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Ana de Miguel, filósofa: “Si un estado no puede proteger a sus jóvenes de plataformas porno y de explotación, ¿para qué sirve?”

La filósofa Ana De Miguel en el Palacio de La Magdalena de Santander.

Bárbara Ferrer

11 de octubre de 2026 21:01 h

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Autora de obras referentes del pensamiento feminista contemporáneo como Ética para Celia (2021) o Neoliberalismo sexual: el mito de la libre elección' 2015), Ana De Miguel (Santander, 1961) cuestiona abiertamente la soberanía digital de los estados frente a las multinacionales tecnológicas. También interpela, sin equidistancias, a quienes defienden la regulación del ‘trabajo sexual’ frente a la abolición del sistema prostitucional. Desde el año 2005, De Miguel ejerce como profesora titular de Filosofía Moral y Política en la Universidad Rey Juan Carlos, aunque actualmente se encuentra en comisión de servicios en la UNED, y dirige el curso ‘Historia de la Teoría Feminista’, que ya va por su 35 edición en la Universidad Complutense de Madrid. Acaba de participar en Santander en las IV Jornadas sobre Trata y Explotación Sexual para hablar de la prostitución como escuela de desigualdad.

¿Por qué es la prostitución una escuela de desigualdad?

La pregunta filosófica que nos hacemos en este 2026 es cómo es posible que una sociedad como la nuestra, que apoya la igualdad entre mujeres y hombres y que ha sido pionera, con la primera ley de violencia de género o la ley de igualdad, hiciera lo que hizo. ¿Cómo es posible que a finales de los 90 y principios de los 2000, al mismo tiempo que nos volcábamos en la igualdad y en las cuotas de paridad, abriéramos las puertas a los y las proxenetas que llenaron el país tras la caída del Muro de Berlín? España se convirtió en el burdel de Europa. Y hay que preguntarse por esta traición sin paliativos de nuestros compañeros de humanidad. ¿Qué es la prostitución? Es un harén mantenido por todos los españoles. Lo que la democracia ha democratizado es que –si antes un harén lo podían tener solo los megamillonarios– ahora cualquier joven, trabaje en la construcción, sea reponedor de supermercado, profesor, cirujano o físico nuclear, dispone de ese harén. Todos tienen acceso a miles de mujeres de todas las etnias por un precio cada vez más barato.

¿Y qué explicación nos dan? Dicen: “No podemos evitar que se prostituyan si ellas quieren”. Pero una mujer no se puede prostituir sola. Es solo el dinero del hombre el que la prostituye. Por eso no hay harenes de hombres para mujeres heterosexuales, porque nosotras no sacamos la billetera para comprar cuerpos de hombres que no nos desean. El motor de la prostitución es el hombre con su dinero. Un hombre con su dinero es el que crea a la mujer prostituida; si el hombre no saca el dinero, es imposible que haya prostitución. La causa no es una mujer queriendo prostituirse, es un hombre queriendo pagar.

¿Por qué cree que es necesaria la Ley Orgánica de Abolición del Sistema Prostitucional?

Toda sociedad tiene que tener una idea de cómo quiere organizarse. Como decía Hannah Arendt, la política va de cómo vamos a vivir juntas y juntos y qué sociedad queremos. La LOASP es el ideal al que queremos tender. Una sociedad democrática no quiere ponerles a sus niños un burdel en la esquina del colegio para mandarles el mensaje desde los ocho añitos de que a las mujeres se las puede comprar con dinero, mientras que la compañera de pupitre es una igual. No queremos esa doble verdad como principio educativo. Además, el desencuentro enorme que hay hoy entre chicas y chicos se debe en muy buena medida a la pornografía, que está destruyendo la sexualidad de los jóvenes. Les están educando en la violencia.

En plataformas como Pornhub se ven vídeos de violaciones o de chicas inconscientes, e incluso existen investigaciones que apuntan a que instituciones como el Vaticano, o fondos de inversión como JP Morgan o la propia Universidad de Cornell –donde se acaba de reabrir un caso de violación múltiple– invierten en pornografía. Las multinacionales tecnológicas entran como Pedro por su casa y los estados dicen que no pueden proteger a su ciudadanía. ¿Qué democracia es esta que mantiene un harén de decenas de miles de mujeres para sus ciudadanos varones? Por eso es imprescindible una ley orgánica abolicionista.

La pornografía está destruyendo la sexualidad de los jóvenes: les está educando en la violencia

¿Qué responde a quienes se sitúan al otro lado, argumentando que la regulación permitiría mejorar la situación de las mujeres que ejercen la prostitución?

