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Qué puede hacer ahora el 15-M (y qué se está haciendo ya)

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¿Qué pasará en las plazas de España el 15 de Mayo de 2013? Como cualquier ejercicio de futurología, la pregunta es absurda, porque vivimos en tiempos en los que lo que desconocemos pesa mucho más que lo que sabemos a ciencia cierta. Sin embargo, se permite apostar. En el tercer 15-M, el movimiento que ha tomado su nombre de esta fecha tendrá que ser una constelación de acciones tácticas e iniciativas sociales muy diversas, enarboladas por grupos que comparten unos principios comunes y utilizan técnicas cada vez más sofisticadas sin aspirar a consensos permanentes.

Lo que no podrá volver a ser es, sobre todo, un acto de afirmación colectiva, un grito para recordar a la sociedad que sigue vivo. Un movimiento en transformación como este sólo tiene una oportunidad para celebrarse a sí mismo sin caer en esa nostalgia contra la que hace meses advierten muchos de sus componentes.

La inquietud en la horas previas a las concentraciones del pasado sábado 12 sobre si la respuesta social estaría a la altura de la conmemoración es explicable en un movimiento al que se le exige constantemente que demuestre sus niveles de apoyo popular para no ser declarado muerto. Pero a esa preocupación le acompañaba otra más determinante. Una vez retomadas las plazas, ¿qué? Repetir ritos y reescenificar imágenes familiares no garantiza que la explosión de alegría que supuso el primer 15-M fuese reproducible. Hay heridas que no estaban allí hace doce meses. La frustración de las interminables asambleas, algunas deserciones significativas, el desgaste provocado, una crisis cada vez más dura y el enfrentamiento con una autoridad cada vez más inflexible. Y siempre está el peligro de convertir a los símbolos (acampadas, comisiones, gritos mudos) en reliquias, tan apreciadas como improductivas.

Tras una segunda acampada que, por encima de las cifras de asistencia, ha establecido la vigencia de un movimiento que de momento no piensa salir de escena, la cuestión importante no es ya el ahora qué, sino ¿y a partir de ahora, cómo y dónde?

Desde el comienzo de las acampadas de 2011, el activismo en Red contempló con cierto escepticismo, cuando no desesperación, algunas de las estrategias desplegadas en las acampadas, en especial la estructura de comisiones y asambleas. Txarlie, del coletivo  Hacktivistas, se reconoce como uno "de los que decia que un sistema de asambleas era demasiado limitado, y no escalable. El consenso entre asambleas no funciona, y las asambleas de barrio no representan a todo lo que es el 15-M". Para Txarlie, el modelo organizativo que debe seguir sirviendo de inspiración es el del software libre; mientras se respeten unas condiciones que marca "la licencia 15-M" --inclusividad, no violencia...--, una acción puede representar al movimiento sin necesidad de ser consensuada expresamente con otros agentes.

Por encima de las dificultades, no hay que minimizar el valor de lo conseguido en el primer año. El movimiento ha conseguido legitimarse socialmente, abrir un espacio de representación que no ocupaba ninguna fuerza institucional, e introducir muchas de sus reclamaciones en la agenda política. Y tanto en las plazas como en la Red, el 15-M se ha revelado como un laboratorio de participación ciudadana y acción política valiosísimo; una plataforma de desarrollo de iniciativas de innovación política y cívica que surgen de su caldo de cultivo.

Uno de los frentes más prolíficos, sin duda, ha sido el que tiene que ver con la transparencia y la exigencia de cuentas a los gestores políticos. Junto al efecto que ha tenido la presión del movimiento en impulsar la tramitación de una ley que estuvo en el dique seco durante casi siete años, han visto la luz iniciativas como  Tu Derecho a Saber, un servicio que media entre ciudadanos y administraciones para acortar el proceso de peticiones de información pública, o  Qué hacen los Diputados, una plataforma para vigilar la actividad de cada miembro de la Cámara.

Otra vía en la que el movimiento puede crecer notablemente es en la de la acción coordinada directa, utilizadas en las últimas horas, por ejemplo, para la cancelación de cuentas bancarias en Bankia. Las capacidades de la Red para unir a centenares de usuarios en una acción táctica a gran escala es una metodología que ofrece muchas más posibilidades de las exploradas hasta ahora.

En este sentido, la inspiración a la que todos apuntan es la  Plataforma de Afectados por la Hipoteca, que no sólo ha conseguido visibilizar la dramática situación de miles de ciudadanos, sino que a través de la acción directa ha encontrado en la paralización de desahucios una estrategia efectiva de desobediencia civil. Para el abogado  Javier de la Cueva, una de las voces más respetadas de la Internet española, "las acciones sobre las hipotecas son de lo mejor que se está haciendo, pero sería muy interesante que además sirviesen para generar una base de información: qué bancos están desahuciando, los importes de las hipotecas... todo esto puede generar información que luego puede ayudar a otros ámbitos dentro del movimiento".

Y para superar el cuello de botella que suponen las asambleas a la hora de tomar decisiones, distintas plataformas de votación distribuida y sistemas online de democracia directa se presentan como alternativas. Ya en las horas siguientes a las primeras acampadas el colectivo de innovación social Platoniq desarrolló  YesWeCamp, un 'twitómetro' que servía para canalizar a través de Twitter votaciones sobre cada punto a discutir en una asamblea. Su uso no se generalizó, pero otros sistemas más ambiciosos están en desarrollo, como  Democracia 4.0, un sistema de votación electrónica que permitiría a cualquier ciudadano ejercer su 'microcuota' de soberanía al pronunciarse sobre cualquier asunto y agregar todos los votos para representar en el congreso esas posturas.

El laboratorio político del 15-M sigue vivo y transformando al propio movimiento. Para Simona Levi, representante de la organización ciberactivista  X.net, esa evolución ya se ha dejado notar en la acampada de este año, al menos en Barcelona. "El salto cualitativo se ha hecho ya. Se han renovado las formas, y las propuestas de acción concreta y no las de máximos son las únicas que tienen adhesiones. No ha habido vetos." La asamblea funciona más como "un dispositivo de agentes diferentes que hemos aprendido a aprovechar los trabajos de unos y otros. Nos sujetamos mutuamente, pero no queremos centralizar la comprensión de todo". Levi también cree que la barrera entre analógicos y digitales se está normalizando, y se aprende a usar la Red mejor. "Ya no convocamos desde Internet salidas a la calle por cualquier chorrada".

Y al fondo del todo, están las instituciones. Una vía que siempre se ha contemplado con desconfianza, pero que quizá no es tan descartable en una Europa en que por ejemplo, la ascendencia del Partido Pirata alemán coloca en el centro del sistema a posturas que siempre se han posicionado frente a él. Javier de la Cueva es categórico. "Tenemos unas resoluciones ejemplares sobre webs de enlaces, que son referentes en todo el mundo. Esto se ha logrado desde las dos esferas, siendo abogados dentro y siendo activistas fuera. Es necesario entrar dentro de las instituciones porque se puede hacer mucho, y cambiarlas. La democracia es la institucionalización de la sociedad, y no tenemos que confundir a las instituciones con las personas que de manera arbitraria y veces obscena las están ocupando".

Foto del Flickr de Antonio Rull.

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