El corazón en vilo. Y sobrevuelan los yanquis
Eso. Esperemos a la declaración de Zapatero. Hasta entonces, en shock. Y si alguien de izquierdas dice que no tiene dudas miente como un bellaco. Claro que sabemos de la presunción de inocencia y que ni en los sueños más atroces podíamos imaginar a Zapatero –una de las pocas esperanzas blancas– como jefe mafioso de una peligrosa red de delincuentes que sacaba los higadillos a los probos funcionarios con chantajes patibularios o, eso dice el auto del juez, con abultados sobres de billetes. Cualquier hipótesis es un saco de excrementos, vino a decir Gabriel Rufián. Y es cierto: si corrupto y codicioso nuestro Zapatero, para abrirse las venas. Y si al final el tsunami se queda en tenue olilla, cómo encontrar solución a la justicia.
Pasa que llegamos a este ítem en la batalla políticos-togas enfangados como los habitantes de cualquier tango sacado del más apestoso muladar. En aquella esquina, los Koldo, Cerdán, Ábalos, churretes de obscena grasa, precedidos en tiempos lejanos por Roldán, Mariano Rubio y otros chicos del coro. En el otro córner, los jueces que nunca vieron el Yak-42, las manazas o los folios donde leíamos M. Rajoy o Cospedal, y los contratos de Aznar con Gadafi. Y al tiempo, han condenado sin pruebas a todo un fiscal general, se les permite elaborar instrucciones como las de Begoña Gómez o el hermano de Sánchez, los que abonan el estiércol de un delincuente como Aldama a cambio de sumar acusaciones sin pruebas contra todo los que se mueve en Moncloa, la que ha perseguido como un perro rabioso a Mónica Oltra, la que besó la lona de la desvergüenza con el procés, y por ahí campan, tan telendos, los Marchena y sus muchachos, impasible el ademán. La misma justicia que persiguió a Podemos con métodos gansteriles, la que paraliza las investigaciones a MAR o al novio de Ayuso, la que no ve delito en acusar a la mujer del presidente de llevarse millones a Marruecos o esa justicia que bendice a Vito Quiles y otros animales de la misma especie.
Es una zona negra del PSOE, la de la corrupción –de nada nos sirve a las gentes de izquierdas que nos mencionen Gürtel, Rato o las mil mandangas de la Comunidad de Madrid– y ahí se la encuentra de frente Pedro Sánchez y todo el Gobierno actual. Un asco, una vergüenza, cómo librarnos del oprobio de haber confiado vidas y haciendas a esos infamantes chorizos, qué pintan por ahí Leire y otros personajes de similar condición. Cierto. Y nos tiene el corazón en un puño. Y ahora, Zapatero. Un espanto. Pero es imposible que nos quiten de la cabeza, hasta que pasen nuevos acontecimientos y el expresidente pueda defenderse en público, que estamos bajo los efectos terroríficos de una campaña orquestada por jueces y fiscales contra la izquierda. En el párrafo anterior hemos mencionado algunos casos, obvios, flagrantes, pero mentes sabias como el fiscal y magistrado de la Sala Segunda del Tribunal Supremo entre 1989 y 2011, José Antonio Martín Pallín, lo ve con una lucidez meridiana. Estamos asistiendo, dice y así lo escribe en Visto para sentencia, Editorial Siglo XXI, “Una ofensiva judicial impregnada de ideología reaccionaria”. Y para ello utiliza cualquier cosa, desde la acusación particular de organizaciones fascistas o parafascistas y el apoyo irredento de unos medios de comunicación sucios y deleznables. Más Martín Pallín, mismo libro: “La situación se vuelve dramática cuando no es el azar, sino el sectarismo y la militancia política los que inclinan la balanza de la justicia”.
