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Una implosión mayor y más rápida que en nuestras peores pesadillas

El pasado mes de octubre se hacía pública en EEUU otra noticia más desde el frente de batalla de la guerra de las sociedades industriales contra la vida: se alertaba de una enorme mortandad de salmones en el estado de Washington, seguramente causada por contaminantes que resultan del tráfico rodado (polvo de desgaste de frenos, gasolina, gasóleo, fluidos tóxicos) . Uno de los ensayistas de referencia sobre cuestiones ecológicas, George Monbiot, que escribe regularmente en The Guardian, comentaba: “El mundo viviente está siendo machacado desde todos los ángulos y colapsa a una velocidad asombrosa. Tal es el efecto del crecimiento económico exponencial. El período de duplicación [del producto económico] es tan breve que vemos el colapso suceder ante nuestros ojos: insectos, salmones, tiburones (y casi todos los peces grandes), leones, elefantes, jirafas, anfibios, pájaros cantores, pingüinos... todos desaparecen mientras estamos mirando. Una implosión mayor y más rápida que en mis peores pesadillas. Pero ¿dónde está la urgencia política? ¿Las cumbres para hacer frente a la emergencia? ¿Las estrategias? Los gobiernos hablan de cualquier cosa excepto de esta catástrofe existencial, penetrada por la creencia religiosa de que el mercado de alguna manera lo resolverá. Cuando precisamente es ‘el mercado’ lo que está impulsando la catástrofe. El PIB es una medida de nuestro progreso hacia el desastre. En cuanto a los medios masivos, la consigna parecería ser ‘no mencionar la guerra contra el mundo natural’. Porque tan pronto como lo mencionas, el cuento económico se derrumba…”.

Monbiot no exagera: ante la magnitud de la Sexta Gran Extinción que hemos puesto en marcha, si se descorre el velo que pone ante nuestros ojos el negacionismo generalizado de la cultura dominante, uno se queda anonadado, casi mudo. Ningún logro humano –artístico, tecnológico, filosófico, económico…- podría justificar lo que estamos haciendo a los seres vivos y a la entretejida trama de la vida en la Tierra. Creo que nada puede compensar todo ese sufrimiento, tanta devastación.

La destrucción de vida viene causada por diferentes factores que interactúan: la pérdida de hábitats, el cambio climático, el uso intensivo de plaguicidas y varias formas de contaminación industrial, por ejemplo, están diezmando las poblaciones de insectos y aves. Pero –nos dice uno de los grandes economistas ecólogicos del mundo, el canadiense William E. Rees- “el motor general es lo que un ecólogo podría llamar el ‘desplazamiento competitivo’ de la vida no humana por el crecimiento inexorable de la empresa humana. En un planeta finito donde millones de especies comparten el mismo espacio y dependen de los mismos productos finitos de la fotosíntesis, la expansión continua de una especie necesariamente conduce a la contracción y extinción de otras. (Que los políticos toman nota: siempre hay un conflicto entre la población humana más su expansión económica y la ‘protección del medio ambiente’).

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COP23: tres argumentos para insistir en las demandas de compensación

La negativa de los países más contaminantes del planeta y, en concreto, de los Estados Unidos, a aceptar cualquier tipo de compensación a los países más afectados por el cambio climático quedó reflejada en la decisión 1/CP.21 del Acuerdo de París, donde se excluyen especialmente las palabras “compensación” y “responsabilidad”. Es de esperar que en la 23º Conferencia de las Partes que se desarrolla estos días en la ciudad alemana de Bonn, presidida por el Primer Ministro de las Islas Fiji, los países más afectados por el cambio climático y, en especial, los estados de las islas del Pacífico, vuelvan a tratar de convencer a la comunidad internacional de la necesidad de incluir mecanismos de compensación y asunción de responsabilidades en los acuerdos climáticos.

