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¿Qué implica que la economía sostenible genere más empleo que la sucia?

Desde el ecologismo y el sindicalismo (al menos desde algunos sindicalismos) repetimos de forma insistente que una economía sostenible genera más empleo que la sucia. Esto es así para la agroecología frente a la agroindustria, el reciclaje frente a la incineración o el vertido, las energías renovables frente a las fósiles y nucleares, o el transporte público frente al privado. Sin embargo, es interesante profundizar un poco más en las implicaciones de este hecho.

Una primera reflexión sería entender por qué ocurre esto. En el caso del reciclaje y de la agroecología, un elemento central de la creación de más puestos de trabajo es que intentan cerrar los ciclos de la materia. Cerrar los ciclos es una actividad costosa que, para poder conseguirse, debe consumir una importante cantidad de esfuerzo (recuperación de materiales, recogida selectiva, reutilización, compostaje, etc.). Una forma de conseguirlo es a través de trabajo humano.

En el caso de las renovables, el mayor número de empleos se debe, entre otras razones, a su menor tasa de retorno energético (TRE) y menor factor de carga que las fuentes fósiles. Se conoce como TRE al cociente entre la energía conseguida y la empleada en conseguirla. Cuanto más pequeña es la TRE, menos energía neta queda en la sociedad. Por ejemplo, la solar fotovoltáica tiene una TRE especialmente baja en comparación con la de los combustibles fósiles. Una de las razones, aunque no la principal, de esa baja TRE es que necesita más energía humana invertida para generar la electricidad que las centrales fósiles. Esto es, crea más puestos de trabajo.

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Crecimiento urbano, polarización social y cambio climático: un cóctel peligroso

Las ciudades afrontan desafíos que no conviene contemplar por separado. La combinación del crecimiento urbano con la polarización social y el cambio climático supone una mezcla explosiva que debe ser abordada de manera urgente.

Un dato que ilustra las aristas del problema es el ritmo actual del éxodo hacia las zonas urbanas: cerca de tres millones de personas se desplazan semanalmente hacia las ciudades, y el 90% de ese crecimiento se da en los llamados países en desarrollo. En ellos, se concentra el grueso de los 828 millones de personas que viven en barrios marginales con graves insuficiencias en infraestructuras y servicios básicos (electricidad, agua, saneamiento, atención sanitaria o educación). El porcentaje de población que vive en estas zonas, social y ambientalmente más vulnerables, no ha dejado de crecer en las dos últimas décadas: aumentó del 35% de 1990 hasta el 46% en 2012.

La polarización social urbana se ha agudizado en ese mismo periodo. Lo señalan Franziska Schreiber y Alexander Carius en La Situación del Mundo 2016 , del Worldwatch Institute, titulado “Ciudades sostenibles. Del sueño a la acción”: más de dos tercios de la población urbana vive en ciudades donde la brecha de la desigualdad se ha ensanchado generando profundas dinámicas de segregación espacial y pérdida de cohesión social.

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Feliz año nuevo desde el Antropoceno

Merry crisis

En estas simbólicas fechas donde el año nuevo nos hace conscientes por unos días de los ciclos temporales, he recordado el ejercicio que realizó el astrónomo Carl Sagan en la serie Cosmos, comprimiendo los casi catorce mil millones de años que han transcurrido desde el Big Bang hasta nuestros días en un solo año. Un ejercicio que servía para traducir a una escala temporal comprensible la historia del cosmos. Este atípico calendario evidenciaría como nuestra especie no aparece en escena hasta los últimos cinco minutos del año y que toda la historia de la humanidad ocuparía solo los últimos 21 segundos, siendo la sociedad de consumo el último segundo del año.

