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ARAGÓN

Activismo, ciencia y filosofía: tres visiones sobre la urgencia del 'Green New Deal'

La presentación en Zaragoza del libro '¿Qué hacer en caso de incendio? Manifiesto por el Green New Deal' reunió a su coautor, el antropólogo y activista Emilio Santiago, con la investigadora Alicia Valero y el profesor Luis Arenas

Luis Arenas, Emilio Santiago y Alicia Valero, en la librería Antígona de Zaragoza.

Luis Arenas, Emilio Santiago y Alicia Valero, en la librería Antígona de Zaragoza. Óscar Senar Canalís

“Nuestra casa está en llamas”, ha reiterado Greta Thunberg en distintos foros mundiales, sin que el más reciente, la COP25 celebrada en Madrid el pasado diciembre, arrojara acuerdos relevantes para frenar el calentamiento global. Héctor Tejero y Emilio Santiago tomaron la frase de la activista sueca como inspiración para titular su libro '¿Qué hacer en caso de incendio? Manifiesto por el Green New Deal', un texto surgido durante la preparación del programa de Más Madrid para las elecciones autonómicas del pasado año. Este pasado lunes, Santiago presentó el libro en Zaragoza acompañado de Alicia Valero, científica del CIRCE (Centro de Investigación de Recursos y Consumos Energéticos), y Luis Dueñas, director de la Unidad Predepartamental de Filosofía de la Universidad de Zaragoza.

Emilio Santiago define el 'Green New Deal' ('Nuevo trato verde'; el término reverdece la política aplicada por Franklin D. Roosevelt para superar la Gran Depresión) como “un proyecto de transición ecológica socialmente justa”. El doctor en Antropología, que desde este mismo año imparte clase en la Universidad de Zaragoza, indica que esta política se ha de sustentar en dos grandes pilares: “la modernización ecológica del sistema productivo, que tiene que ver con la descarbonización, pero no solo” y “replantear los mecanismos de redistribución de la riqueza”. En su libro añaden un tercero: “Generar una suerte de guerra cultural para poder, de aquí a unas décadas, desarrollar políticas aún más ambiciosas, porque el 'Green New Deal' es solo un punto de partida”.

“Vamos cuatro décadas tarde”, remarca Santiago, “lo que va a hacer que la transición ecológica no sean tranquila, sino que generará conflictos sociales”, más cuando “exigirá sacrificios sin que se vean resultados inmediatos”. Por eso, el antropólogo insiste en la necesidad de aparejar este concepto al de “justicia social” para que no sean los más humildes quienes paguen con la adaptación.

¿Cómo explicar casos como el de la térmica de Andorra, que lleva a que el fin del carbón deje sin empleo y sin futuro a la vista a toda una comarca? “La transición ecológica no tiene por qué ser así, se puede diseñar de otra forma, de manera que se creen nuevos empleos en el proceso y se recoloque a los trabajadores. Es cierto que es algo difícil de gestionar en lo político, pero el 'Green New Deal' puede ser una oportunidad bien aplicado”.

¿Sería también una solución para la despoblación? “Tiene un fuerte potencial de generación de puestos de trabajo en el mundo rural, pero tendrá que contar con un acompañamiento social en las comarcas que incentive que los jóvenes se queden”. Todo ello, “sin dejar solo al mercado, que tendrá su papel, pero el impulso ha de venir de las políticas públicas”.

Una de las cuestiones que plantea el libro es que el 80% de la energía que emplea la humanidad no es eléctrica, sino que se basa en la combustión, sobre todo en el transporte: “Será necesario una reorganización en la actividad productiva y también de las sociedades”. “Las renovables no son de por sí neutras: son dispositivos de captación de energías renovables fabricados con elementos no renovables”, por lo que “la transición ecológica puede convertirse en un nuevo campo de conflicto por los minerales del futuro”, algo que exige “recurrir a la economía circular, esto es, de reaprovechamiento al máximo de las materias primas.

No repetir errores con las renovables

Sobre la cuestión de la economía circular y la energía es experta Alicia Valero, que dirige el grupo de investigación de Ecología Industrial en el Instituto CIRCE. La científica lamenta que “todavía no somos conscientes de que el problema lo tendríamos que haber solucionado hace mucho tiempo”. “Cuando empecé a dar clases hace 15 años, ya con los alumnos veíamos proyecciones de aumento de 2 o 3ºC de las temperaturas”, cuenta. Para Valero, la causa más evidente del calentamiento global es “el abuso de los recursos, no hemos parado de consumir desaforadamente combustibles fósiles”. Un “error” que puede repetirse ahora con los minerales necesarios para las energías renovables.

¿Cuál será el 'petroleo' que mueva el 'New Green Deal'? “Seguirán siendo necesarios los materiales usados hasta ahora en las centrales de energía, como acero, cobre y cemento, pero ahora habrá que sumar otros muchos. Un aerogenerador necesita por gigavatio producido 25 veces más materias primas que una central convencional; no solo es cuestión de volumen, también de tipo: serán básicas las tierras raras, cuyo monopolio tiene China, con las implicaciones geopolíticas que eso conlleva”. Por todo ello, Valero defiende que la transición ecológica no debe ser solo “pintar de verde la economía”, sino “llevar a cabo multitud de acciones desde diferentes campos de actuación, sin perder la perspectiva social y también con una visión feminista”.

“Es el tema de nuestro tiempo”

Si desde un punto de vista científico no hay duda sobre el cambio climático, para el profesor de filosofía Luis Arenas las Humanidades también deben afrontar el desafío medioambiental “porque es el tema de nuestro tiempo”. “Es una crisis sistémica, por lo tanto no depende de individuos aislados, sino de toda la sociedad, por eso la Filosofía no puede desentenderse de esta cuestión”, insiste. Y con todo, lamenta que, con excepciones, su disciplina apenas se está ocupando del asunto, cuando “necesitamos toda la inteligencia colectiva que seamos capaces de activar para salir de este aprieto”.

El filósofo cree que el principal obstáculo que se debe vencer es el síndrome del Titanic: “En la cadena de mando ya saben que el iceberg está ahí y vamos a chocar contra él, pero mientras en los salones el pasaje sigue bailando”. Sobre este punto, Alicia Valero coincide: “Cuando mostramos los números, la gente se asusta y da lugar a situaciones de carpe diem. Hay que dar cifras, pero también poner sobre el papel que podemos revertir la situación”.

Para Arenas, “no podemos caer en la idea del colapso; supone asumir la ruptura del pacto generacional, algo que aboca al fin de la civilización: ¿Hasta qué punto estamos siendo egoístas con los que vienen detrás de nosotros, si desde hace décadas sabemos de esta situación y no se actúa? Por eso la respuesta más contundente la están dando los jóvenes”.

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