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La larga espera en las calles de Yakarta de los solicitantes de asilo

La larga espera en las calles de Yakarta de los solicitantes de asilo

EFE

Yakarta —

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Decenas de solicitantes de asilo acampan en las calles cerca de la oficina del ACNUR en la capital de Indonesia, país donde 14.000 personas esperan, algunas a veces durante años, para ser reconocidas como refugiados.

En las aceras, viejas esterillas, lonas, túnicas y cuerdas forman precarios refugios donde varias familias y hombres solteros en su mayoría de Afganistán viven entre algunas posesiones personales y los juguetes de los niños.

Atrás queda la guerra y la persecución y por delante afrontan una larga espera que puede durar más de ocho años en el caso de los varones solteros.

Algunos se marcharán a los centros de detención para inmigrantes cuando se cansen de vivir en la calle, pero otros aguantarán meses aunque no puedan trabajar, uno de los requisitos que tienen que cumplir los solicitantes de asilo.

Una de las personas que viven en la intemperie es Ali Akbar Faizze, un afgano de Ghazni que llegó a Indonesia huyendo de la guerra hace cuatro años con la intención, como muchos en su situación, de acceder a Australia.

En el camino supo que Camberra había cerrado las fronteras marítimas y establecido centros de detención en Nauru y Manus.

La política de refugiados australiana le dejó con la única opción de solicitar asilo en la oficina indonesia del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR).

“No tenía ninguna información acerca de Indonesia, escapé por la guerra y el conflicto, por muchas razones”, declara Akbar a Efe en la calle donde duerme.

El archipiélago indonesio es un lugar de tránsito para los refugiados porque las autoridades del país no tienen obligación a acogerles al no haber firmado la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951.

No obstante, la ley indonesia reconoce el estatus de solicitante de asilo desde diciembre de 2016, lo que ofrece acceso a las escuelas públicas, si saben indonesio, a los niños de los refugiados, que componen cerca del 20 % del total.

Nathalia Telly, que asesora gratis en materia legal a los solicitantes de asilo, opina que la nueva legislación elimina parte de la incertidumbre que sufren estas personas, pero critica el proceso de verificación del ACNUR por “largo” y “poco fiable”.

“Les mantienes aquí con falsas esperanzas. Destruyes muchas vidas jóvenes, cualificadas, talentosas, les dejas en un limbo”, indica Telly.

Entre 800 y 1.000 personas reciben cada año el estatus de refugiado en Indonesia, según ACNUR, en un proceso que puede durar entre dos y cuatro años para los menores sin tutores, mujeres y las familias, y un periodo indefinido para los hombres solteros.

A pesar de la larga espera, el porcentaje de personas que son aceptadas es mayor a la media global de un 1 % de los solicitantes.

El director del ACNUR en Indonesia, Thomas Vargas, explica que el número de intérpretes necesarios para las 40 nacionalidades presentes en Indonesia y el nivel de trauma que muchos han experimentado dificulta el proceso de verificación de un problema que es mundial.

“El mundo hoy en día se enfrenta a una crisis global, el número récord de personas que han sido obligadas a escapar de sus hogares no tiene precedentes; 65 millones han sido forzadas a abandonar su hogares y 22 millones de ellos son refugiados”, señaló Vargas en una reciente reunión con periodistas.

Vargas avisó de que la mayoría de los países están reduciendo su cuota de aceptación de refugiados y abogó por soluciones que busquen la paz en los lugares de origen.

En una de las calles cercanas a la oficina del ACNUR en Yakarta, acampa bajo una lona de plástico el sudanés Yacoub Hussein, de la región de Darfur, escenario de un conflicto entre movimientos rebeldes y el Ejército sudanés desde 2003.

Hussein, que llegó hace tres semanas junto a su mujer, asegura que no le importa esperar hasta 2019 para la segunda reunión con el oficial de ACNUR que lleva su caso.

“Llevamos 15 años en guerra así que esto no es largo para nosotros, las Naciones Unidas no detienen la guerra, el genocidio continúa, las mujeres son violadas y los niños mueren”, dice Hussein, que perdió a su padre y hermanos mayores en la guerra.

Ricardo Pérez-Solero

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