Esperar. Nos comemos los nudillos, pero no queda otra. Esperar los datos y sus consecuencias. Mientras, aguantar los sacos de excrementos que llegan desde televisiones feroces y digitales inmundos. Y fingir que estamos ante un juzgado de la Audiencia Nacional serio y riguroso del que misteriosamente se filtran cada día miserias y conversaciones que nada prueban, pero que todo lo ensucian. ¿Ese juez tan profesional y de fama acrisolada no puede poner siete llaves en su despacho? ¿La UDEF no puede cerrar la boca a sus dignísimos integrantes, “Servicio, Dignidad y Valores” es su divisa, pero que largan como comadrejas? Es todo una locura, un sindiós que siempre, siempre, perjudica a los mismos. Neguémonos a seguirles el juego. Esperemos a los datos comprobados, sin llamadas fantasmas y sociedades que nadie conoce. “Un amigo de Zapatero tenía una cuenta en un paraíso fiscal”, dicen las filtraciones y recoge alborozada la fiel infantería. A ver, ¿cuántos amigos de José María Aznar o su yerno, Alejandro Agag, tendrán cuentas en paraísos fiscales? ¿Decenas, cientos? Pero al mentiroso de la guerra de Irak ningún tribunal de Caravaca (Murcia), ni de la Audiencia Nacional de Madrid, ni siquiera de Washington, ha investigado con microscopio las cuentas de Famaztella S.L, que ha mantenido un patrimonio neto superior a los 2,9 millones de euros. Y, por supuesto, nadie ha investigado el entramado de Alejandro Agag, el yernísimo. ¿Inquieren por Felipe González? Pertinente pregunta, la verdad.
Y además, ¿olvidamos que el grueso de la información sobre el expresidente proviene de la Oficina de Investigaciones de Seguridad Nacional (Homeland Security Investigations, HSI) de Estados Unidos, administración pública que odia a Zapatero tanto o más que a Pedro Sánchez, ese osado presidente que ha plantado cara a la barbarie israelí y al mismísimo Donald Trump? Semanas locas de togas intachables, lluvia de ranas y de langostas que devorarán las cosechas. Feijóo y Abascal, como se vio el domingo en Madrid, a recoger los frutos, incapaces, al menos por ahora, de montar una moción de censura con visos de victoria. No les llega, pero les basta la brutalidad. Miserables. Y estamos en los inicios, que la agonía de Zapatero, dados los plazos de la justicia española y los deseos de muchas puñetas, se puede extender por lustros.
Y Cuba. Tres años vivió el Ojo y su familia en La Habana. ¡Conoció a tantas gentes, de arriba y abajo, de uniformes militares y guayaberas de manga larga en el Palacio de la Revolución, de camisetas de tirantes en La Víbora! Una ligera mención para que el lector entienda que las cosas que ocurren en aquella isla, el Caimán la llaman, le hieren al escribidor en mayor medida que el drama de Sudán. ¡Somos tan simples! Hay millares de crónicas que cuentan el desastre con minuciosidad-unas mejor que otras y alguna hay escrita directamente por la CIA- pero quizá convendría alguna puntualización. Por ese procesamiento a Raúl Castro, 94 años, promovido por un fiscal de Estados Unidos como ejemplo. El vil secuestro de Maduro, dirigente de un país soberano, en la memoria. Y sangriento: 55 muertos durante el ataque, 47 militares venezolanos (nueve mujeres), 32 militares cubanos, con rangos de capitanes, mayores y coroneles, y 2 civiles. Ya ven qué limpieza de operación.
Veamos. El 21 de noviembre de 2024, tras una investigación internacional sobre la posible comisión de crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad por parte de las Fuerzas de Defensa de Israel en la guerra de Gaza, la Corte Penal Internacional (CPI), que representa a 124 Estados, emitió órdenes de detención contra Benjamín Netanyahu, primer ministro de Israel, y Yoav Galant, su exministro de Defensa. ¿Cargos? Responsables por el crimen de guerra de hambruna como método de guerra y los crímenes contra la humanidad de asesinato, persecución y otros actos inhumanos durante la guerra en Gaza. La orden implica que esos Estados pueden detener a Netanyahu si entra en su territorio, entre ellos Francia, Alemania y el Reino Unido. No así en Estados Unidos, ya que este país no es miembro de la CPI. Horas se ha tirado en el despacho oval con su cuate Trump. Unas risas entre ellos. Por cierto, tampoco Cuba es miembro de la CPI.
