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La cultura audiovisual en Aragón durante la Transición: del cine aragonés a la canción protesta

Caspe 76. Aragón autonomía (1976, Alberto y Julio Sánchez Millán)

La década de los 70 supuso el asentamiento de todos estos cambios. Unos años en los que el panorama político tuvo un especial protagonismo, ya que, tras la muerte del dictador el régimen franquista llegó su fin. Ana Asión Suñer explica en su libro ‘La cultura audiovisual en Aragón durante la transición’ que “comenzó entonces un periodo de incertidumbre en el que la sombra del régimen tuvo que convivir con los deseos de apertura y libertad”.

Es una época marcada por la diversidad en todos los ámbitos y líneas culturales, desde la música, la pintura o la prensa hasta la contracultura, “si algo define la cultura de este momento es la diversidad de propuestas, tanto audiovisuales como culturales”, explica Asión.

En el caso de Aragón, su trayectoria era similar a la que vivía España. En el terreno cultural destaca la actividad llevada a cabo por los cineclubs, así como el surgimiento de Andalán, una publicación de corte critico e intelectual al margen de los medios oficiales que sirvió como punto de encuentro de muchos de los nombres que con posterioridad engrosaron las listas del Partido Socialista de Aragón. Una transición cultural que, como en el resto de España, no tuvo que esperar a la muerte de Franco para comenzar su andadura.

El cine aragonés

Asión cuenta en el libro que “el paso de los años ha servido para corroborar el estrecho vinculo que se ha establecido entre la sociedad aragonesa y el ámbito audiovisual”. Aunque algunos cineastas autóctonos desarrollaron su trayectoria fuera de su lugar de origen, como Luis Buñuel o Florián Rey: a partir de la década de los cincuenta el espectáculo cinematográfico experimentó un crecimiento imparable, tanto desde el punto de vista industrial como creativo.

En el terreno audiovisual, desde hace unos años se ha popularizado el nombre de cine aragonés para referirse a los profesionales del medio nacidos en dicho territorio, aquellos que han desempeñado su labor en él o cualquier tipo de obra que haga referencia a la comunidad. “Se sentaron las bases de muchas cosas que seguimos manteniendo en la actualidad, como el término de cine aragonés que surgió con Manuel Rotellar a principios de los años 70”.  

Manuel Rotellar inauguró los ciclos de Cine de Autores Aragoneses y con ello el uso del término cine aragonés. EL trabajo de Rotellar no se centró solo en la parte de exhibición, sino que quedo para la posteridad en forma de críticas, artículos y libros.

La autora también ha descubierto figuras como Antonio Maenza, “que fue más dentro de una línea más experimental, otros audiovisuales que hablaban también de lo que estaba sucediendo social y políticamente en esos instantes, desde Monegros hasta Caspe que ya estaban hablando de la reivindicación del territorio y la autonomía aragonesa. Cosas muy distintas que ponen su granito de arena para configurar el panorama audiovisual. Esto es una trayectoria, poco a poco vamos creciendo y en cada época se han puesto diferentes piezas que han ayudado a construir todo lo que conocemos actualmente”.

A las numerosas salas de exhibición y cineclubes que poco a poco se fueron abriendo, sobre todo en Zaragoza, se sumó el nacimiento de la productora Moncayo Films en 1962. Esta productora constituyó el intento más serio desarrollado en la capital aragonesa para crear industria cinematográfica propia. Emilo Alfaro, uno de sus integrantes más activos, señaló directamente la falta de apoyo institucional como uno de los motivos de su prematuro final en 1968, así como la indiferencia y un cierto desdén por parte de ciertos sectores de la crítica.

Asión define el cine aragonés como el hecho “de que existen muchas personas de gran calidad que todavía no se han reivindicado y que no conocemos. Nos sentimos y nos tenemos que sentir orgullosos de grandes figuras como Buñuel, como Chomon o como Saura que marcan esos grandes hitos y esas figuras clave. Pero yo reivindico a otros cineastas que han quedado en un segundo plano y que deberíamos conocer: Antonio Maenza, Antonio Artero, los hermanos Sanchez Millan, Eugenio Monesma… muchas personas que se conocen dentro de los círculos, pero la gente en general falta ese conocimiento, siendo la cantidad y la calidad de estas figuras”.

Cantautores y censura

Los géneros musicales también se convirtieron en los setenta en un reflejo de las actitudes, sentimientos y deseos de la sociedad española.

Si hay una corriente musical ligada a la transición esta es, sin duda, la canción protesta. Tanto en los años previos como posteriores a la muerte de Franco constituyó un lenguaje artístico en el terreno de la música popular. “Con la llegada del tardofranquismo y frente a la censura, los cantautores se convirtieron en altavoces de un pueblo al que el Estado quería silenciar por todos los medios”, relata Asión.

Una manifestación musical y al mismo tiempo poética, puesto que durante los años sesenta y setenta los cantautores representaron la corriente crítica y popular de la poesía española. Muchas veces eran vetados, impidiéndoles realizar un recital o censurándoles las letras de alguna canción que podía resultar polémica.

En la actualidad continúa habiendo grupos musicales que utilizan las letras de sus canciones para mandar un mensaje reivindicativo, mientras se escribía este libro se hizo publica la noticia de la cancelación por parte del Ayuntamiento de Madrid del concierto de Luis Pastor y su hijo Pedro, “me pareció muy relevante porque además estaba investigando el capítulo de los cantautores y hablaba de la figura de los lectores, las figuras encargadas de repasar las canciones y variaba lo que les quitaban en cada localidad, coincidió con la noticia de Luis Pastor que no pudo hacer un concierto. Estas cosas que parecen del pasado siguen pasando, no es la tónica, pero siguen, tenemos que aprender para evitar que en 2020 sigan sucediendo” comenta Asión.

Aragón fue una de las comunidades que más contribuyó a la canción protesta. Su origen de situaría en Teruel, en el Colegio Menor de San Pablo, donde coincidieron en 1967 algunas de las figuras mas relevantes de la cultura aragonesa de los 70: Eloy Fernández Clemente, José Antonio Labordeta, José Sanchis Sierra o Joaquín Carbonell. El propio Labordeta definía esta música como “no adjetivable: no era buena o mala, fue, simplemente, el aliento mismo de la democracia. Sabía a paraíso, a utopía, olía demasiado bien”. 

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Publicado el
25 de julio de 2020 - 23:00 h

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