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De Madrid a la nada

Jugárselo a todo o nada en la capital resulta peligroso y arriesgado. Si pierdes, te quedas sin nada y, si ganas, puedes acabar perdiéndolo todo por olvidar que gobernar en Madrid no es lo mismo que gobernar un Estado

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Viendo las volátiles e inciertas encuestas publicadas un día sí y al otro también, resulta fácil entender por qué casi todos los partidos se toman la elección de candidatos en Madrid como si se tratase de una combinación de la elección de Miss Mundo, la concesión del Premio Nobel y la nominación a los Oscar.

No vivo en Madrid pero suelo pasar por allí e intuyo que los madrileños sufren a diario unos cuantos problemas que seguramente les gustaría ver cómo alguien se ocupa de atender. No creo que se halle entre las primeras de sus preocupaciones quién va de número uno o de número dos a la Comunidad o al Ayuntamiento, o si fue elegido por primarias o a cara o cruz; y, sin embargo, casi nadie les habla de otra cosa.

Las candidatas a misses suelen desear la paz mundial, los premios Nobel reeditan su obra y los ganadores de un Oscar se acuerdan de su familia y de su mánager. Los aspirantes a candidatos en Madrid dan ruedas de prensa para opinar sobre una amplia variedad de compañeros de su partido. Un espectáculo que pierde su gracia visto media docena de veces.

A unos meses de los comicios, no se habla de cómo ha gobernado Madrid el Partido Popular, se chismorrea sobre cómo se desgobierna la oposición. Si yo fuera Rajoy, tampoco tendría prisa alguna en designar candidatos y darles una excusa para no hablar de algo que no fuera ellos mismos.

Las encuestas y el Partido Popular pronostican que, si va pasar algo en las próximas municipales y autonómicas, pasará en Madrid. Todos los demás les han comprado la predicción con fe ciega. Dedican y consumen tantos esfuerzos para ponerse al frente de la hipotética derrota de los populares en Madrid que casi parece que no pudiera suceder en ninguna otra parte.

Si todos sus competidores se aplicaran con semejante fruición y compromiso a la selección de sus candidatos en la mayoría de las ciudades y comunidades autónomas, a lo mejor podrían relajar su extenuante hiperactividad madrileña y el Partido Popular no andaría tan seguro de transitar sin grandes apuros hacia una cómoda victoria en las elecciones de mayo.

Jugárselo a todo o nada en la capital resulta peligroso y arriesgado. Si pierdes, te quedas sin nada y, si ganas, puedes acabar perdiéndolo todo por olvidar que gobernar su capital no es lo mismo que gobernar un Estado y que muchas de las cosas que se dicen en Madrid para ganar pueden conducirte a una derrota inevitable en el resto de España.

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