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Un nuevo enigma sobre Siria y las armas químicas

Iñigo Sáenz de Ugarte

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24 horas después de que se conociera la noticia de un ataque con armas químicas en Siria (vídeos), expertos citados por varios medios afirman que se trata de la prueba más solida exhibida hasta ahora sobre el uso de este armamento, a diferencia de ocasiones anteriores --como cuando Le Monde dio la noticia de un supuesto ataque-- en los que las pruebas no resultaron muy creíbles.

En The Guardian comentan que los síntomas apreciados coinciden en líneas generales con los que se pueden encontrar en la muerte por asfixia producida por el uso de armas químicas cuando se encuentran en supervivientes que no han fallecido, por ejemplo convulsiones, contracción de la pupila y un color característico en la piel, en especial alrededor de la boca, además del hecho de que no presentan heridas por arma de fuego o explosiones.

El hecho de que haya niños entre esos supervivientes confirma las sospechas, dice un experto citado por Der Spiegel. Los adultos pueden simular fácilmente unas convulsiones, pero es mucho más difícil conseguir el mismo efecto con niños y que parezca creíble.

Lo que no se puede saber es qué tipo de agente nervioso se ha utilizado. En este momento, no se puede afirmar con seguridad que pueda tratarse de gas sarín. Los elementos químicos de estas armas no desaparecen fácilmente. Si los médicos que atienden a las víctimas no llevan la protección necesaria, y no la tienen los que aparecen en las imágenes, terminarán siendo contaminados y sufriendo el mismo destino.

Algunos expertos plantean la posibilidad de que se haya utilizado en los proyectiles de artillería otros productos químicos, como organofostatos, habituales en concentraciones menores en los insecticidas. Los síntomas son similares. El tratamiento inmediato se realiza con atropina y es efectivo. Ahí el problema reside en que los hospitales de la zona no contaban con las dosis necesarias.

Lo que no está tan claro son las circunstancias que rodean el ataque. Ha ocurrido en tres zonas diferentes controladas por la oposición, situadas todas ellas en los suburbios orientales de Damasco, cuando un equipo de inspectores de la ONU había llegado el lunes a la ciudad para investigar otros supuestos ataques realizados con anterioridad. La coincidencia es como mínimo bastante contraproducente para el régimen sirio, que habría elegido un momento realmente malo para el ataque.

Otras denuncias de la oposición siria, apoyadas con vídeos, han resultado ser falsas o no del todo ciertas. El posible uso de armas químicas ha sido antes el recurso empleado por Washington y Londres para presionar a Rusia y que el Consejo de Seguridad de la ONU adopte una posición más activa contra Asad. Las referencias a la pasividad de la comunidad internacional no tienen mucho sentido en este caso. Todo se reduce a lo que haga el Consejo de Seguridad, y por tanto al duelo de costumbre entre Washington y Londres por un lado, y Moscú y Pekín por otro.

La espectacular disparidad en el número de muertos tampoco ayuda a llegar a una conclusión. Los ataques han continuado el jueves en esa zona, pero aun así resulta difícil entender que se den cifras tan dispares, desde 200 hasta 1.400 víctimas.

Los gobiernos norteamericano y británico ya han afirmado antes que era probable, no seguro, que el Ejército sirio hubiera empleado armas químicas en ataques puntuales. En mayo, Carla del Ponte, de la comisión investigadora de la ONU, tampoco descartó que los grupos rebeldes hubieran empleado esas mismas armas.

Desde el punto de vista militar, el Gobierno de Damasco no está en ninguna situación desesperada que le obligue a tomar medidas extraordinarias. De hecho, es al contrario. En los últimos meses, casi todas las noticias en el frente le han sido propicias. Nadie cree que los rebeldes estén en condiciones de ganar esta guerra. Tampoco se puede decir que vayan a ser aniquilados, pero las dudas razonables que existían sobre el futuro de Asad a principios de año se han disipado por completo.

Por otro lado, no todas las decisiones que se toman en una guerra civil tienen lógica militar.

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