Este modesto y pedagógico ejercicio ha dado lugar a una nueva forma de aproximarse al conocimiento, que se denomina como Gran Historia. Un enfoque científico, unificador e interdisciplinar, que trata de conjugar la historia del Cosmos, la Tierra, la Vida y la Humanidad. Proyectos como ChronoZoom o el Big History Project, impulsado por David Cristiano con la financiación de Bill Gates, y que ofrece una estructura didáctica y un amplio abanico de recursos para que el profesorado pueda incorporar esta propuesta a su trabajo cotidiano.

Las principales bondades de la Gran Historia serían que exige contextualizar la evolución de la humanidad en una historia de la vida mucho más extensa, amplia y compleja, mostrando de forma sencilla la complejidad de los patrones e interconexiones que se dan a través del tiempo y espacio. De esta manera entenderíamos nuestra evolución desde las primeras bacterias hasta los mamíferos en los que nos hemos convertido, como un proceso que se ha hecho en estrecha dependencia con las transformaciones del entorno.

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Las personas refugiadas frente a la seguridad energética europea

Protesta anti-fracking en Ouargla.

He vivido muchos años de mi vida con un paisaje azul de fondo: el Mar Mediterráneo. Para mí, un lugar donde respirar fuerte y profundo, donde pensar y reflexionar, un lugar de distensión y libertad. Pero ahora se ha convertido en un lugar de muerte, una muerte lenta, dolorosa, agónica y profundamente injusta.

La información sobre la llamada “crisis” de los refugiados nos llega a Europa con una lectura que reduce a varios fotogramas un relato ciertamente complejo. Los medios de comunicación de masas concentran sus esfuerzos en mostrar las consecuencias, pero escapan del análisis profundo de las causas y, desgraciadamente, muestran las realidades de la ribera norte y sur del Mediterráneo, alejadas, separadas y desconectadas. Pero nada más lejos de la realidad. Tenemos multitud de conexiones con el Norte de África y Asia Occidental (NAAO), por ejemplo, por nuestra alta dependencia de sus recursos naturales y, en particular, de sus recursos energéticos. La UE importa petróleo de países como Rusia, Noruega, Arabia Saudita, Libia, Irán, Nigeria, Argelia, Iraq, Kazajistán y gas de Rusia, Noruega, Argelia, Qatar, Nigeria, Trinidad y Tobago, y Egipto. Tanto el petróleo como el gas son dos fuentes de energía vitales para una Europa que necesita importar combustibles fósiles.

Pese a la histórica hegemonía rusa en el suministro de petróleo y gas, los repuntes del conflicto entre la Federación Rusa y Ucrania han sido la justificación-excusa para que en Bruselas se hable más que nunca de seguridad energética. Es decir, la gran dependencia de las importaciones de Rusia le confiere mucho poder frente a los Estado miembro y, por tanto, para nuestra seguridad, es necesario diversificar proveedores.

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La "piedra natural" de Ávila: el extractivismo global también golpea en nuestros entornos cercanos

sierra ávila

Frente al extractivismo no hay refugio –sólo una transformación radical de la economía que hoy prevalece. El crecimiento económico se alimenta de energía y materiales, especialmente combustibles fósiles. Una vez nos hallamos más allá del cénit o "pico" del petróleo crudo de mejor calidad (desde 2005 aproximadamente), y quizá incluso en el de todos los  hidrocarburos semejantes al petróleo , esa necesidad de seguir cebando el crecimiento explica la apuesta desesperada por hidrocarburos extremos (de mala calidad y enorme impacto ambiental). Así vemos que aumentan prácticas como el fracking o hidrofractura, se explotan las arenas bituminosas, y se apuesta por la captura de carbono para poder seguir apoyándonos en el sucio carbón. Y también vemos asistimos a esfuerzos renovados por extraer otros recursos minerales que alimenten la rueda, en una situación de  agotamiento progresivo de la riqueza mineral de la corteza terrestre .

Se despliegan proyectos megalómanos a gran escala, como las minas de coltán en el Congo o los que amenazan a todo el eje andino. Pero también a las puertas de nuestras casas se acercan proyectos mineros que amenazan nuestro medio y que pasan a menudo desapercibidos. Inversores internacionales buscan oro en Asturias, tierras raras en Castilla–La Mancha o uranio en Salamanca.