¿Tiene pensado la CIA y su jefe supremo, Donald Trump, enviar un comando a Tel Aviv para detener y llevar a juicio a ese tipo manchado por el horror de decenas de miles de asesinatos, muchos de ellos niños? O, quizá, quiera el mismo presidente encausarse a sí mismo por ordenar la ejecución extrajudicial, entre el 2 de septiembre de 2025 y el 5 de mayo de 2026, de las 179 personas que ocupaban las 58 embarcaciones que surcaban aguas internacionales y que el inquilino de la Casa Blanca, por su cuenta y sin ningún riesgo, mandó bombardear salvajemente por meras sospechas de narcotráfico, sin que tribunal alguno hubiera dictado sentencia. Y no hablamos de Irán y las escuelas arrasadas. Ah, no, que Trump pretende llevarse a Estados Unidos al mandatario de otro país que ordenó –o eso dicen ellos- que se derribaran dos avionetas cuando invadían el espacio aéreo cubano y tras varias advertencias.
En plata: ¿de qué estamos hablando? De una estúpida coartada para hacer lo que se les antoje con un país de casi diez millones de habitantes, masacrado por un bloqueo asesino de varias décadas. ¿Malo, deleznable el gobierno cubano? Pues seguramente. ¿Pero piensan en Washington intervenir, con el silencio cómplice de Europa, en todos los países mal gobernados de América, Asia o África, donde los niños se mueren de hambre, donde no hay medicinas, ni agua potable, ni democracia, ni derechos humanos de ningún tipo? ¿Qué es esta bazofia intelectual que nos comemos como borregos, a ver si un halo de libertad salva a los pobres cubanos de las garras de sus crueles dirigentes?
Mala pinta tiene este asunto, que los organismos de inteligencia estadounidenses, más los millonarios cubanos de Miami, votantes y pagadores a espuertas de las campañas de Trump y los republicanos desde los años sesenta ya se han ocupado de sembrar el terreno, dentro y fuera de Cuba, para que pueda ocurrir cualquier cosa. Y el mundo mundial, por supuesto, callado como ratas. Ya lo hicieron con Palestina. O con Líbano y, quizá, lo hagan con Irán. Indignos de llamarnos demócratas.
Decíamos de Zapatero: un asco. Decimos de Cuba: repugnancia. Y del embajador de Estados Unidos en España, Benjamín León, solo contar que el pasado viernes recibió a Santiago Abascal y no dudó, tan orondo y campechano, en fotografiarse con el líder ultraderechista.
Omnipresentes, los yanquis. Aquí, allá y en el infierno.
Adenda. Un señor que responde al cargo de consejero de Seguridad del Gobierno vasco, y al nombre de Bingen Zupiria, PNV, viene a decirnos que “lamenta” mucho lo sucedido el sábado en el aeropuerto de Loiu, Vizcaya. Esa cosa que pasó a la llegada de los integrantes de la flotilla que se dirigía a Gaza, y que ya fueron humillados y maltratados por ese ministro de Netanyahu, el energúmeno Ben Gvir, vamos a explicarla a la vista de las imágenes. Unos salvajes con uniforme de la Ertzaintza se dedicaron a golpear a tipos y tipas que estaban en el suelo, amarrados y paralizados con llaves de lucha grecorromana por otros agentes, incapaces de defenderse. Los golpeaban como fieras. Usted, usted y usted lo han visto. Ahora tendrán que decidir entre la meliflua explicación del señor consejero, lo investigaremos, es su máximo compromiso mientras sugiere unas difusas provocaciones de los aporreados, o a sus propios ojos. Brutalidad policial se llama la figura, y creíamos que esos desmanes se producían en Minnesota, y no en Vizcaya. Al menos ahora, que en esas tierras, durante el franquismo, se veía aquello y más.
¿De qué violenta manera pudieron provocar quienes iban a recibir a sus familiares o amigos para recibir tal lluvia de palos, asestados con una cólera enfermiza? Fuera. Esos salvajes no pueden llevar el uniforme del Estado ni tener armas violentas en sus manos ni un día más. A la calle, con oprobio y con duras sanciones. Por bárbaros.
Sobre este blog
El Ojo izquierdo nació en El País en 2010 y prolongó su vida durante diez años en la cadena SER, con vivienda propia en el Programa Hoy por Hoy, primero con Carles Francino, después con Pepa Bueno y finalmente con Àngels Barceló.
Ahora se instala con comodidad en elDiario.es, donde es de esperar que se mantenga incólume la aviesa mirada de su autor, José María Izquierdo.
2