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Las constelaciones de satélites como las de Elon Musk ponen en jaque al mayor complejo de telescopios del mundo

Satélites cruzando el cielo nocturno sobre el observatorio de Paranal, en Chile, durante un periodo de tan solo una hora.

Antonio Martínez Ron

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Cuando los fotógrafos profesionales toman una imagen de larga exposición en el lugar donde se está construyendo el Extremely Large Telescope (telescopio extremadamente grande), en el Observatorio Paranal (Chile), el cielo aparece emborronado por el paso de decenas de satélites de empresas como Starlink, propiedad de Elon Musk. A pesar de ser uno de los cielos más oscuros del planeta, y el mayor complejo de telescopios del mundo, este lugar ya está siendo gravemente afectado por la contaminación lumínica, y lo peor está por venir, según un nuevo estudio del Observatorio Europeo Austral (ESO).

En la actualidad, el número de satélites artificiales en órbita ronda los 14.000, pero la industria aeroespacial ha propuesto o solicitado permisos para lanzar más de 1,7 millones de satélites adicionales en los próximos años. En un trabajo publicado en la revista Astronomy & Astrophysics, el astrónomo Olivier Hainaut analiza mediante simulaciones cuáles serán las consecuencias de este crecimiento exponencial y concluye que los planes actuales de la industria espacial tendrán “consecuencias devastadoras para la astronomía”.

A través de modelos virtuales y simulaciones del impacto en instrumentos clave como el VLT (Very Large Telescope) y el futuro Observatorio Vera C. Rubin, la investigación revela que megaconstelaciones de telecomunicaciones como la proyectada por SpaceX (de un millón de satélites) provocarían la pérdida de hasta un 28% del campo de visión en las imágenes astronómicas debido al cruce de incontables estelas luminosas. 

Durante una gran parte de cada noche, cientos de satélites serían visibles y, en ciertos momentos, hasta varios miles, similar al número de estrellas que podrían observarse a simple vista bajo buenas condiciones. Otras constelaciones de satélites previstas, como el Cinnamon, de E-Space, y el CTC-1 y 2, de China, añadirían cientos de miles de satélites más en órbita, agravando el problema. “Los satélites, iluminados por el Sol, son mucho más brillantes que galaxias lejanas”, señala Hainaut. “Cuando un satélite cruza lo que observamos, deja una estela brillante en nuestra imagen, arruinando la observación de lo que sea que esté detrás”.

Satélites que reflejan la luz solar

El estudio también alerta del peligro extremo que suponen las nuevas empresas que proponen vender “luz solar como servicio”, como la start-up estadounidense Reflect Orbital. Si se llegan a desplegar los 50.000 satélites-espejo ultrabrillantes que esta compañía planea para el año 2035, la luz difusa dispersada en la atmósfera aumentaría el brillo general del fondo del cielo nocturno entre un 200% y un 300%. Esto transformaría enclaves privilegiados y excepcionalmente oscuros (como el desierto de Atacama) en zonas con la contaminación lumínica típica de un suburbio urbano, ocultando las galaxias lejanas y haciendo imposible la observación profunda.

Cantidad prevista de dispersión de la luz causada por los 50.000 satélites que prevé lanzar la empresa Reflect Orbital.

Las simulaciones de Hainaut asumían que ningún satélite de la empresa Reflect Orbital apuntaría su haz directamente hacia o cerca de un observatorio. Aun así, el rastro de un solo satélite espejo podría estropear una observación con una cámara como la del Observatorio Rubin. Con toda la flota de satélites Reflect Orbital en órbita, todas las imágenes de una cámara así se perderían cuando los satélites fueran iluminados por el Sol.

Cuando un satélite cruza lo que observamos, deja una estela brillante en nuestra imagen, arruinando la observación de lo que sea que esté detrás

Olivier Hainau Astrónomo de ESO y autor principal del estudio

Esto es así porque la luz de estos satélites reflectantes puede contaminar todo el cielo: producen directamente un velo de luz 'difusa', mientras que la luz de satélites más brillantes se 'dispersa' en todas direcciones al atravesar la atmósfera. Ambos efectos aumentan el brillo general del cielo nocturno. Este estudio es el primero en considerar los impactos en la astronomía debido a la contribución de las constelaciones de satélites al brillo de fondo del cielo, revelando la magnitud total de la contaminación lumínica satelital.

Un número máximo de satélites  

Para evitar este colapso visual y salvaguardar la ciencia, Hainaut ha determinado un límite crítico: el número total de satélites en órbita nunca debe superar los 100.000 aparatos, y todos ellos deben ser obligatoriamente invisibles al ojo humano (con una magnitud superior a 7). “No es un número fijo, no podemos decir que 99.999 sea bueno y 100.001 sea malo: claramente preferiría 50 000”, declara Hainaut. “Pero 100.000 causa pérdidas a un nivel similar a otras pérdidas técnicas, como fallos de equipamiento”. Sin embargo, añade, los satélites deben ser más tenues que la magnitud visual 7; si algunos de ellos son demasiado brillantes —por encima del umbral mínimo para la visibilidad a simple vista— el número total tendría que ser mucho menor.

Por eso, para que la astronomía moderna pueda sobrevivir a esta industrialización del espacio, el número total de satélites en órbita debe ser limitado. De lo contrario, nuestro acceso visual al universo profundo quedará atrapado tras un velo infranqueable de luz y chatarra espacial. “La astronomía genera un enorme valor para la humanidad, incluyendo aspectos científicos, técnicos, económicos y educativos, y nos ayuda a entender nuestro lugar en el Universo”, afirma, Xavier Barcons, director general de ESO. “El gran número de satélites planeados en órbita baja terrestre desafía esa capacidad, subrayando la necesidad de limitar futuros lanzamientos de satélites y que la comunidad astronómica, la ingeniera y las personas responsables de operar los satélites, además de otros actores, trabajen juntos para adoptar medidas estrictas de mitigación”.

“La órbita baja de la Tierra es una orilla celeste que aporta un valor inmenso a la vida moderna, desde la conectividad global hasta nuestro acceso claro al universo” concluye Hainaut. “Sin embargo, debemos gestionar la huella de mega-constelaciones —desde la contaminación lumínica, que afecta a la astronomía, hasta los efectos atmosféricos de la reentrada satelital— para asegurar que este recurso permanezca prístino y accesible para las futuras generaciones”.

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