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Las alternativas al desarrollo se debaten en la Cumbre de los Pueblos frente al Cambio Climático

Participantes de la Cumbre de los Pueblos frente al Cambio Climático. / Orlan Cazorla

Durante cuatro días se celebró en el Parque de la Exposición de Lima (Perú) la Cumbre de los Pueblos frente al Cambio Climático con la participación de aproximadamente tres mil personas, provenientes en su mayoría de América Latina. La Cumbre tenía como objetivo fortalecer una agenda común de los movimientos sociales y presentar argumentos alternativos a la vigésima Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (COP20). “Es un espacio para recoger todas las propuestas y convertirlas en vinculantes. Esta es la exigencia que vamos a hacer a los Estados”, explicaba el portavoz de la Cumbre, Antolín Huascar.

A la Cumbre de los Pueblos también asistieron algunas personas acreditadas como observadores de la COP20 oficial. Es el caso de Chavannes Baptiste, de la Confederación Nacional Agraria de Haití. “Ahorita vengo de la COP20 y aquello es un espacio de locos en donde nadie escucha a nadie. Es un lugar de negocios donde las transnacionales están defendiendo sus intereses para utilizar el calentamiento global para hacer más plata”. Crítico porque a la sociedad civil le tienen vetada la entrada, Baptiste se mostró confiado en la posibilidad de que desde la Cumbre de los Pueblos se lleguen a articular propuestas reales.

Ocho ejes temáticos y múltiples voces

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El Tribunal Internacional por los Derechos de la Naturaleza discute el caso del cambio climático

Tribunal Permanente por los Derechos de la Naturaleza y de la Madre Tierra, el 5 y 6 de diciembre de 2014 en Lima. / Orlan Cazorla

“Este tribunal ético permanente es un llamado a la humanidad para encontrarnos con la Naturaleza. Esta instancia surge cuando los Estados no cumplen con su obligación de preservar la vida de los seres humanos”, afirmaba Alberto Acosta, presidente del Tribunal, y ex presidente de la Asamblea Constituyente de Ecuador durante el inicio del periodo de sesiones. Durante los días 5 y 6 de diciembre el Tribunal Internacional por los Derechos de la Naturaleza se reunió en la ciudad de Lima (Perú) para tratar doce casos paradigmáticos sobre violaciones de los derechos de la naturaleza en el marco de la vigésima Conferencia de las Partes sobre el Cambio Climático (COP20).

El Tribunal, organizado por la Alianza Global por los Derechos de la Naturaleza, tiene como objetivo promover el respeto universal y la garantía de los derechos establecidos en la Declaración Universal de los Derechos de la Madre Tierra, con el fin de promover una coexistencia armónica entre los seres humanos y el resto de seres de la naturaleza. Esta es la segunda ocasión en que el Tribunal se reúne después de que el pasado mes de enero comenzara su andadura en Quito (Ecuador), como reconocimiento al primer país del mundo en proclamar que la naturaleza es un sujeto de derechos. En aquella ocasión, el Tribunal estaba presidido por la activista ecofeminista y Premio Nobel Alternativo, Vandana Shiva, presentándose nueve casos todos ellos admitidos a estudio.

Durante esta segunda edición, los doce casos que se trataron fueron los del Yasuní-ITT, Chevron-Texaco y el proyecto minero Cóndor Mirador en Ecuador; el de Brtitish Petroleum en el Golfo de México; el del gran arrecife de coral en Australia; la represión a los defensores de la Madre Tierra en Bagua, la mina de Conga-Cajamarca y las Cuencas-PUINAMUDT contaminadas por la explotación petrolera en Perú; el de la central hidroeléctrica Belo Monte en Brasil; y, finalmente, los casos globales sobre la fractura hidráulica y el mecanismo de Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación de Bosques (REDD+). Además, se puso especial énfasis en el caso global sobre el cambio climático y las falsas soluciones que se proponen para enfrentarlo.

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Por un nuevo sentido común decrecentista

En su artículo Lo que no Podemos, Antonio Turiel se refería al movimiento por el decrecimiento como "fracción minúscula del internet español, despreciable en su pequeñez". Probablemente, con esta expresión estaba siendo auto-sarcástico. Después de todo, 8800 personas habían compartido su artículo en Facebook, lo que significa que, al menos, se habría leido diez veces más. No parece que el tema del decrecimiento sea de interés minúsculo. En un sorprendente artículo de continuación, con el título de "Una tormenta en un vaso de agua", el dr. Turiel aclaraba que se refería a un "círculo muy, muy reducido de decrecentistas" que a él particularmente no le interesaba “como movimiento político".

