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Pollán se atasca en su discurso, Mañueco se instala en su programa y Martínez salda cuentas

Los candidatos a las elecciones en Castilla y León en el último debate de la campaña.

Laura Cornejo

Valladolid —
10 de marzo de 2026 21:37 h

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El segundo y último debate electoral de los candidatos de Castilla y León arrancó puntual en Radio Televisión Castilla y León y con la tensión entre PP y Vox muy patente. El candidato de Vox, Carlos Pollán, con traje azul y esta vez sí, corbata verde botella, fue el primero en intervenir con un minuto de plata olvidable por las veces que se atascó en un discurso memorizado que tuvo que consultar en el papel. Pero al abordar el primer bloque temático aprovechó para exigir disculpas a Alfonso Fernández Mañueco (PP) por haber dicho en el primer debate que Vox quería tirar a los migrantes al mar, un comentario “infame y miserable”. “Parece mentira que salga de usted cuando ha fomentado la inmigración, ¿cómo va a sentarse a pactar algo?”, amenazó. Mañueco, que había optado por empezar su minuto de plata repitiendo 'logros' y retos, no solo no se disculpó, sino que leyó un titular que decía que Abascal calificaba al Open Arms como “barco negrero” y llamaba a hundirlo. “Aquí se viene llorado, señor Pollán”, advirtió.

Los tres venían a saldar cuentas, porque el socialista Carlos Martínez, también de azul marino, con corbata casi del mismo tono que el traje, aprovechó el primer bloque para ametrallar a Mañueco con su política de incendios. Porque en ese primer debate, el tema apenas se tocó. Y había que hacerlo: un operativo que el consejero de Medio Ambiente consideraba despilfarro si se mantenía todo el año, ese mismo consejero sin aparecer en el primer incendio grave de la provincia de León porque tiene “la mala costumbre de comer” y estaba en una feria en Gijón, o Mañueco apareciendo días después porque estaba de vacaciones en Cádiz. “Cuando apareció usted en Villablino se quedó dentro del coche con el aire acondicionado”, espetó. Martínez lucía una chapa con el 'No a la guerra' con el mismo diseño que las que se lucieron a finales de los 90 por la Guerra de Irak. Si no era reciclada era exacta, y aprovechaba la baza de las simpatías mundiales que ha despertado el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, con el 'no' a una nueva guerra en Irán. Desde el primer momento, Martínez acorraló a Mañueco, que sólo podía aferrarse a supuestos logros, mientras el socialista los desmontaba.

Pollán contraatacó varias veces, no sin atascos o blancos en sus discursos, pero sin soltar la presa. Recriminó por ejemplo que Mañueco hubiese criticado la propuesta de Vox de un referéndum sobre Mercosur por consultar “también a los urbanitas”. Como si los urbanitas, dijo Pollán, no pudiesen preocuparse de la calidad y procedencia de los alimentos. Corrigió a Mañueco en un dato que dio sobre el húngaro Orban, socio europeo de Vox, del que dijo haber apoyado el acuerdo de Mercosur. “Mentira”, aseguró Pollán.

El disputado voto del señor Cayo y el bar del pueblo

No fue la única acusación de “mentiroso” que tuvo que oír Mañueco. Martínez le recordó que en el encuentro anterior presumió de una unidad de ictus en Zamora que no existe. Mañueco negaba la mayor, hasta el aumento de la deuda de Castilla y León. “No escucho”, llegó a decir. Mañueco repetía promesas mientras Martínez las desmontaba. Los platos de ducha, los bares en el pueblo...“Los pueblos necesitan algo más que eso, hay vida más allá de los bares”, decía un Martínez que incluso aprovechaba las enganchadas entre Mañueco y Pollán. “Están ustedes disputándose el voto del señor Cayo”, dijo en referencia a la novela de Miguel Delibes que retrata el abandono del campo y la corrupción política. “7 años dormido, lleva usted señor Mañueco, y su partido 40 años sin hacer nada”, respondía ante el triunfalismo de Mañueco. Martínez ignoró a Pollán, como quien espantaba a una mosca. No le dio oportunidad, no hizo aprecio o desprecio de su discurso, más allá de denostar sus afirmaciones sobre la inmigración que “satura los servicios públicos” mientras que Mañueco se aferraba a la “inmigración ordenada”, un término que sigue sin explicar.

Cuando se abordó el apartado de los pactos, el mejor resumen fue el del socialista: “usted es presidente de la Junta de Castilla y León porque pactó con Vox y usted es presidente de las Cortes de Castilla y León porque pactó con el PP”, espetó a Mañueco y Pollán. Mientras Mañueco no se pronunciaba sobre Vox, sí lo hizo sobre el PSOE: “no voy a pactar con el sanchismo”, repitió una vez más. El resultado de su pacto con Vox, recordó Martínez, fue una guerra contra los sindicatos, contra las mujeres. Y ahí profundizó Martínez, por el negacionismo de Vox o porque el PP sigue sin actualizar la Ley autonómica de violencia de género mientras Pollán daba datos que el socialista desechó “porque son todos falsos”.

Entre las tres mejores, oportunidad histórica y cambiar sofá y mantita por mesa de trabajo

“Vox no quiere pactar con nadie ¿para qué sirve votar a Vox?”, preguntó Mañueco. Pollán le recordó la diferencia entre legislativo y ejecutivo, y le reprochó que la Junta retrasase la subvención a las Cortes a su conveniencia. “Queremos gobernar con políticas concretas y proyectos concretos”, decía Pollán. “Concreto en qué”, cuestionaba Mañueco. “Concreto en todo”. Martínez, aprovechaba esos enganches para mirar a cámara y pedir a los ciudadanos que no se crean “nada”, porque de poder hacerlo, PP y Vox pactarán. No habrá regeneración democrática, dijo, porque cuando se desarrolló la Gürtel “Mañueco ya estaba allí”. El presidente de la Junta no fue capaz de negarlo.

El debate finalizó con un minuto de oro poco brillante para Mañueco, que repitió programa y lema. “Entre las tres mejores”, es la frase que más ha repetido en los últimos meses, además de las nueces que olvidó esta noche. Pollán volvió a encasquillarse cuando llegó su turno, pero fue más de lo mismo, “oportunidad histórica” y “estafa del PP y mafia del PSOE”, mientras que Martínez apostó por “cambiar el sofá y mantita por mesa de trabajo”, de eso depende “el futuro de Castilla y León”.

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