En oposición a estas demandas, buena parte de la comunidad política y académica ha concluido que la manifiesta y absoluta falta de voluntad política para asumir las consecuencias de las responsabilidades históricas de los países más contaminantes debe ser tomada como punto de partida para cualquier propuesta en materia de justicia climática. La inviabilidad política de un marco compensatorio les lleva, por tanto, a no enfrentar esta premisa y a buscar otros mecanismos con los que lograr impulsar políticas climáticas en favor de los más vulnerables.

Este lenguaje de la “viabilidad política” suele venir acompañado de consideraciones acerca de la efectividad de las opciones alternativas a la compensación, como las demandas de justicia distributiva, argumentos humanitarios o referencias a la protección de los derechos humanos. Además de ser más efectivos, se argumenta, este tipo de marcos teóricos permitirían abordar los efectos negativos del cambio climático atribuibles a las variaciones naturales y a factores socio-económicos. Por tanto, se nos dice, los argumentos basados en el estado en que se encuentras las víctimas, y no tanto en la responsabilidad de los malhechores, resultar más atractivos para solventar los efectos negativos del cambio climático.

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Más allá de las llamas: agroecología para un rural menos vulnerable

Hace dos semanas miles de hectáreas de tierras productivas fueron devastadas por las llamas. Los incendios de Asturias, Galiza y Portugal se caracterizaron por la intensidad y voracidad del fuego. En muy pocas horas causaron una destrucción masiva de capital natural, sembraron el pánico en muchos núcleos de población y causaron la muerte de 4 personas en Galiza y de 45 en Portugal.

Tienen razón los políticos cuando indican que las razones de los incendios son humanas. Pero se equivocan cuando apuntan a imprudentes visitantes de los montes o a descuidados desbrozadores de malezas, y mienten descaradamente cuando pretenden tapar su inoperancia y desidia mencionando a terroristas incendiarios. Somos los humanos que consumimos demasiados combustibles fósiles, somos los humanos que expulsamos demasiado CO 2 a la atmósfera los que aceleramos el cambio climático, sembramos vientos para recoger tempestades en forma grandes huracanes que traen incendios ahora o lluvias torrenciales después.

Las mentes pensantes que diseñaron, amparan y justifican el sistema económico capitalista español aún militan en la creencia de “la tecnología todo lo puede” y si no puede, deberemos afinar el funcionamiento de algunas de las partes que conforman aquel sistema, añadir nuevas técnicas más o menos eficientes e impulsar algunos ajustes institucionales. Todo ello para mantener intactas las posiciones de poder que algunos, pocos, ejercen desde la atalaya de la comodidad, de la abundancia y del desprecio a todo lo que pueda significar una amenaza, por leve que sea, a su “merecido” éxito.

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Resiliencia: la verdadera independencia de un territorio

Las naciones sin Estado luchan, legítimamente, por su reconocimiento y, en no pocos casos, por su independencia. Pero... ¿ser independientes de qué? o ¿de quién? La reclamación clásica consiste en crear su propio Estado para ser independientes de aquel bajo cuyas estructuras legales, jurídicas y militares se encuentran encajados a la fuerza, y crear las suyas propias a partir de una delimitación diferente de la soberanía sobre el territorio ocupado por dicha nación. Hasta aquí, algo conocido.

No obstante, si nos paramos a pensar qué es lo que hace mover realmente la sociedad y la economía de un territorio, más allá de la política, veremos que de lo que depende en última instancia es de las fuentes de energía que lo sostienen desde un punto de vista físico, así como de los materiales, productos de uso diario y alimentos, a lo que cabe añadir a nivel ecosistémico la dependencia de todo un conjunto de servicios ambientales prestados por la Naturaleza y de un cierto equilibrio o estabilidad en los parámetros climáticos. Si todo eso fallase, ¿de qué nos serviría disponer de nuestro propio Estado? Pues bien, es precisamente esta la situación que tienen ante sí todos nuestros países y el factor de la cuestión de la soberanía/independencia del que menos se habla (aunque haya notables excepciones).