El autor se equivoca. El interés por el decrecimiento está creciendo. En septiembre pasado, en Leipzig, tuvo lugar la IV Conferencia Internacional sobre Decrecimiento con más de tres mil participantes (entre otros Naomi Klein, Alberto Acosta y Michel Bauwens, así como más de quinientos científicos de todo el mundo, y un grupo vibrante de jóvenes estudiantes, activistas, representantes de partidos políticos y sindicatos, muchos de ellos, a la vez, científicos). Los participantes se reunieron en grupos de trabajo y asambleas y deliberaron seriamente sobre cómo sería una sociedad alternativa sin crecimiento. Una buena parte de estas ideas están recogidas en nuestro reciente Diccionario del decrecimiento, vocabulary.degrowth.org

El dr. Turiel escribe que "ni milita ni militará jamás en una opción decrecentista [porque a él no le] interesan los argumentos ideológicos, sólo los lógicos". El trabajo internacionalmente reconocido del dr. Turiel sobre el pico de petróleo y los límites de los recursos es una referencia para nosotros. Pero eso no nos dice nada sobre "lo que se debe hacer", y la ideología no se puede evitar en esta discusión. La nueva extrema derecha en Francia está utilizando el mismo argumento de los límites para cerrar las fronteras a los inmigrantes. Los defensores de la austeridad lo pueden utilizar para trasladar el coste a los pobres y asegurarse de que la riqueza menguante se mantenga acumulada en las élites. Los  decrecentistas, junto a Thomas Piketty, sostenemos que el final del crecimiento es la mejor razón para la redistribución de la riqueza.

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CONAMA, la Economía Solidaria y los habitantes de Lilliput

Tejerina pide consenso y compromiso para impulsar la economía verde

La casualidad ha unido de forma simbólica en la misma semana el XII Congreso Nacional del Medio Ambiente CONAMA y el I Congreso Internacional de la Economía Solidaria. Dos eventos radicalmente distintos por su vocación, magnitud, forma de organización y financiación, o por las repercusiones mediáticas y los ecos que provocan en la esfera pública. Una coincidencia que nos sirve como excusa para trazar los contornos de distintas formas de aproximarse a la relación entre economía y crisis ecológica, así como los imaginarios alternativos que se apuesta por movilizar para enfrentarla.

CONAMA es el principal foro de nuestra geografía donde convergen todos los enfoques y problemáticas relacionadas con el medio ambiente (energía, cambio climático, agua, biodiversidad, economía, regeneración urbana, desarrollo rural, residuos…). Un macroevento organizado desde 1992 por una Fundación dependiente del Colegio de Físicos, en el que se dan cita todas las sensibilidades ecologistas. Nacido con un perfil académico y pensado originalmente para el encuentro del personal técnico y político de las distintas administraciones públicas implicadas en el sector, con el paso del tiempo el congreso ha ido ganando presencia tanto de empresas como de organizaciones sociales (consumidores, ecologistas, vecinales, etc.).

La organización de CONAMA suele afirmar que son muchos congresos en uno, y esto es cierto por el frenético volumen de actividad, pero también porque los planteamientos de quienes acuden se mueven en planos diferentes de la realidad. En sus salas y pasillos se entrecruzan, muchas veces sin encontrarse, contradictorias visiones sobre la crisis ecológica: la del responsable político que cotidianamente gobierna subordinando la cuestión ambiental, la del técnico municipal que anda batallando para impulsar un plan de movilidad sostenible coherente, la del encargado de responsabilidad social corporativa de las empresas más depredadoras, o la de quien trata de paralizar sus desmanes en las calles o en los juzgados.

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¿Y qué si colapsa la Civilización?

