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La silenciosa -o silenciada- voz del invierno

Piden 430 ONG una operación eficaz que evite que los refugiados se mueran de frío

Un niño migrante combate el frío con una manta en su tienda en la frontera griego-macedonia cerca de la localidad helena de Idomeni. EFE

Tras la primera ola polar del año -o la primera semana de lo que siempre hemos llamado invierno-, merece la pena fijar nuestra mirada para saber cómo construimos, individual y colectivamente la imagen de esta estación y cómo enfocamos nuestra atención en carreteras, montañas, estaciones de esquí y a la sempiterna mala planificación del gobierno de turno, que deja bloqueadas a miles de personas en la carretera.

En estos días hemos hablado de las temperaturas mínimas en muchos puntos del estado, nos hemos asustado contando muchos grados bajo cero, discutido el motivo por el que en algunas ciudades la sensación térmica es tan baja, escandalizado del aumento del precio de las verduras en los mercados y de las subastas eléctricas que amenazan con vaciar nuestros bolsillos, para llenar otros ya repletos.

Hemos oído y leído muchas de estas cosas, pero se nos ha olvidado escuchar y saber que bajo los titulares y noticias hay personas que han pasado, pasan y pasarán mucho frío… y no han tenido la oportunidad de decírnoslo.

En estos días se nos ha olvidado que el Mediterráneo, además de las playas paradisiacas del Egeo, esconde el drama humanitario de exilio de las personas que huyen de la guerra y las hambrunas y que, en la actualidad, según cifras aportadas por CEAR y Migreurop, SOLO en Grecia hay al menos 15.000 personas que están "aparcados" bajo la nieve y las temperaturas polares a la espera de su reubicación,  en tiendas de campaña en los llamados "hotspots".  Y es bueno recalcar la palabra solo, porque esta situación es similar en países como Polonia (donde se han llegado a registrar temperaturas de -25 grados bajo cero), República Checa, Bulgaria, Albania y un largo etcétera.

Y no sólo es el frío estacional, sino también el frío mediático; y es que a pesar de que han muerto al menos 29 personas, a pesar que hay decenas de miles de personas viviendo en míseras tiendas de campaña bajo la nieve, sólo se ha escuchado a 420 organizaciones sociales, educativas, religiosas y políticas, que han pedido que se pongan en marcha de forma urgente protocolos de emergencia para algo tan sencillo como que estas personas no se mueran de frío.

Porque, al parecer, en Europa a la hora de plantear la gestión de la crisis humanitaria y migratoria, nadie había tenido en cuenta que en el invierno se pasa frío. Y quién pasa este frío, casi nunca habla.

Pero no sólo hay que mirar hacia Europa, aquí entre nosotros también hay personas y familias que también pasan frío y que no salen en unos medios de comunicación, que están más interesados en la anécdota de la temperatura y en el tráfico.

Y es que según los datos la Red de lucha contra la pobreza y exclusión social y según la medición del Índice AROPE, en 2016, el 28,6% de la población del estado y 43,2% de las personas en Andalucía, vive en el círculo de la pobreza (13.334.573  y 3.620.684 de personas respectivamente. Si a ello le sumamos que según el III Informe sobre pobreza energética, en torno al 11% de las personas no puede permitirse mantener su casa a una temperatura adecuada, esta fotografía no puede dejarnos indiferentes.

Para entonarnos y acalorarnos, una pregunta ¿qué pasa si trasladamos estas cifras a nuestro bloque de viviendas? Entonces y, a pesar de las últimas medidas del Gobierno Central y su bono social, en un bloque de viviendas de 10 viviendas, 4 familias con las que coincidimos en la escalera, y conversamos del frío, están cerca de esa "pobreza invisible" (e invisibilizada) y al menos una de ellas –nuestros vecinos de al lado, por ejemplo- se han pasado estas semanas pasando frío, mucho frío sin decirnos  nada. Y si indagamos un poco más sabremos que los perfiles más vulnerables (además del perfil educativo), coinciden con esos mayores tan simpáticos que viven en tu bloque, o con esa familia monoparental con la que coincidimos en el parque.

Y pasan frío, y no tienen voz para decirlo en voz alta. Porque, al parecer, cuando se habló de energía en el estado nadie tuvo en cuenta que en invierno se pasa frío. Y quién lo pasa casi nunca dice nada, por resignación o vergüenza.

Pensemos ahora en un número, por ejemplo en el 35.000. Ahora pongamos también caras, nariz, ojos, manos pies, orejas, cabezas, sueños e ilusiones a esa cifra.

Aunque podamos pensar que podemos estar hablando de la población de Úbeda, Ronda, Teruel, Aranda de Duero o Tudela (donde también se pasa frío en invierno) ese número esconde la cifra de personas que según la Fundación RAIS no tienen un hogar. Personas que en esta época de frío y a pesar de estar muy cerca, los y las hemos interiorizado como parte del paisaje urbano, obviando que bajo los cartones que vemos todos los días no están los restos del nuevo televisor, del ordenador más potente, o el residuo de un vecino negacionista que no se molesta en reciclar, sino que se esconde una persona.

Porque al parecer, cuando se habla de estas personas y de los recursos y dotaciones que se destinan, no soleemos tener en cuenta que en el invierno se pasa frío. Y quién pasa este frío casi nunca habla.

Y hablando frío y silencio…. Casi nadie se ha dado cuenta de que en las últimas semanas, dos jueces de Aluche-MadridAlgeciras han tenido que decir al Ministerio de Interior, no sólo que las personas que están encerradas en los Centros de Internamiento de Extranjeros pasan frío y que en algunos casos no tienen ni ropa interior suficiente, sino que también es su obligación dotar a las personas allí internas de unas condiciones mínimas. Pero tampoco lo podemos saber porque quién está allí no tiene voz, ya que ni siquiera dejan entran los medios de comunicación.

Porque aquí al parecer, cuando se estableció esta absurda política de expulsiones, nadie se dio cuenta de que allí se alojaban personas, que tienen derechos y que pasan frío.

Y aunque ya sabrás del silencio que se escucha cuando hace frío, es bueno imaginar a Neruda rompiendo ese silencio con su Oda a la pobreza, dando voz a ese frío “Yo te desafío, con duros versos te golpeo el rostro, te embarco y te destierro. Yo con otros, con otros, muchos otros, te vamos expulsando  de la tierra a la luna  para que allí te quedes fría y encarcelada”.

Porque para que llegue la primavera, debemos dar voz a este invierno vergonzosamente silenciado.

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