La otra manera de enfrentarse a esta cuestión —tanto desde las naciones a la búsqueda de su propio Estado, como desde los Estados actualmente reconocidos— implicaría seguir una hoja de ruta política y social bien diferente a la actual. En primer lugar, sería necesario visibilizar el problema, ser conscientes de él, como conditio sine-qua-non para poder afrontarlo. Y nuestro Problema —con mayúscula— se llama choque de la civilización industrial contra los límites biofísicos del planeta; algunas personas y colectivos lo denominamos a partir de la consecuencia inevitable de dicho choque, el colapso de nuestra civilización, dado que una vez que deje de aumentar la energía disponible, resultará imposible mantener una complejidad siempre creciente y eso dará lugar a una necesaria descomplejización y decrecimiento acelerado de nuestros sistemas socioeconómicos: eso, y no otra cosa, es un colapso.

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La Ley del cambio climático: nuestra verdad incómoda

“Somos la primera generación que siente las consecuencias del cambio climático y la última que tiene la oportunidad de hacer algo para detenerlo” proclamaba Obama en 2015, impresionado por la contundencia de la información  científica.  Han hecho falta 40 años, desde la publicación del informe “Los límite del crecimiento” del Club de Roma, para que las élites mundiales reconozcan que, de no afrontar una profunda y rápida transformación de nuestros patrones energéticos, de producción y consumo, enfrentaremos una gravísima desestabilización global de los ecosistemas y ciclos que sustentan la vida actual (nuestra vida) con gravísimas consecuencias sobre los diversos territorios, poblaciones y la consiguiente multiplicación de los flujos migratorios.

Es evidente que vivimos tiempos de emergencia y excepción,  que habría que asumir transformaciones  profundas antes de mediados de siglo y que una de las condiciones para evitar atravesar la línea roja del incremento de temperatura superior  a 1,5ªC – 2ºC a finales de este siglo, algo que resulta ya casi imposible de eludir, exige revolucionar el binomio energía-clima para reducir los consumos, abandonar los combustibles fósiles e implantar sistemas renovables y mitigar drásticamente las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) antes de 2050 (la Hoja de Ruta de la UE a 2050, que habrá que actualizar con mayor ambición tras la futura Cumbre de  Bonn, establecía una reducción de los GEI del 80%-95% con relación a 1990).   

En este marco, el Gobierno de España ha planteado un proceso de participación sobre la futura Ley del cambio climático y de la transición energética, vía encuesta en Internet, que nos parece claramente insuficiente y hemos considerado imprescindible aclarar y definir aspectos fundamentales que aquella no posibilita. A ello va dirigido este escrito.

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'Greentrificacion' o cómo las élites adoran los parques y detestan la ecología

High Line New York

Desde hace un año los colectivos vecinales y deportivos de mi barrio hemos impulsado un proyecto para redefinir los usos de la parte inferior de un puente, que va a convertir uno de esos vacíos urbanos infrautilizados en canchas de baloncesto y fútbol, espacios de patinaje, parkour y un anfiteatro. El proceso Pacífico Puente Abierto, apoyado por la Junta de Distrito ha servido para estimular la imaginación urbanística local, lo que ha desembocado en plantear la peatonalización de la parte superior de dicho puente, que actualmente acoge seis carriles para el tráfico motorizado. Ahora vecinos y vecinas estamos inmersos en un proceso participativo para repensar esta infraestructura obsoleta con las premisas de aumentar y mejorar la calidad del espacio público, favorecer la movilidad peatonal y ciclista; integrando el puente en un eje cívico que conecte grandes parques y equipamientos, a la vez que reverdece la ciudad.

A la salida de uno de estos talleres mientras fantaseábamos sobre lo agradable que va a quedar esa parte del barrio, alguien comentó la revalorización que iba a suponer para las viviendas de los alrededores. Lo que condujo a preguntarnos si muchas de las personas que han impulsado estas mejoras iban a poder seguir disfrutándolas en el futuro o serían desplazadas por la subida de los precios de la vivienda. Empezamos soñando un parque y terminamos desvelados por la pesadilla de la 'greentrification'.