Logotipo del Manifiesto Última Llamada

Hace justo 22 años más de la mitad de los premios Nobel de ciencias y con ellos unos 1700 científicos de todo el Mundo firmaron un manifiesto no muy diferente al de  Ultima Llamada. Lo denominaron Advertencia a la Humanidad. Estas eran algunas frases de aquel texto:

Los seres humanos y el mundo natural están en camino de colisión. Las actividades humanas hacen mucho daño, a menudo irreversible, sobre el medio ambiente y sobre fuentes de recursos naturales críticas. Si no se revisan, muchas de nuestras prácticas actuales ponen en serio riesgo el futuro que deseamos para la sociedad humana y los reinos animal y vegetal, y pueden alterar el mundo vivo de tal forma que seamos incapaces de sostener la vida en la manera que la conocemos ahora. Se necesitan urgentemente cambios fundamentales si es que queremos evitar nuestro presente camino de colisión…

No disponemos de más de una o unas pocas décadas para revertir los peligros que ahora tenemos si queremos evitar que el progreso de la humanidad quede enormemente disminuido

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Nicaragua, Centroamérica, mundo: hagamos otro canal

Nunca he estado en el lago Cocibolca. Pero si cierro los ojos, casi puedo oler el vapor de agua contenida en los cúmulos lenticulares que rodean al gran volcán Mombacho en su orilla oeste, y también el inconfundible destilado sulfuroso del Concepción, en la isla Ometepe que lleva días lanzando gases. Y si no pienso nada, escuchando a Caléxico en The Book and the Canal mientras lo miro, algo de dentro experimenta ese anhelo que rompe tiempos y fronteras. Dudo. Quizás alguna vez también estuve.

Aquí y allí cambian los espacios y los paisajes que nos hacen distintos. Es el milagro afortunado de la diversidad, la epigenética que nos conforma, aquélla que nos hace reconocer lo propio al mismo tiempo que nos recuerda el imprinting que tenemos, no sólo con los de la especie, sino con los del Reino. Eso en cuanto animales, porque como árboles, el arraigo a la tierra es requisito para el crecimiento de los que viven.

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La casta y la caza. El neocaciquismo del siglo XXI

Directores de 11 de los 15 Parques Nacionales piden por carta el fin de las actividades como la caza en estos espacios

En los últimos meses, asistimos con preocupación al intento de reforma de la Ley de Parque Nacionales. Se trata de aplicar a los espacios naturales que sobreviven los mismos criterios que han ido arrasando el resto del territorio: la eliminación de cualquier tipo de traba social, ecológica o humana a la compulsiva obtención de beneficios y al disfrute privilegiado de quienes poseen fincas dentro de los mismos.

La vuelta de tuerca se produjo cuando, en el último minuto, la ministra Tejerina y el Partido Popular intentaron introducir una enmienda en el Senado que permitiera saltar por encima de la disposición que situaba en el año 2017 el final de las monterías en fincas privadas. La enmienda señalaba que la administración impulsaría ”acuerdos voluntarios” para que los “titulares de derechos” fueran indemnizados a cambio de renunciar a su actividad cazadora, dejando la puerta abierta a que los grandes latifundistas elijieran libremente entre la caza o la indemnización con dinero público, así como a que se mantuvieran otras actividades consideradas incompatibles con un parque nacional. El argumento del Gobierno era la necesidad de velar por la “seguridad jurídica” de los grandes propietarios privados. Detrás del genérico “titulares de derecho” se esconden, por ejemplo, personas como Alberto Alcocer, Alberto Cortina o el naviero Alejandro Aznar, marido de Mónica Oriol, presidenta del Círculo de Empresarios.

Como bien sabemos por los medios de comunicación, la caza es una actividad bien valorada por la casta de este país a la hora de hacer ostentación de lo conseguido o lo sustraído. Agotados de presionar para que se recorten los servicios públicos, cansados de negociar adjudicaciones de obras públicas y donaciones a partidos, extenuados de reunirse con sus abogados para ver cómo evitar la ejecución de la sentencia que les condena a demoler su última obra ilegal, agobiados de revisar sus cuentas de resultados que, siendo cada vez más altas, cada vez les parecen menos satisfactorias... necesitan relajarse o buscar nuevos negocios, y lo hacen cazando.

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¿Y si no subiéramos a las montañas más altas?

El pico Aneto, en el término municipal pirenaico de Benasque (Huesca). / Efe

Bután suele ser mencionado en nuestra reflexión social a cuenta de su inspirador índice de “felicidad interior bruta” (como alternativa al PIB) u otros rasgos de su economía alternativa. Pero hoy quisiera llamar la atención sobre otro rasgo singular de este pequeño país adyacente al Tíbet. Bután alberga la montaña más alta del planeta no hollada por ningún ser humano.

