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Las cooperativas agroalimentarias y la responsabilidad social corporativa

Vista de la Cooperativa Ganadera del Valle de los Pedroches (COVAP).

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Las cooperativas son sociedades constituidas por personas que se asocian para la realización de actividades empresariales, encaminadas a satisfacer sus necesidades y aspiraciones económicas y sociales, con una estructura y funcionamiento democrático. El papel de las cooperativas en la economía agraria y en el mundo rural español es fundamental.

Por un lado, permiten aumentar el poder de negociación y mejorar la competitividad de muchos agricultores y ganaderos en un mercado cada día más difícil y globalizado. Por otro, las cooperativas no sólo mejoran la posición negociadora tanto hacia los clientes como hacia los proveedores, sino que aportan servicios como la formación, la información a sus socios, la introducción de nuevas tecnologías y la difusión de conocimientos que mejoran la eficiencia productiva de las explotaciones asociadas.

Desde las cooperativas se acerca la innovación al mundo rural y, al mismo tiempo, se añade valor a los productos mediante la transformación y acondicionamiento de los mismos, consiguiendo que los márgenes beneficien a los propios agricultores y ganaderos.

El cooperativismo agrario responde de una manera muy eficaz a los nuevos retos que demanda la sociedad actual y que van más allá de satisfacer las necesidades nutricionales propias de cualquier alimento. Los consumidores demandan, además, alimentos que garanticen la seguridad alimentaria, de alta calidad, comodidad y manejo y medios de producción respetuosos con el medio ambiente y el bienestar de los animales.

Las cooperativas están en condiciones de ofrecer respuesta a estas exigencias, debido a su privilegiada posición de puente que vincula la producción, la transformación y la comercialización en las mismas manos. Todas las políticas implantadas por el cooperativismo agrario de cara al futuro giran en torno a satisfacer las demandas del consumidor actual. 

Queda claro que, sólo los agricultores y ganaderos más organizados y formados van a poder mantenerse en un mercado globalizado, más competitivo y exigente, donde la demanda continuará su proceso de concentración, al igual que los principales suministradores de inputs agrarios. Hay que destacar el importante papel de las cooperativas en el desarrollo rural, ya que son a menudo las únicas empresas ubicadas en las zonas rurales y generan mucha más actividad económica que la propiamente circunscrita a sus socios y trabajadores. Además, están vinculadas al medio rural de forma continuada y su permanencia está garantizada por su propia naturaleza, ya que sus socios y dirigentes son agricultores y ganaderos de las zonas de producción donde las cooperativas están establecidas. En definitiva, las cooperativas producen riqueza en y para el medio rural y, socialmente, generan empleo fortaleciendo así el tejido rural.  

La razón de ser de la Responsabilidad Social Corporativa es el desarrollo de un vínculo de compromiso entre la empresa y la sociedad que convierte a la corporación en una pieza proactiva de un inmenso puzzle. Una pieza consciente de todo el valor que puede aportar a la sociedad.

En español, se habla habitualmente de Responsabilidad Social Corporativa (RSC) o, quizá de una traducción más perfecta y menos calculada del inglés, RSE (Responsabilidad Social de las Empresas).

La responsabilidad social se ha convertido en uno de los factores más importantes para medir el desempeño de una organización y esto se aplica a todos los sectores de la sociedad. La responsabilidad social es el deber legal y voluntario de una organización de considerar el impacto social y ambiental de sus decisiones y actividades. Una estrategia de responsabilidad corporativa describe las formas en que una organización contribuye al desarrollo sostenible, se relaciona con sus partes interesadas y se comporta de manera ética.

Implementar un plan de Responsabilidad Social Corporativa ofrece una suma de interesantes beneficios, no solo para la sociedad y el medioambiente, sino también para la cooperativa que lo pone en marcha.

Existe una línea muy fina entre la Responsabilidad Social Corporativa (RSC) y la Responsabilidad Social Empresarial (RSE). La principal diferencia está en el emisor de estas acciones. Hablamos de RSC cuando estas iniciativas son promovidas de forma global por la organización, mientras que las acciones de RSE se aplican a una actividad empresarial concreta. Sin embargo, ambas comparten fondo y forma y tienen impacto tanto en el negocio como en el posicionamiento de la marca.

Son las cooperativas las que han de impulsar la responsabilidad social y la sostenibilidad, abarcando todas las cuestiones medioambientales, económicas y sociales a tener en cuenta por aquellas entidades del sector que tengan la inquietud de redactar un informe y una memoria de RSC. Para ello, han de seguir las pautas que marcan los estándares GRI internacionales de sostenibilidad, rigor, credibilidad, periodicidad y verificabilidad (Global Reporting Initiative o GRI, en sus siglas en inglés)

La elaboración de informes conforme a los estándares GRI permite que una entidad, en este caso, una cooperativa de la industria agroalimentaria, establezca unas directrices y unas herramientas para la planificación, medición, evaluación y comunicación de los avances e impactos sociales, económicos y ambientales de una organización.

Las cooperativas desarrollan su actividad con un marcado compromiso medioambiental, participando voluntariamente en normativas de sostenibilidad y transparencia. Un compromiso y una apuesta por una agricultura responsable, sostenible y beneficiosa económica y ecológicamente.

Las cooperativas realizan inversiones en implantación de medidas conjuntas para reducir y mitigar el impacto medioambiental, luchar contra el cambio climático, mejorar la eficiencia energética, instaurar la economía circular, el reciclado de los productos, la reducción de plásticos, la eficiencia en el transporte, las cadenas cortas de suministro, la eficiencia de los procesos o el bienestar y salud animal, por poner algunos ejemplos.

Todo ello se traduce en sostenibilidad económica, ya que las cooperativas mejoran la rentabilidad de las explotaciones de sus socios y socias y, además, les ofrecen servicios en la producción y comercialización. Pero también en una sostenibilidad social, creando empleo en los pueblos y frenando la despoblación, y medioambiental, a través de proyectos en eficiencia energética o economía circular.

El modelo de Economía Social al que pertenecen las cooperativas, juega un papel fundamental: Este modelo supone en España el 10% del PIB, el 12% del empleo y cuenta con 12 millones de personas asociadas, que tienen un papel fundamental en la contribución de la reducción de las desigualdades sociales y territoriales. 

La economía Social es una palanca de transformación incuestionable para abordar el cambiante escenario socio económico, marcado por nuevos sectores emergentes y también por los nuevos empleos.

Por ello, son muchas las ventajas de incorporar la RSC en las Cooperativas:

La RSC es valiosa porque permite que la sociedad asigne un valor positivo a las actividades de la cooperativa.

La RSC asegura un mejor capital humano, al existir un mayor compromiso con los valores de la cooperativa.

La transparencia y el buen gobierno corporativo permiten acceder a una financiación más equilibrada.

La RSC tiene un reconocimiento creciente en el mercado. La marca importa y esto va más allá de la marca.

La RSC tiene un reconocimiento público. Calidad, medio ambiente, recursos humanos, marketing, estrategia comercial, comunicación, compromiso con la base social…, todo tiene que ser amparado bajo un mismo paraguas de RSC.

Vivimos una nueva realidad social que implica adoptar un nuevo comportamiento estratégico a través de la Responsabilidad Social Corporativa o Empresarial (RSC), que contempla los impactos económicos, sociales y ambientales derivados de la actividad que llevan a cabo las cooperativas.

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