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Àngela Ballester

Directora general de Coordinación Institucional de la Vicepresidencia Segunda de la Generalitat Valenciana. 

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Cambio climático: de la catástrofe a la oportunidad

Imagina que para ir a trabajar tienes que cruzar un barranco. Es el camino más corto y más rápido. Está seco, así que la única consecuencia es el polvo que se acumula en el coche y que tienes que lavar cada cierto tiempo. Imagina que un día el barranco se inunda y al pasar con el coche el motor se llena de agua y se para. Consecuencia: hay que ir al taller y seguramente te costará un dineral. Ahora imagina que el barranco se inunda todos los meses. El primer mes, quizás también el segundo, puede que la inercia te haga atravesar el barranco con agua y afrontes los efectos que para tu coche y tu bolsillo tiene. ¿Pero el tercer mes? ¿El resto de meses? ¿Seguirías tomando ese camino todos los días, cruzando el barranco, con el riesgo de llenar el motor de agua y visitar el taller mecánico una vez al mes? Seguro que no. Cambiarías de camino, buscarías otro aunque fuese menos corto y menos rápido porque te resultaría más seguro y económico. Ahora imagina que eres un gobierno y donde dice coche y barranco decimos paseo marítimo y temporal. O camino rural y temporal de nieve. O urbanización y lluvias torrenciales. Los gobiernos, como cada uno y cada una de nosotras, deben tomar decisiones enmarcadas en un contexto. Y el contexto actual no es el de hace unos años. La Comunitat Valenciana es una de las zonas de Europa más vulnerables a los efectos del cambio climático. Según un informe del Observatorio de la Sosteniblilidad, más de 150.000 valencianos y valencianas viven en zonas expuestas a sufrir graves inundaciones en un espacio de 10 años. Ya hemos empezado a ver con nuestros propios ojos lo que eso significa. En menos de un año hemos sufrido tres episodios de desastres meteorológicos graves. Abril 2019: un temporal de lluvias torrenciales y fuertes vientos afecta a todo el territorio, especialmente a las comarcas de la Marina Alta, la Safor y la Ribera siendo el mes de abril más lluvioso desde que se tienen registros. Septiembre 2019: la DANA inunda la Vega Baja. Enero 2020: el temporal Gloria combina nieve, viento y lluvias torrenciales, dejando incomunicado parte de nuestro interior y destrozado nuestro litoral. Cada temporal que vivimos es catalogado como “histórico”, con valores que suponen nuevos máximos en las series de datos, con una intensidad y unos efectos sobre las infraestructuras, las viviendas, el territorio y la economía valenciana desconocidas hasta ahora. Este último temporal se ha cobrado kilómetros de paseos marítimos y lo que es mucho peor: 13 vidas humanas en todo el país. Todos los informes técnicos elaborados por personas expertas coinciden en que estos fenómenos, típicos de la zona pero ahora intensificados y multiplicados por el cambio climático, van a ser cada vez más frecuentes y posiblemente más violentos. Ahora mismo, ante estos fenómenos extremos los gobiernos hacen dos cosas: primero, actúan frente a la emergencia (cada vez con protocolos más rápidos y eficientes, y nos hemos de felicitar por ello); segundo, declaran zona catastrófica y destinan recursos a paliar los daños y reconstruir. O sea, sacan el coche del barranco y lo llevan a reparar al taller. Pero el barranco se volverá a inundar y el coche se volverá a estropear. Los fenómenos meteorológicos extremos ya no son una excepción en nuestro territorio, no son una anécdota de hace 10 años que podamos contar. Estos efectos devastadores del cambio climático son ya la norma, por lo que el recurso a la emergencia y la declaración de zona catastrófica no pueden ser la única respuesta. No podemos declarar que vivimos en una zona permanentemente catastrófica. Hay que tomar otro camino. Pero aquí el símil ya no nos vale. Un gobierno no puede simplemente decir que hay que cambiar la ruta y que ahora ya no reconstruiremos los paseos marítimos. Porque no es un coche lo que tenemos que cuidar, es una sociedad plural y diversa, una sociedad no homogénea, con sus particularidades y también, por supuesto, con sus desigualdades. La respuesta ante un contexto diferente no solo tiene que ser diferente, tiene que ser innovadora y creativa, pero también inclusiva y respetuosa con el entorno, para no volver a cometer el error de creernos que el planeta es nuestro y lo moldeamos como si fuese plastilina. El alcalde del municipio de Bellreguard ha hecho la propuesta de no reconstruir el paseo marítimo destruido por el temporal, de dejar el espacio al natural y recuperar las dunas. Un cambio de rumbo necesario y valiente, pero quizás el camino tomado es demasiado recto para un gobierno. Más allá de cómo afecta a la hostelería y al turismo una medida así, pensemos cómo afecta a la gente y a quién beneficia. ¿Quién puede pasear por la arena de las dunas para disfrutar de un bien común como son las vistas al mar? ¿Quién puede correr de noche por un espacio natural sin iluminación artificial? Podríamos seguir haciéndonos preguntas y la respuesta sería siempre la misma: no todo el mundo.

