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Las tablets toman los muros del castillo medieval de Albalate para reconstruir su historia

Tablets durante la visita guiada al castillo de Albalate

María Bosque Senero

5 de agosto de 2026 21:56 h

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La explicación se detiene unos segundos. El grupo levanta la vista hacia una estancia centenaria del Castillo-Palacio Arzobispal de Albalate del Arzobispo y, casi al mismo tiempo, baja la mirada hacia la pantalla de una tablet. En ella aparece una imagen que ayuda a reconstruir lo que el tiempo ha borrado. Donde hoy quedan muros desnudos, la tecnología dibuja espacios habitados; donde solo se intuye el paso de los siglos, surgen detalles que permiten comprender mejor la historia.

No hay prisas. Las preguntas aparecen con naturalidad y el guía continúa el recorrido. La escena resume una idea que hace apenas unos años parecía difícil de imaginar: un castillo medieval y una herramienta digital compartiendo protagonismo para contar la misma historia.

La introducción de tablets en las visitas al Castillo-Palacio Arzobispal es un paso más en la estrategia de valorización turística del castillo, y hacia la modernización de la experiencia de sus visitantes, cada vez más diversos y con necesidades diferentes. Sin embargo, lejos de convertir la visita en una experiencia puramente digital, la tecnología actúa como una herramienta al servicio del patrimonio; facilita que cada estancia cobre vida y ayuda a quien lo ve a imaginar cómo fue el edificio en sus diferentes etapas históricas.

La experiencia digital que llega al Castillo-Palacio Arzobispal de Albalate del Arzobispo se despliega en distintos espacios del mismo. En el patio, los visitantes pueden disfrutar de una visión inmersiva en 360º; la terraza combina la realidad virtual con una recreación también en 360º, mientras que la capilla incorpora técnicas de realidad aumentada que enriquecen la interpretación de este espacio histórico.

Innovar también es una forma de conservar

Durante mucho tiempo, la conservación del patrimonio se ha centrado casi de manera exclusiva en la restauración de piedras, consolidación de muros o reparación de cubiertas. Hoy, esa misión va un paso más allá, demostrando con iniciativas como esta que, velar por el patrimonio también consiste en conseguir que quien visita un monumento entienda por qué merece la pena conservarlo.

La incorporación de tablets a las visitas del castillo responde precisamente a esa filosofía. La entrada de un nuevo elemento no pretende sustituir la experiencia de caminar por un edificio con siglos de historia ni el relato de quienes lo conocen. En este caso el de su guía, Alfredo Martínez, un profesional altamente valorado por quienes han realizado visitas con él, que se confiesa un apasionado de su trabajo, y que ha participado activamente en este proyecto que apenas está comenzando a despegar con la llegada de las tablets.

Si algo tiene claro el equipo multidisciplinar que está al frente de este proyecto, es que una pantalla nunca podrá sustituir la emoción de atravesar una puerta que ha permanecido abierta durante siglos. Pero sí puede ayudar a imaginar, identificar o contextualizar episodios históricos que, sin una explicación visual, resultarían difíciles de entender. Y es que, tal y como subrayan los expertos, cuando la tecnología se pone al servicio del patrimonio, no resta autenticidad; suma comprensión.

Musealización, videomaping y realidad aumentada y virtual

Las últimas actuaciones, financiadas a través de una convocatoria de ayudas del Instituto para la Transición Justa (ITJ), han permitido consolidar el torreón islámico y acometer distintas intervenciones en la Sala Gótica, con una inversión de 284.383 euros. A ello se suma la digitalización de la musealización del monumento, dotada con otros 51.546 euros, que incorpora herramientas tecnológicas para enriquecer la experiencia de la visita. “Se trata de acercar a la gente a las nuevas tecnologías y de ofrecer una forma diferente de conocer la historia y nuestro patrimonio. Creemos que la experiencia ha gustado a quienes ya la han probado”, explica la alcaldesa de Albalate del Arzobispo, Celia Trullén.

