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Cataluña nos invade

Una invasión planificada avanza devastando lo invisible

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Bárcenas atribuye a los "administradores" del PP la responsabilidad ante Hacienda

Luis Bárcenas, extesorero del PP. EFE

La dosis de Catalunya va en aumento. No hay corrupción, ni pobreza, ni subida de la luz que se le resista. Observo flipando cómo el informativo de la televisión pública consume minutos y minutos con el tema catalán, en un día sin grandes novedades, mientras la “abrumadoramente acreditada” caja B del partido del Gobierno queda reducida a escasos segundos al final del noticiario. No ha ido ni en titulares. Algo parecido veo después en la prensa del día siguiente.

“Y peor que se va a poner”, dice mi compañero de mesa, en un restaurante donde antes se hablaba mucho de fútbol, pero ahora ganan por goleada los expertos en Puigdemont y en el 155. Más gente, más encabronada, más visceral. Veo Catalunya hasta en la sopa, no sé si boba, a la espera del anunciado choque de trenes, de la anunciada declaración de independencia y de la anunciada intervención de la comunidad autónoma. 

Los del movimiento unilateral independentista están de enhorabuena. Suyo es el protagonismo. Los que quieren que nada se mueva con las corrupciones, la precariedad y demás miserias, también. Suya es la oscuridad del segundo plano que los hace pasar prácticamente inadvertidos. Al final de la pesadilla, haremos recuento del retroceso en libertades y del desgaste en la lucha por una sociedad más digna y regenerada que toda esto está suponiendo. Hoy la fuerza se va agitando banderas.

Para muchos es desolador ver al país enfrascado en el debate territorial, mientras casi un 30% de su gente está en riesgo de pobreza. Cuando hay dos millones de pobres más que al inicio de la crisis y España sustituye a Grecia encabezando el déficit de la Unión Europea. Cuando Montoro asegura que el gasto social sube, pero baja, y envía a Bruselas el mínimo histórico en gasto público de Educación y Sanidad, mientras Cáritas le recuerda que sigue recortando la ayuda a los más desfavorecidos.

Al 70% de las familias no les ha llegado la “recuperación económica”. Y en esto hay de Barcelona, de Madrid o de Badajoz. Decía un portavoz de Cáritas que “aunque haga frío, ningún pobre va a pedir ayuda envuelto en ninguna bandera”, por lo que “es necesario luchar para que los que menos tienen también sean visibles”. Será cada vez más difícil, si parece que solo lo de Catalunya nos invade.    

Seguirá habiendo motivos para hablar de la pobreza, de la desigualdad de los recortes. Para recordar a los invisibles. A ellos y también al desaparecido Pujol, a Mato, a Matas, a Rato, a Luis el cabrón. Su caja B, sus sobres, sus bolsas cargadas de billetes, su dinero negro que no aparece. Su patria, su Suiza, su Andorra y su dignidad, que nunca la veremos, porque no la tienen. 

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