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Contra la minería en Extremadura, nos alzaremos con las montañas

Movimiento mujeres Chipko en defensa de los bosques en la India.

Saben mis amigos de este blog que una noche, no hace mucho, soñé con montañas. Aquellas cruzaban un gran lago y tenían el fuego en la garganta, con ellas iniciamos el camino, se nos abrieron los ojos, nos empapamos del dolor y del amor de la gente sencilla, valiente, poeta.

¿Cómo iba a saber que su lamento llegaría aquí al lado, debajo mismo de mi montaña? A ella la veo cada día por la ventana. Me saluda y me llama. Subo con mis cargas de humana frágil y bajo renovada. En su seno se refugian los pájaros más bellos. Cultiva para todos –sin perdírselo- las flores y las hojas con las que nos curamos. Por dentro y por fuera. Desde los pies hasta el neocórtex.

Muchos saben ya de la amenaza que se cierne sobre Cáceres. Pero a pesar de que la inmensa mayoría del gobierno municipal dice “NO A LA MINA”, los responsables de Valoriza Minería (SACYR) con Ismael Solaz de local player, se jactan de tener derechos mineros de media Extremadura, Mientras escribo, una terrible perforadora hace cata sobre lo ya catado, gastando al día 75.000 litros del agua de todos -y sigue sin llover- Se han abierto decenas de nuevos caminos destrozando masa arbórea y suelo en la Sierra de la Mosca, concedidos para hacernos creer que, bajo la montaña, tenemos todo el oro blanco para la Europa verde, cuando la realidad es que pretenden rebanar ¡2000 Has, toda nuestra montaña! a cambio de unas pocas miles de baterías para coches eléctricos, poniendo en riesgo la salud y el futuro de un ecosistema entero.

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Si la interdependencia y la cooperación son la pregunta ¿el Ministerio de la Soledad es la respuesta?

Soledad

Hace unas semanas acogíamos sorprendidos la idea del Reino Unido de crear un Ministerio de la Soledad, un problema calificado oficialmente en este país como “epidemia social” al afectar a más de nueve millones de británicos, de los cuales dos millones serían personas mayores de 75 años. Una medida que sirve para situar en la esfera pública una problemática a la que no se ha ofrecido la suficiente atención. No hay muchos detalles del Plan de Acción, pero o se elabora con mucha sensibilidad y cuidado, o se corre el riesgo de de que la transmisión de cariño, la construcción de confianza y la activación comunitaria sean responsabilidad de una institución con peligrosas tendencias burocráticas.

En la preocupación creciente por la soledad no deseada confluyen cuestiones demográficas, ligadas al envejecimiento creciente de las sociedades enriquecidas; económicas, pues los costes de la soledad asociados a sanidad y servicios públicos han sido estimados según la London School of Económics en 6.000 libras por persona cada diez años; y culturales, asociadas principalmente al auge del individualismo y de una ficticia independencia del resto de las personas a la hora de desarrollar nuestros proyectos vitales. El aislamiento social y el sueño de la emancipación individualista son las inseparables caras de una misma moneda.

Y aunque toda fecha de inicio tiene algo de arbitrario, podríamos situar el nacimiento del sueño de emancipación vinculado al individualismo en el año 1972, cuando el gobierno socialdemócrata de Olof Palme publicaba en Suecia el manifiesto titulado “La familia del futuro: una política socialista para la familia”. Un texto donde se presentaban las bases para una liberación de la mujer y la promoción de una noción radical de independencia, por la que todas las personas debían disfrutar de la libertad para elegir las relaciones sociales que querían disfrutar. El apoyo de un Estado del Bienestar fuerte debía garantizar el pleno desarrollo de los proyectos vitales, ofreciendo la posibilidad de descartar cualquier vínculo no deseado.

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Si la economía española se está recuperando, ¿está eso beneficiando al ciudadano medio?

La economía británica crecerá lentamente fuera de la UE, según un documento

El final de 2017 vio numerosas historias acerca de la recuperación en la economía española y los aumentos en el empleo, pero también muchas preguntas sobre el aumento de la desigualdad y el empleo inseguro y precario. Así las cosas ¿están cuestionándose los españoles si la economía está realmente trabajando para ellos? Hay preguntas similares en muchos países desarrollados: ¿Es el crecimiento económico la respuesta?, ¿A quién beneficia? y ¿Qué pasa con el daño al medio ambiente? Un nuevo estudio sobre el bienestar en España, que utilizó el índice de bienestar económico sostenible (ISEW), ha tratado de dar algunas respuestas.

