Colegios públicos de Estados Unidos financian con la energía solar subidas de sueldo, material escolar o autobuses

Vista del colegio público Hamilton Southeastern School, en el estado de Indiana.

Tras los sueldos del profesorado, la energía es el mayor gasto de las escuelas públicas en Estados Unidos, una carga que muchos colegios e institutos han decidido aligerar con un recurso al alcance de todos: el sol. Gracias a esta apuesta, centros escolares de todo el país están ahorrando millones de dólares cada año, que están reinvirtiendo en mejorar salarios, renovar instalaciones obsoletas o comprar material para los estudiantes. 

Por ejemplo, en varios colegios de Tucson (Arizona), los niños y niñas buscan sombra a la hora del recreo bajo grandes paneles solares con los que el distrito escolar prevé recortar 43 millones de dólares de gasto a lo largo de 20 años. “Son ahorros que las escuelas utilizan para pagar libros, ordenadores portátiles, material escolar, autobuses... Es un salvavidas para los distritos escolares que tienen un presupuesto muy ajustado”, explica Tish Tablan, de la asociación sin ánimo de lucro Generation180.

Tablan es la autora de un informe publicado este mes por Generation180 en el que se detalla que la capacidad fotovoltaica instalada en las escuelas de primaria y secundaria de Estados Unidos se ha triplicado en solo siete años. El 9% de los centros del país, un total de 8.400, ya utilizan energía solar, el doble que en 2015.

Según el informe, casi la mitad de esas escuelas están en barrios pobres, con la mayoría de su alumnado procedente de familias de bajos ingresos. “Hemos visto que la energía solar no solo se ha convertido en una tecnología para las escuelas ricas, sino que hay acceso para todas las escuelas del país”, puntualiza Tablan. 

Para poner en marcha las instalaciones, los centros individuales o los distritos escolares públicos —entidades semiautónomas que agrupan a colegios e institutos de una misma zona— recurren mayoritariamente a financiación externa: el caso más común, empresas que ponen las placas y se encargan del mantenimiento a cambio de vender la electricidad a 10, 15 o 25 años, a un precio más bajo que el que pagaban antes.

Así, los colegios pueden reducir sus facturas desde el primer día y buscar otro destino para esos dólares. En Arkansas, el distrito escolar de Batesville puso en marcha un proyecto fotovoltaico y de eficiencia energética para recortar los más de 600.000 dólares (más de 612.000 euros) que se dejaba en luz y calefacción al año. Además, su presupuesto era tan ajustado que no podían ofrecer salarios competitivos al profesorado. Pero gracias al ahorro obtenido desde 2019, el distrito subió el sueldo al personal entre 2.000 y 3.000 dólares anuales. “Pasamos de ser el peor [en cuanto a salarios] al primero de nuestra zona”, explicaba el superintendente Michael Hester a la emisora local THV11.

Las ventajas de pasarse a la energía solar no se quedan en la contabilidad escolar, ya que muchos proyectos buscan distribuir los beneficios entre toda la comunidad. Uno de los casos destacados en el informe de Generation180 es el del instituto público de la Reserva india de la tribu Blackfeet, en Montana, donde casi el 40% de la población vive en situación de pobreza. En julio de 2021 comenzó a funcionar en su tejado una instalación fotovoltaica de 160 kilovatios, pero el 75% de la electricidad va a parar a las casas de los chicos y chicas del instituto. Al suscribirse al programa de energía solar comunitaria, sin coste alguno, cada casa ahorra unos 200 dólares al año en la factura eléctrica. “Nos importa que sus necesidades básicas estén cubiertas antes de que vengan a clase a aprender”, dijo el superintendente Mike Tatsey al medio local Cutbank Pioneer.

La autonomía con la que cuentan los distritos escolares en EEUU hace posible que muchos de estos proyectos surjan de abajo a arriba, de campañas impulsadas por los estudiantes o las madres y padres. En un instituto en el estado de Maine, un grupo de alumnos preparó un trabajo para mostrar que en el tejado cabían suficientes placas para suministrar con electricidad a todo su distrito escolar: el director les apoyó y en 2019 su trabajo se hizo realidad con 1.450 paneles enchufados a la red.

Los fondos federales que ha movilizado este año la administración de Joe Biden para reflotar la economía podrían dar un nuevo impulso a esta oleada solar. En abril de 2022 se aprobó un paquete de 500 millones de dólares de ayudas para mejoras energéticas en escuelas públicas y, más recientemente, en agosto, la Ley de Reducción de la Inflación —la mayor inversión pública por el clima de la historia de EEUU— ha incluido 50 millones para que los colegios puedan reducir la contaminación del aire y sus emisiones de gases de efecto invernadero. 

Tish Tablan, de Generation 180, está convencida de que los centros escolares tienen un papel fundamental en la transición hacia las energías limpias. “Cuando un colegio accede a la tecnología solar, también enseña a sus estudiantes sobre ello”, asegura. “Así aprenden sobre la energía limpia, se interesan en una carrera profesional en el sector solar, o hablan con sus padres sobre por qué no tienen energía solar en sus casas”.

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