Lo que pretendemos decir es que la forma en la que vivimos y disfrutamos de las calles y plazas de nuestros municipios tiene mucho que ver con nuestro género, edad, raza, orientación sexual o condiciones físicas o cognitivas. También nuestros paseos marítimos. Con el urbanismo podemos seguir perpetuando las desigualdades o fomentar la igualdad. La pavimentación facilita la accesibilidad a personas con movilidad reducida y a personas cuidadoras (desgraciadamente aún en su mayoría mujeres, madres, abuelas y cuidadoras) que deben manejar coches de bebés o sillas de ruedas. La iluminación permite disfrutar del espacio público en las horas nocturnas con seguridad, su ausencia supone una limitación mayor para mujeres y también personas del colectivo LGTBi+. Son solo dos ejemplos de cómo el urbanismo, o la falta del mismo, puede ser exclusivo (pensando solo en el hombre blanco heterosexual) o inclusivo (pensando en todas las personas con independencia de su sexo, edad, raza, orientación sexual...). Bienvenido el debate y bienvenidas quienes se atreven a plantearlo y a pensar diferente. Pero no es momento de soluciones rápidas, sino de aprovechar la oportunidad para que la solución mejore la vida de todos y todas: mujeres, hombres, niños y niñas, personas con diversidad funcional, personas mayores, colectivos excluidos. Quizás la alternativa en el caso del litoral sean infraestructuras ligeras, desmontables y más respetuosas con el entorno, que nos permitan asegurar condiciones de accesibilidad y seguridad pero a su vez sean fácilmente recuperables en caso de un temporal. Paseos marítimos con pasarelas que se puedan retirar en épocas de climatología adversa para instalarlas nuevamente superado este periodo. Gobernar es pensar en caminos alternativos cuando los que hemos transitado hasta ahora se hacen imposibles. Pero gobernar también es trazar los nuevos caminos para que nadie se quede atrás. El cambio climático nos está generando ya muchos problemas, es para los valencianos y valencianas una garantía de catástrofes frecuentes, pero también puede ser una oportunidad. Aprovechemos esta oportunidad para repensar cómo vivimos y cómo nos relacionamos con nuestro entorno, y que la nueva mirada sea desde la sostenibilidad pero también desde la igualdad.

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Emergencia climática. Caso práctico

El pasado 10 de diciembre la COP25, la Cumbre Mundial del Clima que reúne en Madrid a representantes de casi 200 países y cientos de organismos y organizaciones, dedicó la jornada a la movilidad sostenible. Es un tema central, el transporte es el causante del 26% de las emisiones de gases de efecto invernadero en España. Se debió insistir en estas mesas de debate en la necesidad de transformar esta máquina de fabricar CO2 que es el actual modelo de movilidad. Seguro que personas expertas y gobiernos de distinto signo, entre ellos el español, afirmaron que debemos avanzar decididamente hacia un modelo de movilidad basado en la sosteniblidad, la eficiencia energética, la integración social y territorial, y que priorice el transporte público, el ferrocarril, los vehículos eléctricos y los desplazamientos a pie o en bicicleta. Es sin duda el rumbo que debemos tomar. 