Una de las últimas amenazas es una mina de feldespato en la provincia de Ávila, en la comunidad de Castilla y León. Con el apoyo de todos los grupos políticos presentes en las cortes autonómicas se pretende algo tan retorcido como vender este recurso bajo la marca "piedra natural". Y no es que no se trate de un mineral natural, claro está: pero su comercialización se haría a costa de destruir lo verdaderamente valioso y natural que es el entorno que lo rodea, degradando los paisajes y la población allí presente. La Sierra de Ávila, una zona de gran valor ambiental, es el escenario de este proyectado crimen en forma de mina a cielo abierto que afectaría a cuatro municipios (Sanchorreja, La Torre, Narrillos del Rebollar y Valdecasa).

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Reflexiones al despertar y comprobar que la victoria de Trump no había sido una pesadilla: ocurrió realmente

Estuve viendo los resultados electorales con un grupo de amigos y colegas izquierdistas. También con Lauryn, mi nieta. Karen, mi hija, estaba en Ohio. Se había tomado tres días libres en el trabajo para apoyar a Hillary. Tuve que marcharme pronto, no podía soportarlo. De camino a casa, Lauryn no hacía más que preguntar en voz alta: “¿Cómo ha podido pasar esto?, ¿cómo ha podido pasar esto?”.

Cuando llegamos a casa, sonó el teléfono. Era Karen. Nos pusimos los dos. No paraba de decirle a Lauryn: “Lo siento mucho, lo siento mucho”. “Los demócratas no han ido a votar”. (Y yo que esperaba unas cifras de récord).

He aquí algunas reflexiones no del todo coherentes después de una noche prácticamente en vela:

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En Colombia ¿la locomotora minera conduce a la paz?

En 2015, mientras avanzaban las conversaciones de paz en La Habana, 69 defensores de los derechos humanos fueron asesinados en Colombia; y en agosto de 2016 se sumaban 35 más. Anunciado el nuevo acuerdo, cuatro personas más fueron liquidadas. Quiere decir esto que el triunfo del NO –ciertamente pírrico– al Acuerdo de Paz en el plebiscito del 2 de octubre, si bien se debe a posiciones políticas de derecha, coincide con formas de violencia seguramente vinculadas al paramilitarismo y otras expresiones políticas profundamente antidemocráticas.

La continuidad de la violencia por los sectores mencionados es desde luego muy preocupante; a ello debe adicionarse la negativa del gobierno colombiano y sus partidos de coalición, así como de la derecha uribista y conservadora, a reconocer la relación existente entre el tipo socio-económico y político de país que somos y nuestra traumática relación con los ecosistemas y la violencia y los conflictos armados que ha predominado en los doscientos años transcurridos desde la independencia de España.

Por tal razón Humberto de la Calle, jefe de la delegación gubernamental en las conversaciones de La Habana con las FARC, dijo de entrada que "el modelo de desarrollo no está en discusión", ante planteamientos de la guerrilla sobre las características socio-económicas de Colombia e incluso los peligros existentes para el medio ambiente. Las clases dominantes aspiran a una paz "barata" en las concesiones que se hagan a los grupos guerrilleros; y no piensan abandonar el modelo extractivista.

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Crisis: oportunidad perdida

Dicen que toda crisis trae consigo una oportunidad, pero las oportunidades no llegan por sí mismas a ejercer sus posibles efectos beneficiosos de manera automática. Para que una crisis se convierta en oportunidad hemos de ser capaces de realizar una difícil alquimia que consiste en convertir el dolor en lucidez; esa lucidez que –anudada con el coraje- permite cambiar comportamientos, actitudes y valores erróneos.

