Opinión y blogs

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Dando de comer a los robots

Cuando era pequeña, los Supersónicos me convencieron de que para 2017 tendría sin lugar a dudas un robot doméstico que me librase de las anodinas tareas de la casa. Aunque no den tanta compañía ni se presten a gags cómicos, está claro que la lavadora o la vitrocerámica me han ahorrado tardes de congelarme las manos en el río o partir leña con un hacha, tardes que no tuvo mi bisabuela.

Mucha gente está convencida de que esta tendencia no puede sino seguir creciendo, y que los coches autónomos, drones agrícolas, robots repartidores, etc., serán una parte tan inevitable de nuestro futuro colectivo que lo que tenemos que hacer es preocuparnos de qué haremos cuando nos quiten el trabajo o se rebelen contra nosotros. Personas inteligentes y bienintencionadas que, en muchas ocasiones, conjugan esta visión con un futuro ambientalmente sostenible (por lo general con un alicatado de grafeno hasta el techo).

Sin embargo, creo que esta visión no tiene en cuenta una variable fundamental: no podemos disponer de los materiales necesarios para construir tanto robot sin comprometer las necesidades básicas de las generaciones futuras.

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Seguirán muriendo ecologistas

Imagen de archivo de una protesta en la que se pide Justicia tras el asesinato de la activista medioambiental Berta Cáceres.

El asesinato de Isidro Baldenegro, Laura Vásquez y Emilsen Manyoma ha vuelto a poner el foco en la terrible realidad que viven las personas activistas por la defensa de la naturaleza y los derechos humanos en muchos lugares del planeta. En los últimos dos años más de 340 personas han sido asesinadas debido a su lucha por defender la tierra y las personas que viven en ella.

A través de las noticias de los asesinatos de defensores y defensoras de la tierra y de comunidades rurales, sabemos que el plan para perseguir y reprimir a quienes denuncian la concentración de la tierra y el desplazamiento de comunidades en favor de las grandes empresas e inversores, es cada vez más cruento.

Hace unas semanas fueron Isidro Baldenegro, Laura Vásquez y Emilsen Manyoma. En 2016 Berta Cáceres, Gloria Capitán, Macarena Valdés; en 2013 Exaltación Marcos; en 2010 Bety Cariño; y podríamos seguir con una lista de cientos de personas que pagaron con su vida el precio de enfrentarse a los poderes económicos y políticos encarnados en proyectos de grandes corporaciones y gobiernos a su servicio. Bien saben que el poder de los grandes capitales depende de que la gran masa de desfavorecidos pueda construir una fuerza social decidida que les plante cara. Para evitarlo mandan a sus sicarios, que atemorizan y cercan a los movimientos sociales y campesinos que desafían el paradigma económico capitalista asentado en el saqueo de pueblos y ecosistemas.

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El amanecer de una nueva época: bienvenidos al Antropoceno

Hasta tal punto estamos los seres humanos alterando actualmente los procesos biogeofísicos y biogeoquímicos esenciales de nuestro planeta que muchos investigadores sugieren que estamos ya inmersos en una nueva unidad formal dentro de la escala temporal geológica de la Tierra: el Antropoceno, una nueva época geológica dentro del periodo Cuaternario en la cual los humanos estaríamos sobrepasando con nuestras actividades los umbrales de seguridad de varios parámetros ambientales claves para el correcto funcionamiento de la ecosfera.

Pese a no haber sido aún reconocido formalmente por la comunidad científica internacional, lo cierto es que la noción de Antropoceno está penetrando con muchísima fuerza en la literatura científica de todo el mundo. Según apuntan sus defensores, uno de los mayores éxitos de este nuevo término radica, precisamente, en su capacidad para albergar geológicamente y de forma satisfactoria la situación de excepción ecológico-social en la que nuestro planeta se halla en los inciertos albores del siglo XXI.

