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Estafadores preferentes

El saqueo de las preferentes es la expresión, acabada y sangrante, de la mezcla de especulación, codicia e infamia con la que han gestionado algunas cajas de ahorros algunos cargos políticos de probada incompetencia

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IU aboga por sentar a Rato en el banquillo en lugar de sacarle zapatos

El expresidente de Bankia Rodrigo Rato, durante su comparecencia en el Parlament de Cataluña. / Efe

El mismo día que Rodrigo Rato decía que no le constaba que a ningún cliente se le hubiera obligado a firmar las preferentes, hemos sabido que la antigua Caja Madrid ha sido condenada por colocar una preferente a una persona invidente, analfabeta y de 72 años de edad.

Se dice en la sentencia que el estafado no tenía el perfil de inversor adecuado cuando le endosaron el robo, en 2009, y que no había contratado antes productos especulativos de riesgo.

El saqueo de las preferentes es la expresión, acabada y sangrante, de la mezcla de especulación, codicia e infamia con la que han gestionado algunas cajas de ahorros algunos cargos políticos de probada incompetencia, altísimas retribuciones y cercanía al poder.

El desaguisado de Bankia –de soltera, Caja Madrid– empieza con Miguel Blesa, íntimo amigo de José María Aznar y compañero del expresidente de un pupitre muy grande, en el que también cabía el expoliador Juan Villalonga. Blesa es nombrado por Aznar, como Rato es nombrado por Rajoy. Los dos igualmente incompetentes, los dos igualmente empeñados en el saqueo de una entidad que era de las primeras del país y que ahora está para los chacales, después de haber sido, junto con otras cajas semejantes, en buena parte responsable del rescate financiero.

Un Blesa que lo mismo cobraba de Caja Madrid que del PP, al que asesoraba mientras mandaba en la entidad. Un Rato que miente al juez al decirle que no tenía relación con una entidad bancaria con la que sí tenía vinculación, como él mismo reconoció una semana más tarde ante el mismo juez y con total impunidad. Un Blesa que se va a la cárcel, un rato, pero tiene el suficiente poder –él y quienes le pusieron– como para fundirse al juez que se atrevió a encarcelarle. Un Rato que no se enteró de la crisis, que aún no ha sido capaz de explicar a los españoles su huida del Fondo Monetario Internacional a mitad de mandato y al que preguntan en el Parlamento catalán si irá a la cárcel, como ya fue su padre, por cierto.

Rato, que cobró 600.000 euros en un año, mientras el Estado tuvo que inyectar en Bankia 20.000 millones de euros de todos los españoles. Rato, que está acusado de estafa, apropiación indebida, falsedad contable, delito societario y administración desleal en Bankia, lo que no le impide ser bien retribuido  –por hacer no se sabe qué– por Santander y Telefónica.

Mientras, en la calle, vemos, un día sí y otro también, a los estafados con las preferentes protestando de mil formas distintas, contando cuentos a los clientes de CaixaNova, encerrándose en los cajeros hace unos meses, mostrando su indignación y siendo multados y juzgados por ello. Están hartos y han sido engañados. Los que vemos son jubilados, indignados, robados, que se han quedado sin sus ahorros. Una ínfima parte de los culpables del destrozo están, o han estado, un rato en la cárcel  –ahora, unos directivos de la CAM–, pero no parece que vayan a pagar por lo que han hecho ni que vayan a reparar todo el daño causado a una persona de 72 años, ciega y analfabeta.

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