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Iker y Eneko Pou abren 'Bonus Track' en el Ranrapalca

Iker y Eneko Pou en 'Bonus Track' en el Ranrapalca

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Iker y Eneko Pou, nuevamente en compañía del peruano Micher Quito, con el que ya han realizado actividades tan importantes y nominadas al Piolet de Oro como One Push, Ya Pe Cholo o Puro Floro, logran la apertura de Bonus Track (WI7/M6/6c/1.060m), la que definen como la más dura hasta ahora de sus vías de alpinismo.

Ésta es su segunda apertura en el Ranrapalca, un gigante de 6.162 metros, tras Ya Pe Cholo (2023). Ha sido nuevamente en estilo alpino y tras tres días consecutivos en la pared, con sus dos respectivas noches suspendidos del vacío, en una ascensión que no dudan en definir como: “Extremadamente dura, comprometida y expuesta. Alcanzamos la cumbre en mitad de la niebla, hundiéndonos en la nieve, completamente exhaustos y medio perdidos cuando, en mitad de la nada y a prácticamente 6.000 metros, aquel bonito pájaro apareció para guiarnos hasta lo más alto. Por eso hemos puesto este nombre a la ruta. A veces ocurren cosas sin explicación aparente que te dan una oportunidad extra”.

La escalada supera los 1.000 metros de desnivel y subrayan que en varios momentos dudaron si lo conseguirían: “A pesar de nuestra experiencia e intuición íbamos descifrando el jeroglífico para seguir ascendiendo como buenamente podíamos hasta que en muchos lugares dábamos con un muro infranqueable que nos obligaba a hacer un pequeño rápel para buscar un sistema de fisuras que nos permitiese seguir avanzando. Así hasta en tres ocasiones... Además los largos difíciles se iban sucediendo uno detrás de otro... Una vez en roca, otras en hielo, y otras en mixto, pero lo cierto es que la vía no permitía descanso. Tampoco los dos vivacs a la intemperie y suspendidos del vacío. El primero fue el más duro cuando, en mitad de una tormenta de nieve que no se esperaba, y exhaustos tras doce horas ininterrumpidas de actividad, nos tuvimos que guarecer como pudimos dentro de una grieta. Amanecimos empapados y ateridos por el intenso frío, pero nos armamos de energía y continuamos escalando. Al menos en el segundo vivac no nevó, aunque tuvimos que dormir sentados al borde del precipicio...”

El tercer día llegaron a la parte superior de la ruta con la enorme incógnita de si tendrían un pase natural entre los enormes seracs: “Durante más de tres horas estuvimos expuestos a su caída, hasta que por debajo de ellas encontramos un lugar por donde colarnos y acceder al plato somital. Allí fue cuando, perdidos en mitad de la niebla, apareció aquel pájaro que nos guió en nuestro camino a la cumbre...”, relatan emocionados.

Cinco jornadas maratonianas de no menos de ocho horas y hasta trece consecutivas, con noches de solo tres o cuatro horas de sueño, frío glacial, dificultades muy altas y exposición constante es lo que se traen los Pou de su nueva aventura peruana: “Contado así puede parecer una locura. Y es verdad que a veces lo es, pero creo que pocas veces nos hemos sentido más vivos que ahora, tras superar tantas penalidades y finalmente alcanzar la cima. Ha sido un trabajo en equipo brutal el que hemos realizado con nuestro compañero. Nos sentimos muy orgullosos de ello”.

Y ahora, tras una experiencia tan intensa se tomarán un merecido descanso, tras el cual volverán con nuevos proyectos para el otoño: “Nos toca recuperar energía, pero para septiembre y octubre ya estamos pensando en embarcarnos en alguna actividad en escalada en roca”.

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