Con el objetivo de clarificar la validez científica del Antropoceno, en el año 2008 se presentó una propuesta a la Comisión Internacional de Estratigrafía para evaluar si este concepto tenía o no mérito científico como una nueva unidad geocronológica de la Tierra; y, si lo tuviese, resolver cuándo habría comenzado. Tras varios años de intenso trabajo, las certidumbres científicas cosechadas por el Grupo de Trabajo sobre Antropoceno (GTA) respecto a la validez científica del término han sido bastante convincentes . Igualmente notables han resultado ser los avances obtenidos respecto al momento histórico en el cual situar el comienzo de esta nueva época geológica (o, lo que es lo mismo, dónde establecer la frontera geológica entre el Holoceno y el Antropoceno). Como veremos a continuación, son tres las propuestas que, a día de hoy, cuentan con un mayor respaldo científico al respecto.

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Podemos, pero sólo si sabemos cómo

Imagen de archivo de un supermercado.

Es descorazonador comprobar hasta qué punto la energía colectiva desarrollada en España entre 2011 y 2014 ha ido consumiéndose sin apenas ser capaz de mover nada; dando lugar a esta depresión actual que ha seguido a la ira que, a su vez, siguió a la esperanza de los primeros momentos. Últimamente estamos metidos cada uno bajo nuestro caparazón, algunos queriendo creer que todo está bien y la crisis ha pasado, otros simplemente comiéndonos la ira e invirtiendo las energías escasas en sobrevivir a los problemas cotidianos.

Sin embargo, hay algo que llama poderosamente la atención: ¿somos realmente tan impotentes? ¿Es tan imposible cambiar el abuso de ese conglomerado financiero, empresarial, político y mediático? Me inclino a pensar que no es cierto y lo que realmente sucede es que no sabemos, o no queremos saber, cómo cambiar. El problema es que no somos capaces de ver el panorama global del mecanismo que nos ata, bien porque nuestra cultura no está acostumbrada a pensar así, o bien porque, inconscientemente, no queremos verlo.

Jordi Pigem, en su libro La odisea de Occidente, postula que uno de los principales defectos de la cultura occidental ha sido esa costumbre de disociar el mundo mental del corporal, despreciando la importancia de lo físico y ligado a la naturaleza frente a las abstracciones de la mente.

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Acción Ecológica: Defender palmo a palmo la vida en Ecuador

Protestas por el cierre de ACCIÓN ECOLÓGICA en el Ministerio de Medio Ambiente de Ecuador.

Acción Ecológica es una organización ecuatoriana de reconocido prestigio internacional, querida y respetada por un historial de 30 años de trabajo en defensa de la naturaleza y los derechos humanos, sobre todo los de los pueblos más vulnerados. A finales de 2016 el gobierno de Rafael Correa inició los trámites administrativos para su disolución. Entre los argumentos oficiales para decretar el cierre se esgrimía que Acción Ecológica se desvía de los fines y objetivos para los que fue constituída o que Acción Ecológica se dedica a denunciar los impactos que el extractivismo tiene en Ecuador. Faltaría más. Precisamente es esa una actividad que encaja perfectamente en el objetivo para el que fue creada, como se puede comprobar en sus estatutos : la defensa de la naturaleza. Por tanto la notificación de cierre es ridícula y trata inútilmente de esconder una clara acción política de represión, silenciamiento de la disidencia e intento de domesticación de aquellos que se rebelan cuando los principios constituyentes son violados.

Afortunadamente, Acción Ecológica no está sola y su empeño y resistencia, combinada con el apoyo y presión solidaria dentro y fuera de Ecuador ha terminado forzando que el Ministerio del Ambiente rechace la pretensión del gobierno. Sin embargo, no es posible bajar la guardia. No se trata de un capricho coyuntural de Correa, sino que, mientras el modelo económico que se persiga sea el que se basa en el extractivismo y la expulsión de personas, el trabajo de Acción Ecológica o de organizaciones afines, seguirá siendo incómodo, molesto e inevitablemente confrontativo.

