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¿Hay partido para las izquierdas?

Seguimiento de los periodistas del primer debate de las elecciones autonómicas del 17M celebrado por RTVE.

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Por si la sensación tras el primer debate electoral entre los candidatos en las andaluzas dejó a las izquierdas la convicción de que había partido, ya estaba preparada la encuesta del ‘CIS andaluz’ para que el regusto de boca durara poco. Apenas unas horas después del debate en RTVE la noche del lunes, cuando ya las crónicas urgentes coincidían en lo vivo que había sido y en cómo los candidatos de izquierdas habían acorralado a Juan Manuel Moreno y que, incluso, las más benévolas con el candidato del PP a la reelección daban por certificado que no hubo ganador, llegó la encuesta de la Junta de Andalucía pronosticándole la mayoría absoluta.

Como estratagema (intuyo que meditada y cocinada a tiempo) es efectiva. Dejaba de hablarse de los papeles por el suelo y la flojera de Moreno durante el debate y echaba agua fría al entusiasmo de los candidatos de izquierdas a trece días de la cita con las urnas. Postulados como equipo bien avenido con sus matices y algunas discrepancias, devolvieron la fe a los muchos abstencionistas descreídos a que una alternativa al gobierno neoliberal andaluz es posible este 17M. Nunca en una campaña andaluza las izquierdas, siempre a la gresca entre ellas, habían mostrado tanta sintonía. Oyendo a María Jesús Montero, Antonio Maíllo y José Ignacio García y viendo a Moreno fuera de su zona de confort de procesiones, romerías y ferias, incluso los votantes de izquierdas más pesimistas podían imaginarse un gobierno de todos ellos juntos y en armonía. Es decir, de un vuelco electoral.

Lo que les ha dado credibilidad de que hay partido y dar la vuelta a las encuestas es cómo los tres han obviado la cochambre de la política nacional y se han centrado en una realidad en Andalucía: el deterioro de los servicios públicos como la sanidad, la educación y la dependencia y la dificultad de acceso a una vivienda protegida, todo ello bajo la responsabilidad del Gobierno autonómico. La crítica de las tres izquierdas es unánime: el modelo neoliberal del PP, de otorgarle confianza y dinero a la iniciativa privada para gestionar los servicios públicos, no resuelve los problemas, solo engorda a las compañías, hace crecer las desigualdades y debilita el ascensor social.

La opción está entre buscar ayuda en la privada solo en momentos puntuales, o no dotar de sanitarios suficientes las consultas y los quirófanos mientras se abren plantas enteras en centros privados para atender los enfermos de la pública

De aquí al 17M Moreno intentará convencer (ya lo hizo en el debate) que tampoco funcionó el modelo de la izquierda en la Junta de Andalucía cuando gobernaba el PSOE (con Izquierda Unida durante tres años). Para ello echa mano de datos del periodo de la durísima crisis financiera (y del ladrillo) en una época en la que también gobernaba su partido en España. Aquella crisis, como la posterior de la pandemia (donde ya era presidente), han podido repercutir en el deterioro de la sanidad pública, pero es Moreno quien lleva al frente del gobierno autonómico casi ocho años y solventarlo es su responsabilidad, como le recordó Montero.

Tampoco nunca como hasta ahora en unas elecciones andaluzas los votantes van a poder votar sobre dos modelos de la gestión de los servicios públicos con conocimiento real. Más allá de la controversia sobre conciertos con la privada sí o no, que también se hicieron en la etapa socialista, la cuestión de fondo no es esa. Lo mollar es si los servicios públicos se dejan en manos del negocio, como en Madrid, o se apuesta por invertir más en nuestros hospitales, ambulatorios, colegios y universidades para que sigan siendo la mejor opción frente al charol de los centros privados. 

La opción está entre buscar ayuda en la privada solo en momentos puntuales, o no dotar de sanitarios suficientes las consultas y los quirófanos mientras se abren plantas enteras en centros privados para atender los enfermos de la pública. O si hay menos niños, se supriman conciertos en lugar de cerrar unidades en los colegios públicos. O un modelo que te permita estudiar la carrera que quieras y no tener que acudir a la privada porque la nota no alcance, por ejemplo, para hacer Medicina, tu sueño. Un sueño que solo las familias con posibilidad económica o de endeudarse pueden cumplir si la nota no llega. O que en la comunidad con más paro, las familias accedan a centros de FP de la Junta y no tengan que pagar de su bolsillo la formación profesional de sus hijos.

María Jesús Montero apela a la memoria de quienes conocieron los tiempos socialistas en los que la sanidad era la joya de la corona y todos podían sentirse en las mejores manos en un hospital del SAS. Las tecnologías más punteras estaban en la pública. En la Costa del Sol ahora hay hospitales privados con mejores tecnologías hasta el punto que cirujanos de la pública abandonan esta para operar a sus pacientes con todas las garantías. Previo pago, claro.

La obligación de la izquierda es mantener vivo ese formato de posibilidades que da a una campaña vida de ‘thriller’. El objetivo para la izquierda es movilizar a su electorado de otras épocas

Tanto Montero como Antonio Maíllo instan a los electores a que reflexionen sobre lo que ven y viven, porque son muchos en los que ha calado que la sanidad pública en Andalucía no es tanto de fiar como antes y ha cundido que es mejor acudir a la privada. El incremento exagerado de los seguros médicos privados lo atestigua. Ese sentimiento es demoledor y un trallazo a las garantías de que el dinero no es el factor para curar una enfermedad y alargar la vida en España.  

¿Habrá partido? La obligación de la izquierda es mantener vivo ese formato de posibilidades que da a una campaña vida de ‘thriller’. El objetivo para la izquierda es movilizar a su electorado de otras épocas. El de Moreno es lo contrario, desincentivar a esos votantes. Para ello cuenta con la ola de encuestas a su favor. Y también con Vox. Le haga caso o no, Moreno se sabe presidente otros cuatro años con o sin Vox. Podría decirse entonces que no hay partido para la izquierda, aunque con sus críticas al modelo de gestión de Moreno coincida una gran mayoría de andaluces. Solo que las urnas dan sorpresas, bien lo sabe él.

Para las izquierdas en estas elecciones, ante la resignación dos caminos, o seguir en ella o plantarle cara. Una frase que Antonio Maíllo atribuye a Julio Anguita y que resume el espíritu de las izquierdas en las andaluzas. 

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