El problema con el PIB

El Producto Interior Bruto o PIB es la medida más habitual entre las que se utilizan como indicador del progreso, aunque es una medida de los intercambios económicos económica que no tiene en cuenta los efectos en la desigualdad ni la degradación medioambiental, y ni siquiera la enorme aportación al bienestar del trabajo doméstico no remunerado o las actividades de voluntariado. De hecho, su creador, Simon Kuznets, advirtió en 1934 que debe ser utilizado sólo como una medida de la renta nacional y no del bienestar de la gente. Sin embargo, se ha convertido en un indicador omnipresente de progreso en la mayoría de los países. Se supone que 'todo crecimiento es bueno' y que basta con que el pastel total se incremente, independientemente de quién gane y quién pierda. Reconociendo los problemas antes apuntados, muchos economistas cuestionan que ahora más que un indicador es como un mantra para ‘perseguir el PIB a toda costa’.

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Sin dinero no hay petróleo. ¿Puede el movimiento por la desinversión fósil funcionar como detonante para la lucha climática?

A Donald Trump se le ha formado un motín en el barco. Desde que llegó a la Casa Blanca, su escalada fosilista ha sido imparable, y ha estado abanderada por tan polémicas decisiones como la reactivación de la construcción de mega-oleoductos, la congelación de las escasas regulaciones federales al fracking, la apertura de Parques Nacionales y Reservas Tribales a la exploración de hidrocarburos, el reflotamiento (al menos dialéctico) del sector del carbón..., Incluso la postverdad climática está siendo introducida en la Agencia de Protección Ambiental (EPA) al cuestionar el papel del CO2 en el calentamiento global. Pero diversas ciudades y algunos estados le han salido contestones, como puso de manifiesto el movimiento “We are still in”(“Seguimos dentro”, en relación al Acuerdo de París), en la reciente cumbre de cambio climático de Bonn, en diciembre pasado.

La última campanada la ha dado el alcalde de Nueva York, Bill de Blasio, al hacer la semana pasada un doble anuncio bomba. Por un lado comunicó la voluntad del consistorio de presentar una demanda contra cinco grandes compañías petroleras por sus responsabilidad en el calentamiento global. Segun de Blasio “la avaricia de las compañías fósiles nos ha traído hasta aquí, por lo que deben ser ellas las que paguen para que Nueva York sea una ciudad más segura y resiliente”. Al mismo tiempo, el alcalde anunciaba que Nueva York, que sufre de forma creciente los efectos de huracanes, subidas del nivel del mar, y otros efectos del cambio climático, se convertirá en la mayor ciudad estadounidense en retirar la parte de sus fondos de pensiones que esté invertida en combustibles fósiles. El compromiso se materializará a lo largo de los próximos cinco años. Cinco mil millones menos de dólares para la industria fósil.

Esa es en esencia la filosofía del movimiento por la desinversión fósil, que arrancó en 2012 en los campus de algunas universidades de EEUU y a dia de hoy se ha extendido como la pólvora a otras esferas y países (lamentablemente no a España): sin dinero, no hay petróleo.

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Conflictos socioecológicos, una cuestión de límites

Nicaragüenses se manifiestan en la capital contra la minería industrial

Los foros y cumbres en torno al cambio climático, como el I Foro por el Clima celebrado en el Congreso de los Diputados en diciembre pasado, y los efectos cada vez más visibles del cambio climático han ido creando una conciencia en nuestras sociedades de la responsabilidad de las actividades humanas en la generación del calentamiento global y sus consecuencias desiguales e injustas sobre diferentes grupos sociales. Mucha menor visibilidad reciben otro tipo de actividades económicas humanas, aunque con impactos tan graves y más inmediatos que el cambio climático: la extracción acelerada de energía y materiales.

La actividad extractiva abarca desde la minería a gran escala a la agricultura industrial de monocultivos, pasando por la tala de madera para la exportación en bosques originarios, la construcción de presas que anegan enormes espacios o infraestructuras de transporte que fracturan el territorio hasta lo más profundo de las selvas, y, por supuesto, la extracción de petróleo y gas, motivo de conflictos e invasiones aún en el siglo XXI. En estas actividades desempeñan un papel muy destacado las empresas transnacionales, que operan arropadas por los estados.

Las actividades de extracción han alcanzado tales dimensiones, ritmo y expansión en todo el mundo que se ha acuñado un término para describirlo: extractivismo. Según Eduardo Gudynas, el extractivismo es «una combinación simultánea de tres características: el volumen e intensidad de la extracción de bienes naturales; su aplicación a bienes sin procesamiento o muy escaso en el lugar de extracción; y su destino mayoritario a los mercados globales». Aunque esta expresión se refiere en su origen a explotaciones minera y petroleras, actualmente incluye también los monocultivos de exportación, la extracción forestal y pesquera e incluso, bajo ciertas circunstancias, el turismo de masas.

