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La policía del mal gusto

DK

El pasado 30 de noviembre el Diario Granma, órgano oficial del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, publicaba una entrevista con Orlando Vistel Columbié, presidente del Instituto Cubano de la Música, en la que hablaba de la “altísima sensibilidad” de la mayoría del pueblo cubano cuando advertía “que se le quieren homogeneizar en patrones ajenos, que vulneran los más elementales principios de la ética”.

Preguntado por esos “fenómenos contraproducentes y transgresores”, el señor Vistel concretaba un poco más y se refería a “textos agresivos, sexualmente explícitos, obscenos, que tergiversan la sensualidad consustancial a la mujer cubana, proyectándola como grotescos objetos sexuales en un entorno gestual aún más grotesco. Todo ello en soportes musicales cuestionables o de ínfima calidad, donde impera el facilismo y la falta de rigor formal”.

Escamado, o confuso, el entrevistador le preguntaba: ¿estamos hablando del reguetón? A lo que el señor Vistel contestaba que no se trataba exclusivamente del reguetón, ya que hay muchas “prácticas musicales” en las que pueden encontrarse “expresiones vulgares, banales y mediocres”. Pero terminaba reconociendo que sí, que “en el reguetón esto es mucho más notorio”.

Ante este fenómeno, el Instituto Cubano de Música había decidido tomar cartas en el asunto y descalificar profesionalmente a “aquellos que violen la ética en sus presentaciones” o incluso aplicar “severas sanciones a quienes desde las instituciones propician o permiten estas prácticas”.

El Instituto Cubano de Música está en la actualidad “enfrascado en un proceso de depuración de los catálogos artísticos” para “erradicar cualquier práctica que por su contenido se aparte de la legitimidad de la cultura popular cubana”.

Y no sólo eso. Las autoridades musicales cubanas van a intentar que “en los espacios recreativos y turísticos, y por supuesto en la radio y la televisión, haya una presencia representativa de lo mejor de los catálogos de nuestras instituciones”.

El señor Vistel terminaba la entrevista reconociendo el derecho de cada uno a “escuchar en su privacidad la música que desee”, pero advertía que esa libertad no incluía “el derecho de reproducirla y difundirla en restoranes y cafeterías estatales o particulares, ómnibus para el transporte de pasajeros y espacios públicos en general”.

Una vez publicada la entrevista, al diario español Abc le faltó tiempo para titular “El régimen cubano quiere acabar con la vulgaridad del reguetón”.

Aparentemente, esta medida del Instituto de Música Cubano es otro atentado más contra la libertad individual de los cubanos, pero antes de dar carpetazo al asunto desde la supuesta autoridad que nos da nuestra buena conciencia, pensemos qué sucede aquí, en nuestro país, con la ley antitabaco.

Claro, responderá alguien: pero es que el humo es muy molesto y perjudica a la salud.

Por supuesto. Pero... ¿no podría decirse lo mismo del reguetón, que contamina acústicamente el aire y perjudica la salud mental?

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