La 'greentificación' plantea cómo el desarrollo de zonas verdes y la recualificación del espacio público activan dinámicas urbanas que desembocan en el desplazamiento de las clases populares de las proximidades de estos lugares renovados y reverdecidos. Una 'gentrificación' impulsada por el verde urbano. Las comunidades locales se movilizan para reverdecer sus barrios y cuando lo logran, pasado un tiempo, son gentrificadas pues las dinámicas de mercado vuelven a empujarlas a entornos menos atractivos. Todo el mundo quiere tener un parque cerca pero pocos pueden costearlo, pues el acceso a zonas verdes próximas de calidad se ha convertido en un factor relevante a la hora de fijar los precios de las viviendas.

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¿Qué significa ser incómodo? Al Gore lo explica en su último documental sobre la crisis climática

La semana pasada se estrenaba el nuevo documental de Al Gore: Una verdad muy incómoda: ahora o nunca. La película idolatra exageradamente la figura del exvicepresidente de EE UU y se atasca en que las energías limpias son la única solución al cambio climático. El documental acaba con una frase: #SéIncómodo, convence a tu pueblo o ciudad o empresa para que transite hacia las renovables. Pero, ¿qué significa realmente ser incómodo? El siguiente artículo contiene spoilers.

Ser incómodo es invertir en renovables

Tormentas, deshielo, aumento del nivel del mar, sequías, calentamiento de la atmósfera… Incluso se llega a decir al principio del documental que los que más responsabilidad tienen en estos fenómenos son los que toman las decisiones. Sin embargo, no se llega a la verdadera causa y ya empieza a hablar de las soluciones. ¿Cuáles son? Invertir en energía solar y fotovoltaica… ¡Ah! y el lanzamiento de un satélite cuya misión es proporcionar información sobre posibles tormentas solares y fotografías del globo terráqueo -una imagen que, según explica Al Gore, nos ayuda a conectar con la Tierra y nos invita a la reflexión y su cuidado-.

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¿Qué implica una economía circular?

En 2017 , la Comisión Europea ha puesto en marcha un paquete de medidas para hacer que la economía de sus Estados miembro sea circular y España se ha sumado con un Pacto por la Economía Circular , presentad o el pasado 18 de septiembre. Esta iniciativa tiene un fundamento propagandístico, enmarcado en los históricos esfuerzos de la UE por pintarse de verde. Pero también parte de una necesidad , no en vano la UE es fuertemente dependiente de la importación de distintos elementos para intentar sostener su privilegiada posición en el orden global (ver figura 1) .

economía circular 1

Lugares de origen de distintos elementos utilizados por la UE.

Pero, más allá de los intereses de la Comisión Europea o del Gobierno español , que las economías funcionen realmente de forma circular es un imperativo de nuestro tiempo, pues nuestras principales fuentes materiales (distintos tipos de minerales) y energéticas (combustibles fósiles) están empezando a ser cada vez más difíciles de obtener, además de causando fortísimas desestabilizaciones ecosistémicas (cambio climático, pérdida de biodiversidad).

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Soberanías y decrecimientos

La vida es una maraña de procesos en continua evolución. Así de entrelazada y cambiante es Gaia/ Gea: la Tierra que vemos y la tierra que no vemos, como nos señalaba la bióloga Lynn Margulis. La vida democrática es también (¡cómo no!) cuestión de procesos, no de órdenes prefijados, nos argumentaría el filósofo Cornelius Castoriadis. Sin embargo, nuestras vidas políticas no parecen entender hoy ni de autodeterminaciones, ni de respuestas frente al cambio climático. “Bochornoso” era el adjetivo que empleaba sintéticamente la portavoz del gobierno del Partido popular para referirse a la iniciativa soberanista que se está desarrollando en Catalunya. Podría haber empleado ese adjetivo para hablar de la creciente desertificación y de los incrementos de las altas temperaturas en este país, de las muertes no contabilizadas por estos calores o por sequías y huracanes de dimensiones nunca vistas hasta ahora. También bochornosas fueron actuaciones poco democráticas como la utilización de reformas constitucionales exprés y leyes mordaza para evitarse una salud democrática. País bochornoso, dicen, pero identificándolo siempre con todo aquello que pueda amenazar sus posiciones en el actual statu quo.