Acción Ecológica se ha significado en la defensa de los pueblos originarios y, en concreto, en la del pueblo Shuar, que desde hace años está viendo amenazada sus superviviencia en el sur del país por la actividad de empresas mineras y petroleras. El avance del extractivismo en esa zona conlleva un acaparamiento y contaminación de tierras y agua que son una sentencia de muerte para esta comunidad, que vive en íntima relación con los bosque y los territorios ancestrales que habita. En los últimos años han muerto tres dirigentes Shuar, en unos acontecimientos no esclarecidos hasta la fecha y sin que se hayan encontrado culpables.

Actualmente en la provincia de Morona Santiago el pueblo Shuar intenta resistir a los ataques del gobierno, que les ha expulsado de sus tierras ancestrales para permitir un mega-proyecto de minería de cobre a cielo abierto de la empresa china Explorcobres S.A., con una escalada de tensión en las últimas semanas que ha devenido en unos lamentables enfrentamientos con la policía
con final trágico . El proyecto se encuentra en fase exploratoria y avanza a buen ritmo sin consulta previa ni consentimiento de parte de las comunidades afectadas, cuyos recursos legales y alegaciones son sistematicamente ignoradas por el gobierno.

Es importante resaltar que Ecuador se encuentra inmerso en pleno período pre-electoral; a mediados de febrero el pais andino eligirá un nuevo presidente y el candidato oficialista lidera los sondeos. Es patente el nerviosismo porque proyectos mineros como el mencionado, salgan adelante. Y para ello el gobierno no está escatimando medios: ha procedido a una absoluta militarización de la zona, decretando el
estado de excepción , que suspende derechos, intimida a la población local, realiza allanamientos colectivos y efectúa detenciones arbitrarias. Se suceden las denuncias de campesinos por violaciones de los derechos humanos. Todo con tal de tranquilizar a los inversores. Es muy significativo que el gobierno chino haya mostrado su preocupación por los enfrentamientos y haya agradecido al gobierno de Correa su rápida respuesta para controlar la situación.

Acción Ecológica ha brindado apoyo y asesoramiento al pueblo Shuar durante años, en relación a los impactos ecológicos del extractivismo minero y su afección a los derechos humanos. Por tanto el cierre de Acción Ecológica es un castigo del gobierno, una represión en toda regla del ecologismo más político; aquel que da voz a las comunidades, a los “ecologistas pobres”, como diría Martinez Alier, que siendo los que viven en mayor armonía con su medio, son los más castigados por un modelo de desarrollo que les ignora y aniquila.


Ecuador no es una excepción al patrón al que durante los últimos 15 años en mayor o menor medida se han ajustado los diferentes gobiernos de la izquierda latinoamericana: poner cierto freno a las reformas neoliberales, renegociar contratos con las empresas transnacionales para retomar el control de la economía, aumentar los ingresos públicos a través del extractivismo, y usar parte de sus excedentes en cubrir programas sociales, conseguiendo así reducir la brecha social, ganando de paso legitimidad popular. La posibilidad de repensar los modelos de desarrollo, derivada de una nueva cosmovisión que colocaba a las personas y a la naturaleza en el centro, se ha quedado meramente por tanto en el plano teórico.

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¿Qué implica que la economía sostenible genere más empleo que la sucia?

Desde el ecologismo y el sindicalismo (al menos desde algunos sindicalismos) repetimos de forma insistente que una economía sostenible genera más empleo que la sucia. Esto es así para la agroecología frente a la agroindustria, el reciclaje frente a la incineración o el vertido, las energías renovables frente a las fósiles y nucleares, o el transporte público frente al privado. Sin embargo, es interesante profundizar un poco más en las implicaciones de este hecho.

Una primera reflexión sería entender por qué ocurre esto. En el caso del reciclaje y de la agroecología, un elemento central de la creación de más puestos de trabajo es que intentan cerrar los ciclos de la materia. Cerrar los ciclos es una actividad costosa que, para poder conseguirse, debe consumir una importante cantidad de esfuerzo (recuperación de materiales, recogida selectiva, reutilización, compostaje, etc.). Una forma de conseguirlo es a través de trabajo humano.