El lema de la COP25 es #PasarALaAcción. Eso han reclamado miles de personas en las calles y eso dicen los gobiernos que van a hacer. De momento se ha declarado la emergencia climática en muchos parlamentos, en el Parlamento Europeo y en gobiernos como el valenciano. Y apuesto a que será una de las primeras cosas que hará el futuro gobierno de España cuando se constituya. Pero declarar la emergencia por si solo no significa pasar a la acción. Pasar a la acción es poner en marcha medidas concretas y destinar recursos económicos. Pasar a la acción es, quizás, deshacer algunos caminos. Pasar a la acción es, sobre todo, repensar las políticas y los criterios en los que se basan para aplicar el nuevo enfoque de la emergencia. 

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¿Qué es la tierra palestina?

Hoy, 30 de marzo, se celebra el Día de la Tierra palestina, esa tierra a la que quieren y tienen derecho a volver los 5 millones de personas refugiadas, expulsadas por la ocupación israelí. Y hoy los palestinos y palestinas vuelven a manifestarse en Gaza, en el primer aniversario de la primera Marcha del Retorno, una movilización respondida por Israel a sangre y fuego: 195 asesinatos (41 de niños) y 29.000 personas heridas, según la UNRWA. Pero, ¿qué es la tierra palestina?

La tierra palestina son las imágenes que nos vienen a la cabeza cuando pensamos en Palestina: un mapa, un muro, un olivo. Es esa progresión de mapas de dos colores, uno para Israel y otro para Palestina, en el que a cada paso, a cada fase, va aumentando el color de Israel y disminuyendo el de Palestina, hasta el 5% que controlan actualmente de su territorio originario. Y el expolio no cesa, estas fronteras no son fijas porque Israel sigue anexionando ilegalmente territorio palestino, construyendo asentamientos, desplazando a la población, ocupando sus campos, arrancando sus olivos, robando su agua. Palestina es una tierra ocupada, una tierra que necesita un Estado reconocido internacionalmente.

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¿Huelga feminista? Sí, también por mis hijos

¿Por qué me sumo a la huelga convocada este 8 de marzo por el movimiento feminista? Por mí. Porque yo también he sufrido acoso y he sentido miedo al andar sola por la noche. Porque he comprobado que mi opinión no vale lo mismo que la de un hombre. Porque he tenido que aguantar que un diputado en el Congreso (un señor de esos que no acaba de entender por qué un puñado de mujeres jóvenes ocupan ahora “sus” escaños para discutirles su posición en política exterior o economía) me diga “todo eso que me cuentas está muy bien, explícalo si quieres pero dile a tu portavoz que tenéis que votar a favor”, suponiendo que mi defensa de la posición de mi grupo parlamentario era meramente decorativa y que la decisión sobre nuestro voto sólo le podía corresponder a un hombre. Porque en los bares siempre me ponen a mí su refresco y a él mi cerveza.

Me sumo a la huelga por ti, hermana, que has sido violada y pretenden que seas culpable de ello. Por ti, amiga, que tienes que aguantar que tu novio pretenda que no te pongas esa falda “demasiado” corta. Por ti, compañera, que no consigues trabajo porque en las entrevistas respondes “sí” a la pregunta de si quieres ser madre.

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Las desigualdades que esconde el informe PISA

Dudo si el ministro de Educación y los grandes medios han leído el mismo Informe del Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes, más conocido como informe PISA, que he leído yo. En el mío,  los resultados educativos de España están estancados desde hace 10 años. Es evidente que el bipartidismo no ha dado ni ha querido dar solución a los graves problemas que hay detrás de unos resultados insuficientes para un país que necesita poner todo su talento en salir de la crisis.