El pasado 6 de septiembre el parlamento catalán aprobaba por mayoría una ley de referéndum con los votos de Junts pel Sí y la CUP. La coalición nacionalista en el gobierno (Junts pel Sí) que aúna la tradición conservadora catalana (PdeCAT, proveniente de CiU) y una neoliberalizada socialdemocracia (ERC) ha encontrado apoyo en las CUP (cuyas mimbres están en un municipalismo anticapitalista) para andar este camino hacia la autodeterminación de Catalunya. Todo un calentamiento global del panorama político español, cuyos entramados jurídicos, mediáticos y políticos hegemónicos han publicitado que se trata de un huracán contra la democracia. Calentamiento que ha pasado por alto, sin embargo, algunas de las intenciones y de los matices que van más allá del derecho a decidir como senda institucional a partir de una idea de pueblo o comunidad. En el discurso pronunciado en la tribuna del Parlament la tarde del 5 de septiembre, Anna Gabriel Sabaté (diputada de las CUP) afirmaba que las instituciones estatales surgidas tras la muerte del dictador Franco “son un límite, son un muro, son un impedimento para plantear la recuperación de soberanías, todas: la nacional, alimentaria, la económica, cultural, residencial”. En esa misma semana, un equipo de la formación municipalista manifestaba su intención de interpelar al gobierno sobre lo que, a su juicio, debería ser una ley catalana por el decrecimiento. “El decrecimiento es una vía imprescindible para conseguir esas soberanías”, aquellas de las que hablaba la diputada Sabaté, afirmaba su compañero Sergi Saladié.

En círculos catalanes suele hablarse de dos ejes de polarización y a la vez de cohesión que se suceden en Catalunya: el nacional y el social. “La austeridad nos hará más fuertes” dijo una vez Artur Mas, antecesor del actual presidente catalán Carles Puigdemont. Y a ello se consagraron con reducciones, desde 2008 para acá, de un 17% del gasto en educación, un 14% en sanidad, aparte de privatizaciones directas o encubiertas. Ello motivó que el eje social tomara fuerza: las manifestaciones Prou Retallades! (basta de recortes), resonando junto al 15M, desde el 2011. Con el objetivo de relegitimarse, y azotada por la corrupción y los malos resultados electorales, CiU pasó a colocarse mediática e institucionalmente como la cabeza más visible del movimiento catalanista.

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Crecer sin contaminar

Un artículo científico aparecido este verano afirma que la probabilidad de no incrementar en 2ºC en 2100 la temperatura del planeta respecto al periodo preindustrial (cumplir con los objetivos de París de cambio climático de 2015) es de solo un 5%. Es un argumento más que desmonta el último (y efímero) triunfo dialéctico del capitalismo: haber convencido a unas cuantas esferas de la sociedad, algunos grupos ecologistas incluidos, de que se puede crecer sin contaminar.

Esta afirmación parte de una foto fija de corto recorrido mostrada en la figura 1. En ella, se observa cómo las emisiones de CO2 se han estancado desde 2014. Esto, mientras el PIB mundial creció a un ritmo del 2,6 % en el periodo 2012-2016 1. Sería por fin la materialización del tan teorizado desacoplamiento entre crecimiento e impactos reivindicado como posible por las voces más tecno-optimistas.

Figura 1: Emisiones de CO2 por el uso de combustibles fósiles y de la producción de cemento. Fuente: Trends in Global CO2 Emissions.

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