ANDALUCES EMIGRAOS
La guerra del presidente o la destrucción del contrapeso en democracia
ANDALUCES EMIGRAOS
El pasado sábado, después de las primeras horas en que el ataque de Estados Unidos e Israel a Irán diese comienzo, me llamó mi padre, preocupado. Quería saber cómo estaba el ambiente en el sur de California, donde vivo.
Yo recibí el mensaje sobre la arena de la playa en un particularmente caluroso día de febrero y le contesté: “No sé, papá, yo estoy en Pacific Beach, y aquí hay un montón de gente”.
Y esa es la realidad, para la mayoría de los estadounidenses que están pegados a las noticias: esta nueva guerra en Oriente Medio que ya se prevé larga es una continuación de la anterior o una previa de la siguiente. Sin embargo, y pese a los obvios comparativos históricos de la larga tradición de este, mi segundo país, de tirar bombas allá donde tiene intereses estratégicos (llámalo petróleo), este conflicto es diferente.
Antes de enviar tropas a Irak, George W. Bush buscó obtener la aprobación del Congreso de Estados Unidos, siguiendo la doctrina de la Resolución de Poderes de Guerra de 1973. Según esta ley, el ejecutivo estadounidense tiene que informar al Congreso de cualquier conflicto armado en que entre en las primeras 48 horas, y no puede durar más de 60 días, con un periodo de retirada de 30 jornadas, sin la aprobación del poder legislativo.
Dicho de otra manera, la Resolución de Poderes de Guerra divide la responsabilidad de los conflictos bélicos entre el Congreso y la Presidencia de este país.
La democracia estadounidense, en la que se han basado como modelo muchas otras en el mundo, está diseñada con los conceptos de separación de poderes ejecutivo, legislativo y judicial y de contrapeso entre los mismos. Lo que en inglés se conoce como checks and balances, algo que los padres de la Constitución estadounidense idearon como “una salvaguarda en contra de la usurpación o ampliación de una rama del gobierno a expensas de otra”.
Por su parte, Trump se ha lanzado a la piscina del bombardeo a Irán sin pedir permiso (será que el mandatario es más de pedir perdón).
Mi padre ya no quiere que escriba más de Trump, porque le da miedo que me deporten (aunque soy ciudadana y en teoría, no pueden). Yo le tranquilizo, pero en el fondo sé que un país que rompe sus propias reglas para dar poder casi absoluto al presidente, pronto puede deportar a sus propios ciudadanos
Los senadores del partido Demócrata ya están pidiendo que haya se voten en el Senado los Poderes de Guerra, algo que los republicanos ya rechazaron. Pero aunque los demócratas se están perfilando como el partido anti-guerra (algo que Trump insistió mucho en su campaña), no es oro todo lo que reluce. Y es que, la semana pasada, en la primera ronda de votaciones en el Congreso para intentar parar el conflicto con Irán, cuatro congresistas demócratas votaron en contra.
Según el líder de la mayoría en el Congreso, el republicano Mike Johnson, el presidente Trump está actuando dentro de la legalidad que su rol le permite. Es decir, le están dando permiso para hacer y deshacer las guerras que quiera sin tener que pedir permiso, y quizás tampoco siquiera perdón.
Cuando el Congreso de Estados Unidos permite al poder ejecutivo llevar a cabo una guerra sin ejercer de contrapeso, se crea un precedente de que el presidente actúe primero, y pregunte después.
Una de las consecuencias más graves que puede tener este esquive de los contrapesos es un paso más en este deslizamiento hacia un régimen autoritario en el que nos encontramos, donde el poder del presidente de Estados Unidos no sea el de un jefe de estado, sino el de un dictador.
Mi padre ya no quiere que escriba más de Trump, porque le da miedo que me deporten (aunque soy ciudadana y en teoría, no pueden). Yo le tranquilizo, pero en el fondo sé que un país que rompe sus propias reglas para dar poder casi absoluto al presidente, pronto puede deportar a sus propios ciudadanos.