mercado mundial: el de las multinacionales.

Una segunda enseñanza que el alumnado debería obtener de este asunto es que una presión ciudadana como la ejercida por millones de personas en todo el mundo occidental para evitar la guerra contra Irak, personificado intencionadamente en su presidente Sadam Hussein, siempre acaba provocando resultados importantes. Ciertamente, no sirvieron entonces para evitar el conflicto, más bien, todo lo contrario: la guerra provocó la respuesta cruenta y trágica de un movimiento fundamentalista, ayer capitaneado por Al-Qaeda, hoy por el Daesh, abiertamente enfrentado con la cultura occidental.

Sin embargo, aquella presión popular, no hay duda, motivó que dirigentes británicos realizasen, a través de analistas independientes, investigaciones destinadas a aclarar las razones que llevaron a ciertos líderes a iniciar el conflicto bélico. El resultado está a la vista: el Informe Chilcot. Esa enseñanza no debe pasar desapercibida, porque servirá para que nuevas generaciones de hombres y mujeres comprendan que su compromiso con la paz acaba casi siempre por esclarecer los verdaderos motivos de quienes buscan la guerra.

Y una última consecuencia. Algo empieza a cambiar en las estructuras internas de las organizaciones políticas y de las propias institucionales gubernamentales, cuando los manejos amorales, cuando no ilegales, de estas estructuras administrativas, traspasan el mundo ficticio de las pantallas cinematográficas (denunciados entre otros en películas como “La cortina de humo” 2 , “Los idus de marzo” 3 , o “Buenas noches y buena suerte” 4 ) para incorporarse a la vida cotidiana. No es cine, ficción inventada para solaz de las/os espectadores, es realidad pura y dura que empieza a ser contestada de forma contundente. Y es esa contestación la que debe marcar el nivel adecuado de una democracia activa. En palabras más precisas de Owen Jones: “ Un legado de Chilcot debería ser animarnos a ser más atrevidos en nuestros desafíos a la autoridad, en ser escépticos con las afirmaciones oficiales, en permanecer firmes contra una agenda agresiva tejida por los medios”.

1 “La guerra de Irak no fue una metedura de pata: fue un crimen”. Artículo publicado por The Guardian y reproducido por eldiario.es. 7-7-201

2 Barry Levinson, 1997, con un célebre Robert De Niro, contratado por el presidente norteamericano para manipular la política, desviando la atención con la invención de una hipotética guerra contra un país remoto)

3 George Clooney, 2011, candidato demócrata que no duda en descender a los infiernos morales de la política norteamericana, si se ajusta a sus fines últimos)

4 George Clooney, 20005, periodista televisivo de la CBS estadounidense enfrentado abiertamente en los años 50 a la cruzada anticomunista de McCarthy y a las manipuladoras formas de descrédito político utilizadas.

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