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Vamos a ganar Castor. ¡No debemos pagarlo!

El TC declara nula e inconstitucional la compensación de 1.350 millones a Escal UGS por Castor

Por mucho que quieran enterrarlo, el Castor se ha convertido en un obstinado zombie que reaparece constantemente en los medios de comunicación para plantarnos ante nuestras caras un ejemplo paradigmático de proyecto-estafa. El pasado 22 de diciembre se conocía la sentencia el Tribunal Constitucional (TC) que estimaba parcialmente el recurso presentado por el Gobierno de Catalunya, el Parlament y el grupo del PSC en el Congreso y anulaba la indemnización de 1350,7 millones de euros que se pagó a las empresas promotoras del almacén de gas Castor, entre ellas ACS de Florentino Pérez.

El enrevesado lenguaje técnico-jurídico nos hace dudar de lo más esencial: ¿es esto una buena noticia?, ¿dejaremos de pagar Castor?, ¿se depurarán, por fin, responsabilidades por el fallido proyecto Castor?, ¿se establecerán mecanismos de control para que no tengamos más 'castores'?

Intentemos desencriptar e interpretar los hitos más importantes de la sentencia:

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Caminar sobre el abismo de los límites

Macron advierte de que estamos perdiendo la lucha contra el cambio climático

Así se titula un  reciente informe elaborado por Ecologistas en Acción y La Transicionera. El texto parte de la constatación de que las evidencias aportadas por distintos organismos internacionales y por buena parte de la comunidad científica señalan que nos encontramos en un momento inédito en la historia de la humanidad: estamos a las puertas de un gran cambio civilizatorio.

Empieza a ser evidente el inicio del agotamiento de los recursos energéticos y materiales, así como los efectos iniciales del cambio climático y de la pérdida de biodiversidad. Paralelamente, el capitalismo global se enfrenta a una crisis que pone de manifiesto importantes límites estructurales. En este contexto, mantener la espiral de producción y consumo crecientes sólo puede acelerar la crisis sistémica.

Las manifestaciones de esta crisis global son palpables en el escenario político mundial. Las políticas de marcado corte xenófobo a ambos lados del Atlántico están respondiendo a la pérdida de empleos industriales y a la caída de las rentas de las clases medias, producidas por las políticas neoliberales, pero también al agotamiento de recursos físicos. Las grandes migraciones y desplazamiento de refugiados son consecuencia de los efectos de guerras en pos de recursos energéticos y de ventajas geoestratégicas, pero también de los efectos del cambio climático.

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¿Y si la alternativa a los supermercados fuesen los supermercados cooperativos?

dibuscoop

El primer supermercado que se construyó en nuestra geografía tuvo su ubicación en la Feria de Muestras de Barcelona de 1959, cuando el pabellón de Estados Unidos decidió instalar la réplica exacta de uno de los que funcionaban en cualquier gran ciudad americana. Imaginar una sociedad marcada por la pobreza, y que a duras penas iba saliendo del periodo de autarquía, ante esta apología del consumismo. Un espectáculo digno de ciencia ficción, que presentó públicamente al supermercado como símbolo de modernidad y progreso. Una aspiración que varias décadas después estaba conseguida, con su plena incorporación al paisaje urbano.

Proximidad, libertad de elección, comodidad y ahorro de tiempo al comprar todo en un mismo establecimiento, ofertas recurrentes, marcas blancas que vendían calidad y abarataban el precio… ideas que racionalizaron el cambio de hábitos de la mayor parte de la población. No era una conspiración secreta, los supermercados triunfaron porque facilitaban la vida a la gente, eran cómodos, tenían horarios ininterrumpidos y permitían el acceso asequible a una amplia gama de productos. Y lo que es más importante, invisibilizaban sus impactos negativos sobre los barrios, la economía y el medio ambiente.

Mientras Alaska y los Pegamoides cantaban entre risas aquello de Terror en el hipermercado, los primeros movimientos ecologistas empezaban a denunciar la verdadera historia de horror que iba a suponer este proceso: la pérdida de diversidad en el pequeño comercio de barrio y la deriva de los supermercados hacia grandes corporaciones, el fomento del consumismo y la capacidad de control que ejercían sobre productores y consumidores. Desconfianzas contraculturales, que junto a los inicios de la agricutura ecológica, impulsaron la puesta en marcha de las primeras cooperativas de consumo de productos ecológicos y las primeras experiencias de comercio justo.

