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Lecciones para Madrid Central: Boris Johnson prometió eliminar los peajes al coche en Londres y luego tuvo que subirlos

El exalcalde de Londres redujo la zona en la que se paga por cruzar por el centro de la ciudad, pero luego tuvo que aumentar las restricciones por la presión de la UE

Al igual que en Madrid, el gobierno británico se enfrentaba a una fuerte multa por incumplimiento de la normativa europea de la calidad de aire

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El exalcalde de Londres Boris Johnson. EFE

Hay veces que prometemos lo que no podemos hacer. O simplemente que descubrimos que lo que hemos prometido tiene consecuencias que no nos agradan. El dilema que plantea la promesa del PP de acabar con Madrid Central, recuerda a la que hace unos años encaró Boris Johnson. El entonces alcalde londinense se comprometió a realizar cambios en la regulación del tráfico en Londres que luego tuvo que retractar o cambiar totalmente. Hoy en día, el nuevo alcalde laborista, Sadiq Khan, está poniendo en marcha la Zona de Ultra Bajas Emisiones que ideó el ahora candidato antieuropeísta del partido conservador y qué es más restrictivo que lo que había antes.

Cuando Boris Johnson se presentó a las elecciones como alcalde en 2008 aseguró que acabaría con los atascos de la ciudad a la vez que reduciría la zona en la que los coches tenían que pagar por cruzar por el centro de Londres. Las tarifas de congestión que había introducido su predecesor, Ken Livingston, apodado por la oposición Ken 'el Rojo', no eran del gusto de todos y parecía una promesa fácil de cumplir. Así que cuando llegó al gobierno, una de sus primeras medidas consistió en suprimir el peaje en la zona oeste de Londres. También anular la propuesta de una zona baja de emisiones que se iba a implementar. Aunque de pronto no parecía tan seguro de sus promesas.

Al igual que ocurre ahora en Madrid, el gobierno británico se enfrentaba a una multa de 300 millones de libras (unos 376 millones de euros entonces) por incumplimiento de la normativa de la calidad de aire de la Unión Europea y había dejado claro que la factura la transferiría a la autoridad local. Además, la organización ClientEarth también llevó al gobierno frente a los tribunales para que desarrollara un plan en el que se respetaran los límites recomendados de NO2, uno de los gases más nocivos producidos por los coches.

Desde su nuevo despacho, Boris Johnson tuvo que empezar a pensar nuevas estrategias para acabar con la polución que se incrementaba peligrosamente y, después de intentos descabellados como poner pegamento donde se adhirieran las partículas en suspensión cerca de las estaciones medidoras del aire, seis años más tarde propuso la Zona de Ultra Bajas Emisiones que rebasaba las exigencias impuestas a los vehículos de cualquier ley anterior.

Es cierto que Boris Johnson decidió posponer su medida hasta acabado su mandato, exactamente para el 2020, pero mientras tanto subió el coste del peaje del centro de Londres que pasó de 8 a 11,5 libras. La tarifa de congestión no se había propuesto para mejorar la calidad del aire, pero al reducir el tráfico contribuía de forma moderada a tal fin. El alcalde se había encontrado con la realidad. O quizá entendió que al final, la zona de bajas emisiones era inexcusable en Londres.

Hoy en día, la capital británica sigue siendo una de las ciudades con mayor contaminación en Europa y algunos estudios han estimado que la mala calidad de sus calles se relaciona con hasta el 9% de los fallecimientos de algunos distritos.

El nuevo alcalde, Sadiq Khan, ha acelerado la creación de la Zona de Ultra Bajas Emisiones y planea extenderla más allá del centro de la ciudad. Pero ahora cuenta con el apoyo de la mayoría de los londinenses. Según la última encuesta oficial, el 82% de los que viven en esta ciudad consideran una prioridad la mejora de la calidad del aire, dos tercios de los padres se plantean la contaminación de la zona a la hora de elegir el colegio de sus hijos y casi un 50% valora los efectos de la polución cuando decide instalarse en alguno de sus barrios.

"Por desgracia, muchos políticos hacen campaña con lo que se trata de un tema de salud pública de gran gravedad", comenta Andrea Lee de la organización legal medioambiental ClilentEarth sobre lo que está ocurriendo en Madrid. Parece que ahora la opinión pública tendrá que valorar si puede seguir ignorándolo también.


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