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La enfermedad de Fernández no altera el ritmo político en Argentina

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La enfermedad de Cristina Fernández no altera el ritmo político en Argentina

La enfermedad de Cristina Fernández no altera el ritmo político en Argentina

En la recta final de su segundo y último mandato, una nueva dolencia ha apartado de la primera línea política a la presidenta argentina, Cristina Fernández, pero su ausencia no ha afectado a la actividad del Gobierno ni ha influido en la batalla abierta ante las elecciones de 2015.

Una infección en el colon obligó a Cristina Fernández a ingresar en un hospital durante una semana y la mantiene en reposo absoluto en la residencia presidencial desde el domingo. En total, estará casi veinte días alejada de su actividad oficial.

Al contrario de lo ocurrido en ocasiones anteriores, esta vez la consigna oficial ha sido el hermetismo y la discreción, un llamativo silencio que no ha despertado las criticas de la oposición, más pendiente de superar sus divisiones internas y de mejorar sus posiciones en las encuestas electorales que de la evolución de Fernández, a punto de culminar su ciclo político.

La última enfermedad de la presidenta ha generado "cierta indiferencia", según el analista Rosendo Fraga, de la consultora Nueva Mayoría, que lo atribuye al final de su gestión y a sus sucesivos ingresos hospitalarios: "La primera vez es novedad, la segunda menos y la tercera bastante menos", afirma.

Mientras los médicos ajenos al círculo presidencial sostienen que la dolencia no es grave pero es un síntoma de que Cristina Fernández, de 61 años, necesita descansar y bajar su nivel de "estrés", la única ministra que ha hablado del tema en público, Debora Giorgi, de Industria, ha asegurado que la presidenta, fiel a su estilo personalista de ejercer el poder, mantiene a los ministros "bien cortitos".

"Nos manda indicaciones a través de los correos electrónicos y mensajitos. Nos tiene a todos bien cortitos", aseguró Giorgi.

Ningún otro alto funcionario ha dado detalles sobre la convalecencia de la mandataria que, pese a lo establecido por la Constitución, no ha delegado el mando en el vicepresidente, Amado Boudou, relegado por una sucesión de causas judiciales por corrupción.

Un tema que inquieta, y mucho, al entorno presidencial, también preocupado por las investigaciones de judiciales sobre presuntas irregularidades en negocios de funcionarios y empresarios vinculados al matrimonio Kirchner y por el deterioro de la economía.

"Hay un balance económico y social que me parece negativo, termina con una inflación que supera el 40 % con recesión y con indicadores sociales evolucionando mal, pero en términos de política y de poder no es así, el Gobierno está terminando con una cuota de poder muy importante", dice Fraga a Efe.

Hasta ahora, los sucesivos contratiempos de salud de la mandataria se habían traducido en una ligera mejora de su imagen en las encuestas, pero está por ver si la tendencia se repetirá esta vez, con una economía en recesión y en plena carrera por las presidenciales de 2015.

En los últimos años, a sus recurrentes problemas de tensión, se han sumado dolencias graves, como la extirpación del tiroides en 2012 o la intervención por un hematoma craneal que la mantuvo apartada de la actividad oficial durante un mes, en octubre del pasado año, junto a otros cuadros leves, como una bursitis en la cadera y un esguince que la obligaron a alterar su agenda.

A juicio de Luis María Bustos Fernández, presidente de la Sociedad Argentina de Gastroenterología, "cuando uno se enferma de forma relativamente normal o periódica se diría que no es normal, lo que no quiere decir grave, quiere decir que sería bueno que no se enfermara tan seguido y ahí empiezan a intervenir otros factores y uno de ellos sin duda es el estrés".

La nueva dolencia añade, además, incertidumbre al futuro político de Cristina Fernández, que no ha rechazado de forma explícita los rumores sobre la posibilidad de mantenerse activa políticamente tras dejar el poder.

Una alternativa que Fernández debería analizar con cuidado tras el desgaste acumulado por un agitado curso político que ha hecho mella en su salud.

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