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Una implosión mayor y más rápida que en nuestras peores pesadillas

El pasado mes de octubre se hacía pública en EEUU otra noticia más desde el frente de batalla de la guerra de las sociedades industriales contra la vida: se alertaba de una enorme mortandad de salmones en el estado de Washington, seguramente causada por contaminantes que resultan del tráfico rodado (polvo de desgaste de frenos, gasolina, gasóleo, fluidos tóxicos) . Uno de los ensayistas de referencia sobre cuestiones ecológicas, George Monbiot, que escribe regularmente en The Guardian, comentaba: “El mundo viviente está siendo machacado desde todos los ángulos y colapsa a una velocidad asombrosa. Tal es el efecto del crecimiento económico exponencial. El período de duplicación [del producto económico] es tan breve que vemos el colapso suceder ante nuestros ojos: insectos, salmones, tiburones (y casi todos los peces grandes), leones, elefantes, jirafas, anfibios, pájaros cantores, pingüinos... todos desaparecen mientras estamos mirando. Una implosión mayor y más rápida que en mis peores pesadillas. Pero ¿dónde está la urgencia política? ¿Las cumbres para hacer frente a la emergencia? ¿Las estrategias? Los gobiernos hablan de cualquier cosa excepto de esta catástrofe existencial, penetrada por la creencia religiosa de que el mercado de alguna manera lo resolverá. Cuando precisamente es ‘el mercado’ lo que está impulsando la catástrofe. El PIB es una medida de nuestro progreso hacia el desastre. En cuanto a los medios masivos, la consigna parecería ser ‘no mencionar la guerra contra el mundo natural’. Porque tan pronto como lo mencionas, el cuento económico se derrumba…”.

Monbiot no exagera: ante la magnitud de la Sexta Gran Extinción que hemos puesto en marcha, si se descorre el velo que pone ante nuestros ojos el negacionismo generalizado de la cultura dominante, uno se queda anonadado, casi mudo. Ningún logro humano –artístico, tecnológico, filosófico, económico…- podría justificar lo que estamos haciendo a los seres vivos y a la entretejida trama de la vida en la Tierra. Creo que nada puede compensar todo ese sufrimiento, tanta devastación.

La destrucción de vida viene causada por diferentes factores que interactúan: la pérdida de hábitats, el cambio climático, el uso intensivo de plaguicidas y varias formas de contaminación industrial, por ejemplo, están diezmando las poblaciones de insectos y aves. Pero –nos dice uno de los grandes economistas ecólogicos del mundo, el canadiense William E. Rees- “el motor general es lo que un ecólogo podría llamar el ‘desplazamiento competitivo’ de la vida no humana por el crecimiento inexorable de la empresa humana. En un planeta finito donde millones de especies comparten el mismo espacio y dependen de los mismos productos finitos de la fotosíntesis, la expansión continua de una especie necesariamente conduce a la contracción y extinción de otras. (Que los políticos toman nota: siempre hay un conflicto entre la población humana más su expansión económica y la ‘protección del medio ambiente’).

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COP23: tres argumentos para insistir en las demandas de compensación

La negativa de los países más contaminantes del planeta y, en concreto, de los Estados Unidos, a aceptar cualquier tipo de compensación a los países más afectados por el cambio climático quedó reflejada en la decisión 1/CP.21 del Acuerdo de París, donde se excluyen especialmente las palabras “compensación” y “responsabilidad”. Es de esperar que en la 23º Conferencia de las Partes que se desarrolla estos días en la ciudad alemana de Bonn, presidida por el Primer Ministro de las Islas Fiji, los países más afectados por el cambio climático y, en especial, los estados de las islas del Pacífico, vuelvan a tratar de convencer a la comunidad internacional de la necesidad de incluir mecanismos de compensación y asunción de responsabilidades en los acuerdos climáticos.

En oposición a estas demandas, buena parte de la comunidad política y académica ha concluido que la manifiesta y absoluta falta de voluntad política para asumir las consecuencias de las responsabilidades históricas de los países más contaminantes debe ser tomada como punto de partida para cualquier propuesta en materia de justicia climática. La inviabilidad política de un marco compensatorio les lleva, por tanto, a no enfrentar esta premisa y a buscar otros mecanismos con los que lograr impulsar políticas climáticas en favor de los más vulnerables.

Este lenguaje de la “viabilidad política” suele venir acompañado de consideraciones acerca de la efectividad de las opciones alternativas a la compensación, como las demandas de justicia distributiva, argumentos humanitarios o referencias a la protección de los derechos humanos. Además de ser más efectivos, se argumenta, este tipo de marcos teóricos permitirían abordar los efectos negativos del cambio climático atribuibles a las variaciones naturales y a factores socio-económicos. Por tanto, se nos dice, los argumentos basados en el estado en que se encuentras las víctimas, y no tanto en la responsabilidad de los malhechores, resultar más atractivos para solventar los efectos negativos del cambio climático.

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