Andy Burnham ha ganado por goleada el escaño que necesitaba para batirse contra Keir Starmer: ¿y ahora qué?
Diez años después del Brexit, el Reino Unido sigue atrapado en un círculo vicioso de descontento y crisis política. No han pasado ni dos años desde su histórica victoria en las elecciones generales, pero el Partido Laborista afronta ahora la lucha para cambiar de líder del partido y del país en un intento de frenar a la extrema derecha.
Andy Burnham, hasta ahora alcalde de Manchester y recién elegido diputado, aspira a sustituir a Keir Starmer en las próximas semanas. Sería el séptimo primer ministro desde 2016, cuando David Cameron dimitió horas después del referéndum que sacó al Reino Unido de la Unión Europea.
Burnham arrasó este jueves en las elecciones parlamentarias en Makerfield, un distrito rural y antiguamente minero del norte de Inglaterra, entre Liverpool y Manchester. Su principal rival era un concejal de Reform, el partido de extrema derecha de Nigel Farage, que, en cambio, había ganado de manera contundente en las elecciones locales del 7 de mayo en esta zona.
La victoria por más de 20 puntos de Burnham en unos comicios con participación alta refuerza su posición. En campaña, el laborista fue explícito sobre su plan de volver al Parlamento nacional para presentarse contra Starmer, impopular y tocado por las derrotas en las elecciones locales. Solo los diputados pueden ser candidatos al liderazgo del partido y del país.
Burnham vuelve al Parlamento –ya fue diputado entre 2010 y 2017– con la promesa de “cambio” después de décadas de declive para lugares como el deprimido norte de Inglaterra, y de unidad para evitar que el Reino Unido acabe tan fracturado como Estados Unidos por el ascenso de la extrema derecha.
Según él, su victoria contra Reform y Restore Britain, los dos partidos de extrema derecha que le disputaban el escaño, muestra que los británicos rechazan los mensajes ultras y están dispuestos a unirse contra ese bloque. En Makerfield, los partidos de centroizquierda e izquierda que competían con los laboristas sacaron menos del 1% de los votos.
“Anoche había un riesgo de que el Reino Unido y la política de nuestro país avanzaran hacia un camino de más oscuridad y división, y acabaran como Estados Unidos, donde la gente no se habla en la calle o en el trabajo si vota de manera diferente”, dijo Burnham este viernes en un discurso frente a seguidores de su campaña en el campo del Ashton, el equipo de fútbol local.
También destacó como prioridades asuntos que pueden importar a esa comunidad postindustrial: hacer más asequibles las necesidades básicas, poner más dinero “en el bolsillo” del consumidor y valorar la educación técnica no universitaria. Dijo, por ejemplo, que utilizará la contratación pública para ofrecer trabajos en prácticas, en particular a los adolescentes: “Garantizo una plaza de prácticas para todos los jóvenes de entre 16 y 18 años que la quieran”.
¿Y ahora qué?
La cuestión es cuándo y cómo se lanzará el hasta ahora alcalde de Manchester. Antes de la votación, el equipo de Burnham aseguró que dejaría una tregua de 72 horas después de la victoria anunciada este viernes a las tres de la madrugada.
Sobre las seis de la mañana, Starmer felicitó en público a su antiguo aliado y aseguró que hablará con él por teléfono este fin de semana. Para este lunes, cuando Burnham tomará posesión del escaño, se espera que esté claro el plan para un verano intenso.
Burnham y otros rivales de Starmer, como el exministro de Sanidad Wes Streeting, prefieren que el actual primer ministro dimita o anuncie un calendario de salida en lugar de lanzar unas primarias abiertas que podrían prolongarse durante meses y debilitar todavía más al Partido Laborista. Pero Starmer repite que se quedará en el puesto para el que fue elegido en julio de 2024 con mayoría absoluta en la Cámara de los Comunes.
“Espero que considere una transición ordenada y bien gestionada”, dijo Louise Haigh, una de las líderes de la campaña de Burnham y exministra de Transportes (Starmer la obligó a dimitir por declarar como robado un móvil de trabajo que no lo fue en 2013).
La actual ministra de Transportes, Heidi Alexander, le pidió este viernes en privado a Starmer que anuncie un calendario para su renuncia, según el Financial Times. El miedo a que dimitan varios ministros como protesta es un factor más de presión para Starmer. La ministra del Interior, Shabana Mahmood, ya le pidió que se marchara en mayo.
Fuentes laboristas aseguran a The Guardian que incluso ministros leales hasta ahora a Starmer le están sugiriendo que se marche y que, si el primer ministro no anuncia su dimisión inmediata o en diferido, habrá “una intervención” de varios ministros contra él en la reunión de gabinete el próximo martes.
Si Starmer se queda…
Cualquiera que quiera lanzar unas primarias para abrir la carrera por el liderazgo del partido necesita los votos de 81 diputados, es decir, el 20% del actual grupo parlamentario, más el respaldo de sindicatos y otros grupos afiliados al partido. Si Starmer no se retira, sería candidato de manera automática sin necesidad de reunir esos apoyos.