No da la impresión de que en España estemos sabiendo convertir la crisis en oportunidad. A siete años del estallido de la burbuja inmobiliaria vuelven a verse grúas y andamios en nuestras calles. Seguimos teniendo millones de casas vacías y un país envejecido que no necesita nuevas viviendas, pero la industria de la construcción no ha cambiado sus aspiraciones ni su forma de hacer negocios. El capital español sigue aferrado a sus esquemas empresariales rígidos, sin adaptarse a la nueva realidad; más bien intentando que sean la sociedad y la política las que se sigan adaptando a su destructivo negocio.

Tampoco hemos aprovechado la oportunidad que los altos precios del crudo nos brindaron entre 2006 y 2014. El año pasado nuestro consumo de petróleo volvió a aumentar después de 9 años de descenso (en los que cayó un 25% respecto al máximo de 2008). Los altos precios del petróleo no nos han servido para darnos cuenta de lo dependientes que somos de un combustible cuyo suministro no tenemos, ni mucho menos, asegurado. En cuanto el precio de la gasolina ha bajado hemos vuelto a usar nuestro vehículo privado con los mismos patrones de antes. No hemos cambiado nuestros hábitos de transporte ni hemos intentado ambiciosos planes de movilidad en las ciudades; no nos hemos planteado instalar paneles solares ni mejorar el aislamiento de nuestras viviendas.

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El exceso de dominación se vuelve contra el dominador

Una Modernidad alternativa

Erasmo en su Elogio de la locura , ese tratado humanista donde la ironía alcanza cotas difícilmente superables, reprueba a los “mortales que, en lugar de la felicidad, buscan la sabiduría. Son doblemente necios, puesto que nacidos hombres olvidan su condición de hombres y aspiran a vivir como inmortales, y a modo de los gigantes hacen la guerra contra la naturaleza con las armas de la ciencia”. Dejemos de lado la retranca con que está escrita toda la obra y preguntémonos en serio: asumir la finitud humana y renunciar a la dominación, una de cuyas variantes principales es la “guerra contra la naturaleza” peleada con las armas de la ciencia y de la técnica, ¿no es un camino luminoso? Tal sería el programa erasmista en los albores de la Modernidad, el programa de una casi nonata Modernidad alternativa que también rastreamos en los escritos de Bartolomé de las Casas, o de Michel de Montaigne… y que sigue siendo de completa actualidad en el siglo XXI.

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La Cumbre de Marrakech, un freno a la lucha contra el cambio climático

Principales ONG deploran el resultado "modesto" de la cumbre climática de Marrakech

El Acuerdo de París se cerraba hace casi un año, culminándose el trabajo que desde 2009 se estaba realizando para dar un sucesor al Protocolo de Kioto. Se buscaba un acuerdo que fuera capaz de acelerar la lucha contra el cambio climático ante el bloqueo que supuso la cumbre de Copenhague. Durante este último año han sido constantes los anuncios sobre el impulso que determinados países querían dar a esta lucha climática.

Por fin, el pasado 4 de noviembre entraba en vigor el Acuerdo de París al haberse alcanzado el número de adhesiones necesarias. Se ha convertido en el primer acuerdo internacional que es ratificado en menos de un año. Un récord atribuible a la diplomacia francesa que fue capaz de pactar las indefiniciones necesarias para que no supusiera mucho problema a ninguno de los países. Así, la palabra descarbonización desaparece del texto oficial, en gran medida por las presiones de estados petroleros como Arabia Saudí, cuyos negociadores son incapaces de reconocer la necesidad de mantener el 80% de los combustibles fósiles bajo el suelo.

Los compromisos puestos sobre la mesa a día de hoy nos dirigen a un calentamiento de más de 3,5ºC, el doble de lo que el IPCC establece como climáticamente seguro. Por ello, resulta imprescindible incrementar los compromisos a la mayor brevedad posible para ajustarnos al camino descrito por la ciencia. Es la única manera de poder alcanzar el objetivo del acuerdo de París.

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