En el caso de las renovables, el mayor número de empleos se debe, entre otras razones, a su menor tasa de retorno energético (TRE) y menor factor de carga que las fuentes fósiles. Se conoce como TRE al cociente entre la energía conseguida y la empleada en conseguirla. Cuanto más pequeña es la TRE, menos energía neta queda en la sociedad. Por ejemplo, la solar fotovoltáica tiene una TRE especialmente baja en comparación con la de los combustibles fósiles. Una de las razones, aunque no la principal, de esa baja TRE es que necesita más energía humana invertida para generar la electricidad que las centrales fósiles. Esto es, crea más puestos de trabajo.

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Crecimiento urbano, polarización social y cambio climático: un cóctel peligroso

Las ciudades afrontan desafíos que no conviene contemplar por separado. La combinación del crecimiento urbano con la polarización social y el cambio climático supone una mezcla explosiva que debe ser abordada de manera urgente.

Un dato que ilustra las aristas del problema es el ritmo actual del éxodo hacia las zonas urbanas: cerca de tres millones de personas se desplazan semanalmente hacia las ciudades, y el 90% de ese crecimiento se da en los llamados países en desarrollo. En ellos, se concentra el grueso de los 828 millones de personas que viven en barrios marginales con graves insuficiencias en infraestructuras y servicios básicos (electricidad, agua, saneamiento, atención sanitaria o educación). El porcentaje de población que vive en estas zonas, social y ambientalmente más vulnerables, no ha dejado de crecer en las dos últimas décadas: aumentó del 35% de 1990 hasta el 46% en 2012.

La polarización social urbana se ha agudizado en ese mismo periodo. Lo señalan Franziska Schreiber y Alexander Carius en La Situación del Mundo 2016 , del Worldwatch Institute, titulado “Ciudades sostenibles. Del sueño a la acción”: más de dos tercios de la población urbana vive en ciudades donde la brecha de la desigualdad se ha ensanchado generando profundas dinámicas de segregación espacial y pérdida de cohesión social.

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Feliz año nuevo desde el Antropoceno

Merry crisis

En estas simbólicas fechas donde el año nuevo nos hace conscientes por unos días de los ciclos temporales, he recordado el ejercicio que realizó el astrónomo Carl Sagan en la serie Cosmos, comprimiendo los casi catorce mil millones de años que han transcurrido desde el Big Bang hasta nuestros días en un solo año. Un ejercicio que servía para traducir a una escala temporal comprensible la historia del cosmos. Este atípico calendario evidenciaría como nuestra especie no aparece en escena hasta los últimos cinco minutos del año y que toda la historia de la humanidad ocuparía solo los últimos 21 segundos, siendo la sociedad de consumo el último segundo del año.

Este modesto y pedagógico ejercicio ha dado lugar a una nueva forma de aproximarse al conocimiento, que se denomina como Gran Historia. Un enfoque científico, unificador e interdisciplinar, que trata de conjugar la historia del Cosmos, la Tierra, la Vida y la Humanidad. Proyectos como ChronoZoom o el Big History Project, impulsado por David Cristiano con la financiación de Bill Gates, y que ofrece una estructura didáctica y un amplio abanico de recursos para que el profesorado pueda incorporar esta propuesta a su trabajo cotidiano.

Las principales bondades de la Gran Historia serían que exige contextualizar la evolución de la humanidad en una historia de la vida mucho más extensa, amplia y compleja, mostrando de forma sencilla la complejidad de los patrones e interconexiones que se dan a través del tiempo y espacio. De esta manera entenderíamos nuestra evolución desde las primeras bacterias hasta los mamíferos en los que nos hemos convertido, como un proceso que se ha hecho en estrecha dependencia con las transformaciones del entorno.

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Las personas refugiadas frente a la seguridad energética europea

Protesta anti-fracking en Ouargla.