Mientras haya más de un candidato, después de la votación de los parlamentarios, la decisión pasa a los afiliados al Partido Laborista, que tiene ahora un censo de unas 250.000 personas. El proceso de votación depende del partido, pero en anteriores ocasiones ha durado unos tres meses. En este caso, el partido podría intentar comprimir el calendario. En otoño del año pasado, la sustitución de la número dos del partido, la dimitida viceprimera ministra Angela Rayner, se hizo en seis semanas.
Si Starmer se va…
En los 126 años de historia del partido, ningún primer ministro laborista ha sido desafiado de manera formal en unas primarias mientras estaba en el cargo, a diferencia de lo que sí ha pasado varias veces en el Partido Conservador.
En el caso de los laboristas, la sustitución de Tony Blair por Gordon Brown en 2007 fue lo más cercano a una revuelta parlamentaria, pero entonces no se llegó a votar y Blair le cedió el puesto a Brown según el acuerdo no escrito que tenían desde hace años. No hubo otros rivales, y el cambio se resolvió en tres días.
Burnham y otros laboristas sugieren que Starmer podría sugerir ahora un calendario a su medida, tal vez después de la cumbre del Reino Unido con la Unión Europea, prevista para el 22 de julio. El equipo de Burnham aspira, en todo caso, a que si hay un acuerdo haya una transición antes del congreso anual del Partido Laborista, previsto para el 27 de septiembre en Liverpool, el lugar natal del aspirante a primer ministro.
Si hay más candidatos...
Este mayo, Streeting dimitió como ministro de Sanidad con la intención de presentarse contra Starmer y hay otros posibles candidatos interesados en el puesto. Si más de un aspirante logra los apoyos necesarios de los diputados, se celebraría una votación entre los militantes. Si solo hay un candidato, el voto no sería necesario.
Burnham puede convencer a potenciales rivales de que no se presenten contra él con la promesa de un buen puesto en el nuevo Gobierno que aspira a formar. El cargo más poderoso en cualquier gabinete más allá del primer ministro es para quien ocupa el Ministerio de Economía y Hacienda. Streeting y Ed Miliband, el antiguo líder del partido y ahora ministro de Energía, han mostrado interés por el cargo.
Burnham también puede recuperar a Angela Rayner, que anunció en mayo el cierre de un expediente de Hacienda que la empujó a dimitir el año pasado. La exprimera ministra, también del norte de Inglaterra, tiene apoyos en el partido como posible candidata a líder, aunque ella misma parece haber dado un paso atrás en las últimas semanas.
¿Y después?
Lo que no está muy claro es qué diferencia habría de programa o consecuencias para el país de un nuevo Gobierno laborista liderado por Burnham. En mitad de la madrugada este viernes, el victorioso laborista dijo: “Todo el mundo sabe que la política no está funcionando. Todo el mundo siente que el país no está donde debería”. Su retórica recuerda a la de Starmer al llegar al poder.
Él y Starmer fueron aliados hace una década (Starmer le apoyó en su fallido intento de ser líder, en 2015) y se han sentido outsiders en el partido, al que llegaron después de haber vivido de jóvenes las victorias laboristas con Tony Blair y el auge del centrismo en los años 90. Burnham tiene 56 años y Starmer, 63.
Sus ideas sobre la necesidad de nacionalizar los servicios públicos son similares –aunque Burnham quiere ir más lejos, incluyendo el agua o la vivienda además de los trenes y la energía, un proceso ya en curso—. También coinciden en políticas para contener la inmigración y acercarse más a la Unión Europea pero sin abrir ahora el debate de la adhesión.
La principal diferencia es que Burnham es del norte de Inglaterra, donde la extrema derecha está creciendo, y es alabado a menudo por su gusto por relacionarse con la gente y su capacidad de transmitir cualquier mensaje con empatía.
Ambos vienen de familias de clase trabajadora, aunque la de Starmer sufrió más percances por la salud de su madre y de su hermano. El actual primer ministro, que a diferencia de Burnham fue el primero de su familia en ir a la Universidad, llegó más lejos en su carrera profesional.
Burnham, graduado en Literatura y muy pegado a su comunidad, tiene poca experiencia internacional y menos bagaje que Starmer, abogado especializado en derechos humanos y legislación europea que llegó a ser el jefe de la Fiscalía en los años de Blair.
La cuestión para cualquier líder es si logrará mejorar de manera visible y rápida el país, tocado por la salida de la Unión Europea y sumido en un declive que se nota especialmente fuera de Londres.
Burnham es ahora el político laborista en activo más popular, pero las opiniones negativas sobre él han crecido desde que se presentó para el escaño de Makerfield con la intención de ser primer ministro. El 41% de los británicos tiene ahora una opinión desfavorable sobre Burnham, es decir, 10 puntos más que hace un mes, según los últimos datos de YouGov. Cerca de un 30% tiene una opinión favorable sobre él.
En todo caso, la mayoría de los ciudadanos, y también de quienes se identifican como votantes laboristas, creen que Starmer debe dejar de ser primer ministro.
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