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Contra el mundo

Sacar a la gente a la calle resulta más fácil que llevarla a votar. A los votantes hay que darles algo más que un enemigo

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El equipo "Ahora Podemos" sobre el escenario \ Marta Jara

El equipo "Ahora Podemos", sobre el escenario colocado en la Puerta del Sol. / Marta Jara

Si la manifestación del sábado 31 de enero fue convocada para hacer temblar los pilares del sistema y provocar un adelanto electoral, no parece que lo haya conseguido ni vaya a conseguirlo. En cambio, si fue promovida para constituir el primer acto de campaña de Podemos, ha resultado un éxito indiscutible. Es la ventaja de organizar algo así, en general, a todo el mundo le vale el resultado.

El mitin de la Puerta del Sol puede aspirar sin duda a figurar en los libros de historia como uno de los más concurridos. Pero nos dice pocas cosas que no supiéramos.

Nos dice que Podemos ha dejado de ser una opción virtual, un fenómeno televisivo o una reacción visceral. Pero hace tiempo que solo un ciego podía seguir viendo únicamente eso. La prueba es que los grandes partidos habían contraprogramado la 'Marcha por el cambio', con lustrosos eventos propios, pero solo les han servido para opinar sobre Podemos y regalarle más minutos en los telediarios.

Nos dice que hay mucha gente cabreada tras estos años de sufrimiento masivo, pero no nos resuelve la duda de si será tanta como efectivamente parece. También confirma lo que cantan las encuestas: hay muchos votantes buscando una opción capaz de derrotar al PP. La gente quiere ganar, no quedar segunda.

Sacar a la gente a la calle resulta más fácil que llevarla a votar. La manifestación se acaba al final del día. El voto dura cuatro años. A los votantes hay que darles algo más que un enemigo.

Entramos en un año electoral que va a ser como el Tour de Francia. Las escapadas fulgurantes y los ataques al inicio de la jornada pueden valer para ganar una etapa, pero no la carrera. Quien dosifique mejor sus fuerzas y sepa escoger las escapadas buenas entrará victorioso en los Campos Elíseos.

Cuando estudiaba en el Instituto de Mondoñedo nos pusimos en huelga. La cosa empezó porque no encendían la calefacción, pero nos fuimos entusiasmando y ya nos pusimos a arreglarlo todo: menos exámenes, más actividades, más descansos entre aulas, un horario mejor, libros más baratos, un biblioteca, que echaran a la bruja que nos suspendía a casi todos en Matemáticas, que en Gimnasia no nos hicieran subir corriendo la cuesta de los Remedios… El programa era tan amplio que no quedó un alumno sin sumarse a la protesta.

Unos cuantos de fuera estábamos internos también en el Seminario. Cuando los curas se enteraron, fuimos interrogados de manera preventiva para comprobar el alcance de nuestra implicación. Mientras salía del despacho de nuestro tutor, que hacía de sala de interrogatorios, pude escuchar cómo le comentaba al tutor de EGB que nos manifestábamos contra el mundo y no había de qué preocuparse... Les hizo mucha gracia.

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