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Dos minutos de furia obligan a suspender un debate en el Parlamento andaluz: “¡Das vergüenza, te aguanto todos los días!”

Daniel Cela

Sevilla —

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Un rifirrafe entre el consejero andaluz de Turismo y Cultura y la bancada del PSOE se ha acalorado en menos de dos minutos, desencadenando una bronca incontrolada que ha obligado al presidente del Parlamento a suspender el Pleno cinco minutos. La sesión de este miércoles había adelantado su comienzo a las dos de la tarde -habitualmente arranca a las 16.00 horas- porque la agenda de temas pendientes venía cargada.

Ha sido a las tres de la tarde, con el salón de Plenos medio vacío y muchos de los diputados comiendo en el restaurante de la Cámara, cuando por las pantallas de televisión que emiten la señal del debate en directo apareció el consejero Arturo Bernal zarandeando los brazos por encima de su cabeza, con gesto torcido, y la portavoz socialista, Ángeles Férriz, gesticulando como quien se ahoga en una piscina. Pero, ¿qué está pasando?, se preguntaron los comensales, echando mano de sus móviles y subiendo el volumen del debate.

Bernal subió a la tribuna para defender la convalidación de un decreto ley para la racionalización y el uso eficiente del agua en el sector turístico. Pero, antes siquiera de iniciar su discurso, miró hacia los escaños del PSOE y, con media sonrisa, dijo: “Veo que a nadie de la bancada de la izquierda le importa un pito”. La reacción de los aludidos se hizo oír con un gran murmullo de protesta, mientras un grupo de diputados del PP en pie aplaudió al consejero.

La portavoz socialista ha abierto su micrófono: “¿El consejero de Cultura ha dicho que importa un pito? ¿Eso ha dicho usted? ¡Qué vergüenza!”. Bernal, sonriente, le ha hecho señales con la mano para que se calme. “¡A mí no me haga así! ¡Qué vergüenza de gobierno”, ha gritado Férriz. ¡“A mí no me señale!”, le ha replicado el consejero.

El presidente de la Cámara, el popular Jesús Aguirre, ha tratado de mediar para apaciguar a tiempo la bronca, instando directamente al consejero para que no asumiera sus competencias. “Consejero, consejero, soy yo el que impone y mantiene el orden, no es el consejero”, le ha reprendido. Pero Bernal, visiblemente molesto con la portavoz del PSOE, ha ignorado las advertencias del presidente del Parlamento. “¡Ya me he ganado su atención, señoría, y me alegro. Porque nadie prestaba atención a un decreto”, ha dicho, alzando los brazos sobre su cabeza para mostrar su indignación.

“Qué vergüenza”

El murmullo entre los socialistas se ha disparado. “¡Qué vergüenza, qué vergüenza!”, ha repetido Férriz, secundada por la parlamentaria María Márquez, que se sienta a su lado. “¡Vergüenza das tú! ¡Te aguanto todos los días detrás de mi cabeza y das mucha vergüenza!”, ha estallado el consejero de Turismo y Cultura, cuyo escaño está justo delante del de Férriz. De fondo a la bronca, se oía la voz del presidente de la Cámara llamando a la calma, sin mucho éxito. “La discrepancia es la base de la democracia, pero dentro del hablar bien, del dialogar...”.

Pero no había prisas por empezar a hablar del impacto del turismo masivo en el uso del agua en plena crisis por la sequía, que es de lo que trataba el orden del día. “Señor presidente, se ha dirigido a mi grupo diciendo que le importa un pito. ¿Esto de qué va? ¿Este señor quién se ha creído que es? Es una chulería política”, ha insistido Férriz. “¡Está provocando, por favor!”, ha añadido Márquez.

Y ahí, dos minutos después de que estallase el caos, el presidente de la Cámara ha ordenado suspender el Pleno cinco minutos, atribuyendo la trifulca, “posiblemente a la hipoglucemia de las tres de la tarde”, en alusión al bajo nivel de glucosa en sangre de sus señorías.

La suspensión de la sesión, algo fuera de lo habitual

No es habitual que se suspenda una sesión plenaria por un recalentamiento del debate. Ni siquiera en la pasada legislatura, con un Parlamento más fragmentado pilotado por Ciudadanos, que gobernaba en coalición con el PP de Juan Manuel Moreno, y recibía las sacudidas por la derecha de su socio de legislatura, Vox, y por la izquierda de los grupos progresistas. En una ocasión, el entonces portavoz del grupo ultraderechista, Alejandro Hernández, voceó a la presidenta de la Cámara, Marta Bosquet, y salió encolerizado del salón de plenos tras golpear el micrófono con la mano y gritar: “a tomar por culo”. Pero la sesión siguió su curso.

En realidad, la última vez que se suspendió un Pleno fue también en el mes de julio, en 2021, cuando una rata se coló dentro del Parlamento y hubo que interrumpir el debate hasta que cazaron al animal. Esta vez, el encontronazo entre Bernal y Férriz a la hora habitual de comer ha rebasado las llamadas al orden del presidente de la segunda institución de Andalucía, que suele tener buena mano para atar en corto a sus señorías, incluidos sus compañeros del PP.

El episodio de este martes ha hecho pedazos la atonía natural de una legislatura marcada por la mayoría absoluta de Moreno. El tono habitual del Parlamento andaluz está a años luz de la crispación diaria que se percibe en el Congreso, donde el equilibrio de poderes y la fragilidad de la mayoría parlamentaria del Gobierno de Pedro Sánchez convierte en un volcán cada sesión.

Sin embargo, lo que ha ocurrido hoy es un síntoma del vuelco que ha dado la política andaluza en las últimas semanas, desde que el Tribunal Constitucional empezó a anular total o parcialmente las condenas a la antigua cúpula del Gobierno socialista de Manuel Chaves y José Antonio Griñán por el fraude de los ERE. Los socialistas han reaccionado a la contraofensiva, después de 15 años callados, amenazando al PP con querellas si siguen sosteniendo que alguno de sus exdirigentes ha robado.

Los de Moreno, desde sus consejeros hasta los diputados del PP, han reactivado toda la causa de los ERE, llegando a cuestionar la legitimidad del Constitucional, al que tildan de “instrumento político de Moncloa”. Es un choque de trenes como nunca se ha visto en los últimos diez años, donde los socialistas llaman a los populares “herederos de los que dieron el golpe de Estado”, y los populares le replican llamándoles “ladrones” y “sinvergüenzas”. En ese clima, una sola chispa puede desencadenar un incendio, como el que ha vivido el Parlamento.

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