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España, agosto de 2016: el fin del teatro de lo absurdo

El presidente del Gobierno en funciones, Mariano Rajoy

Euprepio Padula

Desde la calma de agosto he pensado en los meses que hemos vivido de política y falsa-política, de elecciones repetidas, negociaciones frustradas o nunca empezadas, y de repente he visto la situación española como el reflejo más claro del teatro de lo absurdo. En las obras de Beckett y Ionescu los personajes cambian de sexo, personalidad o estatus; la trama es a menudo circular y muchas veces no lleva a ninguna parte. Utilizan un lenguaje sin sentido que lleva a malentendidos entre los propios personajes y los diálogos evasivos crean un efecto cómico, ridículo y demuestran los límites del lenguaje y la comunicación. Las obras tienen en común la presentación de una realidad grotesca y una falta de división clara entre fantasía y realidad. ¿No os suena esto a lo vivido en los últimos meses en España?

Por fin este jueves, tras consultarlo con su almohada, con la pesadilla de su “amor de verano” (como yo lo defino) o “comienzo de un gran amor” -Hernando dixit- y quizás con alguien más, Mariano Rajoy nos ha dado lo que todos pedíamos: una fecha para la sesión de investidura. Todos la auguran fallida para el 30 de agosto y que posteriormente será votada el 31 en primera instancia y el 2 de septiembre en segunda. Tras habernos asegurado el pasado miércoles que en su Comité Ejecutivo no se había hablado de las condiciones impuestas por Ciudadanos, al día siguiente, el presidente en funciones dio por fin la fecha; “date nobis”, que dirían los latinos. ¡El cinismo de Rajoy no tiene límites! Maquiavelo y Andreotti se quedan cortos frente al tacticismo diabólico y al manejo de los tiempos del pontevedrés.

¿Pedro Sanchez quería una fecha? Pues bien, ya la tiene. ¡Y vaya fecha! No solo sabe cuando tendrá que reiterar sus 'no es no', sabe también que unas hipotéticas nuevas elecciones se celebrarían el día de Navidad. Un gran regalo que Rajoy nos hace proclamando a los cuatro vientos que Pedro Sánchez sería el Papá Noel de 36 millones de españoles llamados a las urnas. Ni la mala malísima de 'Dinastía', Alexis Carrington, hubiera podido ser tan retorcida como para poner al líder del PSOE ante semejante reto.

Sánchez frente al espejo: la jugada de Rajoy

O Rajoy está muy seguro de que al final saldrá elegido a principios de septiembre o tiene las ideas muy claras respecto a que unas terceras elecciones en Navidad le permitirían comerse los polvorones con mayoría absoluta. También puede someterse a una investidura fallida para a continuación, tras las elecciones vascas y gallegas, acudir a una segunda si es que el PNV necesitara al PP para gobernar en Vitoria. De esta forma, ya con 175 escaños, rozaría con los dedos la mayoría absoluta. Lo que parece claro es que la elección de la fecha no ha sido en absoluto casual. Se le ha “escapado” a García-Albiol, uno de los bocazas más sinceros y honestos del PP con un tweet muy explícito: “A ver si @Sanchezcastejon tiene narices de enviar a 36 millones de españoles a repetir elecciones el día de Navidad”.

Albiol nos dice que Rivera y Rajoy, Rajoy y Rivera, han diseñado una fecha que condena a Sánchez a pagar los platos rotos de una tercera convocatoria. O al menos eso es lo que creen que ocurrirá si finalmente vamos a votar con el árbol y las luces de Navidad puestas.

Pedro pagará la fiesta

Si el secretario general del PSOE está dispuesto a llevar a España a esos terceros comicios en Navidad, será él quien pague regalos y comilonas y quien asuma la responsabilidad ante los españoles, la Unión Europea y la comunidad internacional de someter a un país al récord mundial de convocatorias electorales en un año. Y es que, a pesar de un tranquilo verano entre Ibiza y Almería, Sánchez tiene un notable problema. Se enfrenta ya a 170 escaños (si computamos a la diputada de Coalición Canaria, Ana Oramas) y no a 137. Es decir: Rajoy ha hecho sus deberes, precisamente los que pedía el líder socialista. No son suficientes los escaños pero se ha acercado a la meta. Pero el profesor de economía madrileño y flamante exjugador de baloncesto sigue enrocado en su 'no'. Cree que es su único salvavidas frente a la espada de Damocles de la derrota interna. Un 'no' que fue autorizado el pasado mes de diciembre por su Comité Federal, sí, pero en una situación completamente diferente. Ahora las cosas han cambiado y la discusión no radica entre un 'sí' a Rajoy o una abstención.

El debate estriba ahora, de forma clara y directa, entre si se quiere o no unas terceras elecciones. Una decisión sobre la que creo que es inevitable que el Comité Federal del PSOE se pronuncie. Más aún cuando ese fatídico 30 de agosto llegue, cuando el líder socialista tendrá primero que fijar la posición de su Ejecutiva, defenderla posteriormente ante ese Comité Federal que hoy se obstina a no convocar y, finalmente, someterla a una tensa votación. Y solo después, si mantiene su posición de no abstenerse bajo ningún concepto, ofrecer una alternativa o verbalizar que está dispuesto al duro reto de volver a llevar a los españoles a las urnas.

Gobierno de progreso: ¿un nuevo intento?

La alternativa que sí existe: que Sánchez proponga un Ejecutivo alternativo con Unidos Podemos y apoyos nacionalistas. Los barones, callados hasta la fecha por sus propios intereses -que no por lealtad a su líder- tendrán que mover ficha. Ya no podrán seguir en un letargo que ya apesta.

Muchos piensan que la estrategia del secretario socialista es la de esperar hasta el final, que siga fracasando Rajoy y que ya no teme unas terceras elecciones. Yo creo que si es así, debería decirlo. Lo que ha llevado el PSOE a la doble derrota electoral es especialmente la falta de unión interna. Demostrar que hay una estrategia es algo clave para el PSOE en este momento, aunque sea unas elecciones el día de Navidad. Sánchez quiere ser el líder de la oposición y lo ha dejado claro pero mucho me temo que si al final Rajoy consigue de alguna manera gobernar, con la táctica elegida por el candidato socialista podría ganar en una cancha de baloncesto pero no en la cancha del PSOE, y mucho menos en el Congreso.

El PSOE es un gran partido y uno de los pilares de la sociedad española y no puede seguir esperando a Godot. Y es que Godot, como nos enseña Samuel Beckett, no existe. El teatro de lo absurdo en el que se ha convertido la política española debe encontrar un final. Y tiene que ser feliz, por el interés de todos los ciudadanos.

Sánchez y el PSOE tienen que decidir ya: o terceras elecciones en Navidad o proponer una alternativa. En los dos casos es clave que el partido se una en un reto que decidirá el futuro del partido. ¡El silencio ya no vale!

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