Duele oír a quienes deberían ser los responsables de cambiar esta situación echar balones fuera al afirmar que no es un problema de inversión pública. Y lo dicen dirigentes del Partido Popular porque en los países con mejores resultados además de ser la educación una inversión fuerte hay otros muchos factores que influyen. Pero es que nosotros no estamos lamentablemente ni siquiera ahí. Por ello, hay que aumentar el presupuesto educativo y, por supuesto, será imprescindible invertirlo escuchando a la comunidad educativa.

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Nos vamos, por ahora

Este martes se han disuelto las Cortes. Acaba la XI legislatura, histórica por ser la más corta pero también, y sobre todo, por la irrupción en el Parlamento de gente que defiende a la gente, representantes del pueblo que llegamos hasta ahí gracias a la ilusión y al apoyo de tantas y tantas personas. A ellas nos debemos, nunca a los bancos. Y ante ellas rendiremos cuentas en las calles y plazas, en pueblos y ciudades. Nos vamos. Por ahora.

Hemos trabajado mucho y hemos conseguido aprobar iniciativas que podrían cambiar significativamente la vida de la gente: la Ley 25 de Emergencia Social, la derogación de la LOMCE, la reforma del Estatut valenciano para blindar una financiación justa... Y se han aprobado en el pleno con el voto favorable del PSOE y con la abstencíon de Ciudadanos. Hemos visto que los números daban para sacar adelante iniciativas como éstas, de sentido común, iniciativas para combatir la corrupción, revertir recortes, recuperar derechos, así que podemos decir que hemos alcanzado algunos de nuestros objetivos. Los números daban y nuestra voluntad era firme, pero no hemos podido formar un gobierno de cambio que pueda afrontar los retos de este momento histórico, las necesidades y demandas de las gentes y los pueblos de nuestro país. Por ahora.

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Es el momento

Es el momento. El momento es ahora. Pueden parecer eslóganes de campaña, una operación de marketing. Pues no, rotundamente no. Cuando decimos que es ahora, que estamos ante un momento histórico marcado por la apertura de una ventana de oportunidad para el cambio político, lo hacemos desde el convencimiento. Y con la seguridad de que esta ventana es estrecha y no se abre más con el tiempo sino que se cierra. Este resquicio por el que se cuela el aire fresco en el viejo sistema de partidos se abrió en 2011, aquél 15 de mayo que transformó para siempre la historia de este país. El malestar y la voluntad de cambio se hicieron evidentes en las calles, plazas y bares, pero el terremoto social no pudo hacer temblar el tablero político y en noviembre de 2011 el partido popular obtuvo una amplísima mayoría que hemos sufrido durante cuatro largos años.

Tuvimos que esperar hasta las elecciones europeas de mayo de 2014 para que esa ventana se abriese también en el campo político e institucional, y por aquella apertura ha entrado la nueva política en los municipios y en los parlamentos autonómicos. Por esa grieta han entrado diputados y diputadas que se han puesto decididamente del lado de los servicios públicos y de espaldas a la privatización de los derechos sociales, del lado de la transparencia y las cuentas claras y de espaldas a la corrupción, del lado de las mujeres víctimas de la violencia machista y de espaldas a la indiferencia y los recortes en materia de igualdad, del lado de la democracia y de espaldas a los privilegios. Diputados y diputadas que se han puesto, en definitiva, del lado de las personas. Por esa misma grieta se han colado en los ayuntamientos del cambio alcaldes y alcaldesas que se enfrentan a los desahucios, que no temen a la solidaridad, que gobiernan para su gente. El ayuntamiento de Valencia o la vicepresidencia de la Generalitat Valenciana son ejemplos de que esa ventana nos brinda la oportunidad de asomarnos a horizontes de cambio que por fin son reales, aunque no suficientes.

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