He vivido muchos años de mi vida con un paisaje azul de fondo: el Mar Mediterráneo. Para mí, un lugar donde respirar fuerte y profundo, donde pensar y reflexionar, un lugar de distensión y libertad. Pero ahora se ha convertido en un lugar de muerte, una muerte lenta, dolorosa, agónica y profundamente injusta.

La información sobre la llamada “crisis” de los refugiados nos llega a Europa con una lectura que reduce a varios fotogramas un relato ciertamente complejo. Los medios de comunicación de masas concentran sus esfuerzos en mostrar las consecuencias, pero escapan del análisis profundo de las causas y, desgraciadamente, muestran las realidades de la ribera norte y sur del Mediterráneo, alejadas, separadas y desconectadas. Pero nada más lejos de la realidad. Tenemos multitud de conexiones con el Norte de África y Asia Occidental (NAAO), por ejemplo, por nuestra alta dependencia de sus recursos naturales y, en particular, de sus recursos energéticos. La UE importa petróleo de países como Rusia, Noruega, Arabia Saudita, Libia, Irán, Nigeria, Argelia, Iraq, Kazajistán y gas de Rusia, Noruega, Argelia, Qatar, Nigeria, Trinidad y Tobago, y Egipto. Tanto el petróleo como el gas son dos fuentes de energía vitales para una Europa que necesita importar combustibles fósiles.

Pese a la histórica hegemonía rusa en el suministro de petróleo y gas, los repuntes del conflicto entre la Federación Rusa y Ucrania han sido la justificación-excusa para que en Bruselas se hable más que nunca de seguridad energética. Es decir, la gran dependencia de las importaciones de Rusia le confiere mucho poder frente a los Estado miembro y, por tanto, para nuestra seguridad, es necesario diversificar proveedores.

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La "piedra natural" de Ávila: el extractivismo global también golpea en nuestros entornos cercanos

sierra ávila

Frente al extractivismo no hay refugio –sólo una transformación radical de la economía que hoy prevalece. El crecimiento económico se alimenta de energía y materiales, especialmente combustibles fósiles. Una vez nos hallamos más allá del cénit o "pico" del petróleo crudo de mejor calidad (desde 2005 aproximadamente), y quizá incluso en el de todos los  hidrocarburos semejantes al petróleo , esa necesidad de seguir cebando el crecimiento explica la apuesta desesperada por hidrocarburos extremos (de mala calidad y enorme impacto ambiental). Así vemos que aumentan prácticas como el fracking o hidrofractura, se explotan las arenas bituminosas, y se apuesta por la captura de carbono para poder seguir apoyándonos en el sucio carbón. Y también vemos asistimos a esfuerzos renovados por extraer otros recursos minerales que alimenten la rueda, en una situación de  agotamiento progresivo de la riqueza mineral de la corteza terrestre .

Se despliegan proyectos megalómanos a gran escala, como las minas de coltán en el Congo o los que amenazan a todo el eje andino. Pero también a las puertas de nuestras casas se acercan proyectos mineros que amenazan nuestro medio y que pasan a menudo desapercibidos. Inversores internacionales buscan oro en Asturias, tierras raras en Castilla–La Mancha o uranio en Salamanca.

Una de las últimas amenazas es una mina de feldespato en la provincia de Ávila, en la comunidad de Castilla y León. Con el apoyo de todos los grupos políticos presentes en las cortes autonómicas se pretende algo tan retorcido como vender este recurso bajo la marca "piedra natural". Y no es que no se trate de un mineral natural, claro está: pero su comercialización se haría a costa de destruir lo verdaderamente valioso y natural que es el entorno que lo rodea, degradando los paisajes y la población allí presente. La Sierra de Ávila, una zona de gran valor ambiental, es el escenario de este proyectado crimen en forma de mina a cielo abierto que afectaría a cuatro municipios (Sanchorreja, La Torre, Narrillos del Rebollar y Valdecasa).

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