La digitalización del castillo no termina con la incorporación de las tablets. El proyecto nace con vocación de crecer e integrar, en próximas fases, distintas herramientas como la realidad aumentada, la realidad virtual o el videomapping para ofrecer una interpretación cada vez más inmersiva del monumento. “La idea es acercar al visitante esa realidad oculta que se esconde detrás de la historia y de los restos que conservamos. Para hacerla más comprensible recurrimos a estas tres tecnologías”, explica el coordinador del proyecto, José Ángel Guimerá.

Visitas guiadas al castillo de Albalate

El recorrido se completa con contenidos audiovisuales que ayudan a contextualizar la evolución del castillo y permiten descubrir detalles que, de otro modo, pasarían inadvertidos, como los canecillos recuperados recientemente de la antigua techumbre.

Detrás de esta iniciativa hay un equipo multidisciplinar que combina conocimiento histórico, restauración patrimonial e innovación tecnológica. El historiador y guía local Alfredo Martínez Tirado, el arquitecto especializado en restauración José Ángel Gil Bordás, el documentalista y coordinador técnico José Ángel Guimerá Maurel y la empresa Invelon Technologies han unido sus conocimientos para demostrar que la mejor manera de preservar el patrimonio no siempre consiste solo en restaurarlo, sino también en encontrar nuevas formas de contarlo.

El patrimonio también genera futuro

Albalate del Arzobispo ha apostado por implantar las palabras: digitalización, innovación o transformación tecnológica, desde otra escala. Lo ha hecho utilizando su principal patrimonio como puerta de entrada. Sin embargo, no se trata únicamente de ofrecer una visita más atractiva, esta innovación tiene otra función, la de demostrar que el medio rural también puede incorporar herramientas actuales sin renunciar a su identidad. La innovación no siempre llega en forma de grandes infraestructuras. A veces cabe en una mochila y acompaña a un guía durante una visita, como estas tablets.

Cada persona que entra en el castillo deja algo más que una entrada vendida. En muchas ocasiones prolonga la visita con una comida en el municipio, una compra en un comercio local o un paseo por sus calles. Ese movimiento, aparentemente pequeño, alimenta una economía hiperlocal a veces, que necesita motivos para seguir atrayendo visitantes durante todo el año.

Por eso, mejorar la experiencia turística no es un detalle menor. Es una inversión en oportunidades. Y una salvaguarda a futuro. En este contexto, los pueblos no compiten únicamente por atraer turistas, también lo hacen para ofrecer a una sociedad acostumbrada a consumir imágenes, vídeos y experiencias, una oferta cada vez más inmersiva y de calidad.

Pero, el verdadero reto consiste en hacerlo sin convertir el patrimonio en un espectáculo. Y en Albalate del Arzobispo la apuesta es: utilizar la tecnología para reforzar el valor de la historia, no para eclipsarla. Así, mientras la piedra prevalece, las tablets ayudan a que el visitante no solo observe un edificio histórico, sino que imagine cómo fue, quiénes lo habitaron y por qué este enclave continúa siendo uno de los grandes símbolos patrimoniales del Bajo Martín.

Cuando un pueblo mira al futuro sin dejar de mirar a su pasado

Hay proyectos que pasan desapercibidos en el territorio porque no implican grandes inversiones ni inauguraciones multitudinarias. Sin embargo, terminan explicando mejor que muchos discursos hacia dónde quieren caminar los pueblos, y la apuesta de Albalate por maridar patrimonio y tecnología es arriesgada, pero nace de la base de que la segunda, no borra la identidad rural, y que cuando se utiliza con sentido ayuda a reforzarla.

El Castillo-Palacio Arzobispal lleva años recuperando protagonismo gracias a distintas actuaciones de conservación, restauración y promoción. La aprobación de un plan director marcó además la hoja de ruta para seguir consolidándolo como uno de los referentes patrimoniales de Aragón y como un motor de dinamización para el municipio.

A primera vista, cuesta imaginar una tablet entre muros levantados hace siglos. Sin embargo, en el Castillo-Palacio Arzobispal de Albalate del Arzobispo ambas realidades ya conviven con naturalidad. La piedra sigue contando historias, pero ahora encuentra un nuevo aliado para llegar más y mejor a quienes cruzan su puerta para descubrirla.

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