Qué desafío, ¿verdad, montañeros y montañeras? Se trata del Gankar Punzum (el Pico Blanco de los Tres Hermanos Espirituales, se nos dice que habría que traducir el nombre de esta montaña al castellano), una cima del Himalaya que ronda los 7.570 metros de altura. En 1994 se prohibió en Bután escalar montañas más altas de seis mil metros, para no perturbar a los dioses y espíritus que, según conjeturan en aquel remoto país asiático, podrían morar allí (la religión local es el budismo vajrayana). En 2003 parece que se prohibió el montañismo en general.

El contraste con la mentalidad occidental de conquista no podría ser mayor… Como es sabido, la razón que dio el eminente escalador Edmund Hillary para explicar su deseo de ascender al Everest (domeñado por fin en 1953) fue: “Porque está ahí”. Citius, altius, fortius (“más rápido, más alto, más fuerte”) es la frase pronunciada por el barón Pierre de Coubertin en la inauguración de los primeros Juegos Olímpicos de la Edad Moderna (Atenas 1896); también es un buen lema si se trata de captar la hybris del capitalismo desembridado. No se pueden reconocer límites a los empeños humanos, ya sean razonables (eliminar la pobreza), cuestionables (maximizar el PIB) o contraproducentes (establecer una base en Marte). No limits, nos martillean esos versículos sagrados que propina a todas horas la propaganda comercial metropolitana. Que siga la juerga…

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Tres razones por las que la crisis ecológica debería ser portada

Europa asume su propia parálisis en materia medioambiental durante la crisis

El 19 de agosto, en pleno retiro veraniego, conocimos la noticia de que el planeta había entrado en déficit ecológico. La información pasó desapercibida cual rodadora del desierto en una peli del Oeste, llegó y se fue con un soplo de viento. Sin embargo, como las plantas rodadoras, fue esparciendo sus semillas por el camino, semillas que son preguntas que, más pronto que tarde, tendremos que responder ¿Sabemos qué significa realmente esto del déficit ecológico? ¿Qué implicaciones tiene? ¿Es un camino de no retorno? y sobre todo, ¿qué podemos hacer para superarlo?

El 19 de agosto la huella ecológica de la humanidad, es decir, nuestro impacto sobre el medio ambiente, superó la capacidad del planeta para regenerar lo que consumimos y absorber lo que desechamos. Entramos en “déficit ecológico”, lo que significa que producimos y consumimos por encima de nuestras posibilidades ecológicas.

Este déficit se calcula anualmente y lo grave es que cada año la fecha clave de déficit ecológico llega antes. 1986 fue el último año en el que el conjunto del planeta fue capaz de (re)generar y asimilar tantos recursos ecológicos como los que consumió y desechó. Desde entonces no hace sino menguar la capacidad de recuperación del planeta ante nuestra pisada implacable. En 1995 el día del déficit llegó el 21 de noviembre; en el 2006, el 9 de octubre, y este año el 19 de agosto. El planeta soporta cada vez menos la búsqueda del crecimiento infinito.

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Debates en torno al decrecimiento: por favor, toquemos tierra

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La Junta inicia el estudio de las aportaciones públicas a la Ley de Movilidad Sostenible para su inclusión en el texto

En los últimos meses se ha generando un cierto debate entre economistas críticos y personas afines a las tesis del decrecimiento, que recientemente se ha visto reavivado con la publicación del Manifiesto Última Llamada. Este diálogo entre las posiciones “socialistas” -con su objetivo de justicia social-, y las “ecologistas” -con su preocupación por los límites del planeta- es, sin duda, uno de los retos intelectuales más necesarios en este principio de siglo. Sin embargo, da la impresión de que se está llegando a un callejón sin salida, puesto que las posiciones se vuelven cada vez más enconadas sin que se avance ni se aporten reflexiones valiosas.

Tengo la sensación de que en este debate buena parte de las discusiones son semánticas, pues cuando unos y otros hablan de energía, crecimiento o modelo productivo, no parece que entiendan siquiera las mismas cosas.  Creo que sería muy positivo que hiciéramos un esfuerzo por dejar de lado los términos generales y  bajar  a debatir aspectos concretos y, sobre todo, dar ejemplos específicos que nos permitan avanzar en el análisis de la realidad y las salidas a la crisis ecológico-económica.

Por ejemplo, ante la crisis energética que vivimos se habla de crecer económicamente a base de sustituir actividades intensivas en el uso de la energía por otras, lo cual es, obviamente, muy interesante. Sin embargo, esto que es obvio como generalidad, se vuelve una cuestión mucho más relativa cuando descendemos a los casos concretos.

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