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El olor y la búsqueda de alimento por los mosquitos

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El olor y la búsqueda de alimento por los mosquitos

Cierra los ojos y piensa en el aroma de un café recién hecho o ese olor tan característico de la lluvia sobre el césped. Ese sentido del olfato que muchas veces queda relegado a un segundo plano, realmente juega un papel fundamental en la naturaleza. Las señales olorosas permiten el reconocimiento individual o la localización del alimento para muchos vertebrados. Pero, el olor, lejos de ser un estímulo importante únicamente para estos animales, también juega un papel esencial en la vida de unos organismos mucho más pequeños, los mosquitos. Sí, estos pequeños insectos utilizan el olfato para localizar su próximo hospedador, y así poder alimentarse de su sangre. Si bien es cierto que los mosquitos son capaces de detectar a sus hospedadores por su tamaño, temperatura y concentración de CO2 proveniente de la respiración, no cabe duda de que el olor juega un papel primordial. Los receptores olfativos situados en las proximidades de la probóscide permiten al mosquito evaluar las concentraciones de los diferentes compuestos emitidos por los potenciales hospedadores de los que se alimentan. Así, pequeñas alteraciones en las concentraciones de algunos compuestos estimularán estos receptores, siendo los mosquitos capaces de detectar pequeñas variaciones en el olor.

Las aves son, con frecuencia, unos importantes hospedadores de los mosquitos, y este es el caso del mosquito común Culex pipiens, la especie más común en la mayoría de ciudades y pueblos de Andalucía Occidental. No obstante, no todas las especies de aves ni todos los individuos presentan una igual susceptibilidad al ataque de los mosquitos. Al contrario, las picaduras de estos mosquitos suelen concentrarse en algunas especies en particular, y en concreto, en algunos individuos. Pero, ¿tendrá el olor algo que ver en todo esto?

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La glándula uropigial esta situada sobre la base de la cola de las aves y produce una secreción formada principalmente por compuestos volátiles, que una vez liberados al medio se dispersan y evaporan con facilidad, y por ceras, que evitan esta rápida evaporación actuando como fijadores de los volátiles. Esta secreción tiene funciones tan importantes como la impermeabilización de las plumas y su protección frente a los rayos ultravioleta. La composición de las secreciones de esta glándula varían entre especies e individuos, lo que podrían explicar, al menos en parte, la diferente susceptibilidad al ataque de los mosquitos de estas aves, sin olvidar el papel que jugarían otros factores como el color o el tamaño de las aves.

Diferentes factores podrían afectar a la composición de la glándula uropigial de las aves, incluyendo la edad y el sexo de los individuos. Estudios previos han comprobado que los compuestos de la secreción varía entre adultos y juveniles, así como entre machos y hembras. Una posible explicación podría estar relacionada con la época reproductora, momento en el los machos buscan hembras para poder reproducirse, generando más compuestos volátiles (por ejemplo, alcoholes) que aumenten su atractivo para las hembras. Estas alteraciones en los olores de las aves podrían incrementar el atractivo también para las hembras de otra especie muy diferente: las hembras de mosquito que buscan alimentarse de sangre para poder producir sus huevos.

Teniendo en cuenta que los mosquitos son uno de los principales vectores de transmisión de enfermedades, tales como la malaria, el Zika o el dengue, esta atracción diferencial por los hospedadores afectará a la dinámica de transmisión de patógenos. En el caso de la malaria, una posible estrategia del parásito para aumentar sus posibilidades de transmisión es aumentar el atractivo del hospedador infectado hacia los mosquitos.

Los olores también pueden jugar un papel fundamental en la transmisión de patógenos entre aves y personas, como en el caso del virus West Nile, el cual circula en las aves pero que puede afectar a los humanos y caballos. Culex pipiens, uno de los mosquitos involucrados en su transmisión, utiliza un compuesto, el nonanal para detectar sus presas. Las aves y los seres humanos producen este compuesto, lo que podría explicar la atracción de los mosquitos por ambos hospedadores y el riesgo de transmisión de enfermedades de unos a otros. Futuros estudios nos permitirán conocer más en detalle el papel de los olores en la transmisión de patógenos entre fauna silvestre y doméstica y los seres humanos.

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