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Nos preguntarán qué es ganar Madrid

"Se trata de nada más (ni menos) que de construir una herramienta ciudadana que devuelva las instituciones a sus legítimos propietarios, los ciudadanos", afirma el autor

Este martes 4 de noviembre a las 19.00 se presenta públicamente la iniciativa Ganemos Madrid en el Círculo de Bellas Artes

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Tercer plenario de Ganemos Madrid, celebrado en el IES Cardenal Cisneros de la capital. \ A.R

Tercer plenario de Ganemos Madrid, celebrado en el IES Cardenal Cisneros de la capital. \ A.R

Mirar la cuenta del banco, abrir un periódico, echar un ojo a la apertura de un telediario, tratar de pagar el alquiler o la hipoteca, esperar 15 minutos el metro o cuatro meses una operación. Los malabares para pagar los libros de los críos a principio de curso, el llanto en el aeropuerto cuando ya no queda paciencia ni dinero para esperar una oportunidad que permita ganarte la vida trabajando... Es la acumulación colectiva de rabia, frustración y tristeza la que ha terminado por poner en marcha una alternativa que construye esperanza. La insoportable certeza de que, el empobrecimiento que la mayoría padecemos y que habían atribuido al dios de las crisis, va tomando cara, nombre y apellidos de culpables humanos en cada caso de corrupción.

Son cientos de entre aquellos a quienes habíamos escogido para gestionar lo de todos creyéndoles los mejores de entre nosotros. A quienes habíamos delegado la función de administrar lo colectivo lo han hecho de forma ineficaz y, a menudo, nos han robado. Han traicionado la confianza depositada en ellos, han quebrado el contrato de representación. No una vez, sino muchas. No en momentos particulares, sino en el corazón de su gestión: gobernando en beneficio propio y de los poderosos y contra los dueños de una representación que ostentaban como préstamo de la ciudadanía.

La democracia está hecha, fundamentalmente, de dos materias primas: la participación popular, directa o mediada por la confianza en los representantes electos, y el respeto a los derechos de la gente, las líneas rojas que delimitan los mínimos para que seamos ciudadanos y no siervos o súbditos. Son dos materias primas que escasean en Madrid. Y ganar Madrid significa precisamente eso: recomponer la democracia, no restañando los pedazos de lo viejo que ha quebrado, sino construyendo lo nuevo a golpe de participación y derechos, de recuperación ciudadana de la política. El monopolio de lo de todos en manos de unos pocos nos ha fallado ya demasiadas veces, ha truncado demasiados proyectos de vida y condenado a la pobreza y la tristeza a demasiados de nosotros. Nunca más la política en otras manos que no sean las de la gente. Y ganar Madrid significa también eso: recuperar la política como la actividad hermosa y vibrante en que todos participan para decidir qué hacer con lo que de todos es.

Porque vivimos tiempos en los que casi todo lo que conocimos está en crisis y esa crisis no puede convertirse en un pozo al que caemos la mayoría por la codicia de unos pocos. Porque necesitamos recuperar el rumbo colectivamente para transformar el pozo en una oportunidad para lo nuevo, para el cambio. Para construir juntos, entre todos, un proyecto de sociedad, de país y de ciudad que no puede parecerse al de cinco minutos antes del desastre, sino renacer de la voluntad colectiva de ponerlo en pie sin hojas de ruta diseñadas por quienes han cobrado en sobres, maletines o tarjetas negras, presentamos Ganemos Madrid.

Somos la generación de las plazas, que no se lleva en el DNI sino en la voluntad de construir lo nuevo, la decencia de las manos limpias y el orgullo de la cabeza alta que mira al cambio. Sabemos que la invitación a votar sin más una lista forma parte de lo viejo. La invitación es a la participación, a la elaboración colectiva de una herramienta de la gente, a que cada madrileño aporte y haga suyo el proceso de Ganemos Madrid. Queremos ser la iniciativa a través de la cual la ciudadanía le disputa a la casta las elecciones porque Madrid necesita que sea su gente quien vuelva a controlar las instituciones democráticas que hoy están secuestradas al servicio de una minoría privilegiada.

Necesitamos al Madrid que resiste. Al que lo aguanta todo, al que resistía en las plazas y al que soporta la cola del paro cada día. Y necesitamos dejar de aguantar para pasar a la ofensiva. Una ofensiva amable: la de todos contra quienes han utilizado la democracia para suplantarla, que solo consiste en invitarles a irse para recuperar lo que nos pertenece por derecho.

Nos dirán también que somos buenos chicos, que tenemos buenas ideas, que es verdad que hubo excesos, pero que no estamos preparados para gobernar porque nunca lo hemos hecho. Es falso. La experiencia de gobierno en esta ciudad y esta región solo marcan el camino que nunca más queremos recorrer: el de la cultura del pelotazo, la corrupción y la impunidad. Y la ciudadanía, escogiendo entre sí a los mejores, imponiendo la participación y la revocación como mecanismos que garanticen la lealtad al contrato de representación –tratando a los más honrados como a los más ladrones–, puede encontrar gestores mucho más honestos, capaces y eficientes que Botella, González, Carromero, Lamela, Lasquetty o Francisco Granados. Dirigentes escogidos en procesos de primarias abiertas que obedezcan el mandato de la ciudadanía que vamos a transformar juntos en programa de gobierno, pero que debe partir de una certeza: las instituciones son patrimonio de la ciudadanía y nunca más pueden estar de rodillas ante los poderosos. Solo pueden ser obedientes con sus dueños: los ciudadanos.

Decía Abraham Lincoln que la democracia es el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. No se trata de nada más (ni menos) que de eso: de construir una herramienta ciudadana que devuelva las instituciones a sus legítimos propietarios, los ciudadanos. Nadie más que nosotros y nunca más que ahora estamos en condiciones de hacer que el cambio comience en Madrid y lo protagonice la gente de abajo.

Es la tarea más descomunal y hermosa que hemos enfrentado: recuperar la democracia para recuperar nuestras vidas. Para algunos es la primera vez; para otros, la segunda.

Hagámoslo, Ganemos Madrid.

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