Para quienes dicen que a las mujeres de este mundo que están en mala situación hay que permitirles ser putas para que no se mueran de hambre, solo les digo que ojalá tengan que responder de esto algún día ante los niños y las niñas. ¿Qué me estás diciendo, que en España, uno de los países más ricos del mundo, lo que les decimos a las niñas que nacen en Nigeria es que vengan aquí de putas y les damos dinero? No me lo puedo creer. La prostitución es una escuela de desigualdad humana donde los hombres en el burdel aprenden a ver solo su deseo y dejan de ver a las mujeres como seres humanos.

A los que salen con los típicos tópicos de que “no se le pueden poner puertas al campo”, les digo: ¡Vete a la mierda! Aceptemos todo entonces y no pongamos límites a nada. Gente que es súper revolucionaria para la vivienda o la economía, de repente con la prostitución te dice que no se puede cambiar al ser humano. El sexo no es una actividad cualquiera, y por eso las mujeres no vamos de putos.

¿Cómo se puede garantizar que una política abolicionista de la prostitución no se limite a penalizar, sino que garantice derechos y alternativas económicas y sociales para las mujeres?

La ley sueca es un modelo. La autora Emma Holten lo explica muy bien. La ley sueca no es perfecta, pero hoy haces una encuesta entre los chicos jóvenes en Suecia y la mayoría está en contra de la prostitución. Lo ven como veríamos hoy en España el fumar en los aviones o en las aulas, como un despropósito.

¿Cuál es la clave del modelo sueco?

Mucha pedagogía desde la base sobre por qué no queremos convivir con un harén y, de otro lado, penalizar al cliente/putero. En nuestra sociedad se penaliza todo. A mí me penalizan si no llevo el cinturón de seguridad, que es mi vida. ¿Y cómo no se va a penalizar a un proxeneta o a un cliente que con su dinero está induciendo a la prostitución a una persona, sea en OnlyFans, en una esquina o en un polígono? Si quieres darle dinero a una mujer, dáselo, pero no te atrevas a meterle las manos si no te desea.

Nosotras no sacamos la billetera para comprar cuerpos de hombres que no nos desean

¿Qué papel juega la prostitución y la pornografía en la construcción social de la sexualidad masculina?

Las chicas jóvenes están teniendo un desencuentro sexual con los chicos porque ellos han aprendido a asociar sexualidad con violencia y humillación. No soy socióloga, pero es lo que me cuentan muchas alumnas. La mitad de los vídeos porno son violentos. Es más, Pornhub acaba de incorporar en la cabecera de su web una opción que se llama ‘IA Puta’. La Inteligencia Artificial te despliega un menú a la carta: eliges si la quieres rubia o morena, luego la personalidad –que por defecto sale sumisa–, la profesión (camarera, sirvienta), y luego las prácticas que prefieres: esposas, tragar semen, todo a la carta... ¿Qué te parece? ¡IA Puta! ¿Y que un estado no pueda proteger a sus ciudadanos más jóvenes de una plataforma que les dice “¿eres mayor de 18 años?”, das al botón y te ofrece eso? Dime para qué sirve el estado. La primera función de un estado es la protección física. Si las plataformas tecnológicas se han tragado a los estados, es el fin de la democracia.

¿Qué haría falta para desbloquear la ley abolicionista? ¿Cuál es la excusa para que esté encallada?

Creo, sinceramente, que el problema es una parte de la izquierda y del autodenominado feminismo. ¿Por qué? Porque critican la mercantilización de todo –de la vivienda, de los servicios públicos– y abrazan la mercantilización del cuerpo de las mujeres y de las niñas. Esa contradicción es una herida por la que sangran los votos. ¿Qué hace falta? Que la izquierda siga su tradición de coherencia: el cuerpo de las personas no se mercantiliza. Hay que poner límites al poder del dinero y luchar de verdad por la igualdad entre chicas y chicos, y ser menos frívolos, menos bohemios.

Ana De Miguel, tras su intervención en las IV Jornadas sobre Trata y Explotación Sexual organizadas por el Ayuntamiento de Santander.

¿El consentimiento de la ley ‘del solo sí es sí’ no ha logrado poner límites?

El consentimiento a nivel penal está muy bien, pero hoy se está utilizando para legitimar lo ilegitimable. En el ámbito educativo y social tiene la consecuencia perversa de que, a través de la pornografía, se coacciona a una chica para que consienta cualquier práctica, hasta la agresión física. El estado social existe precisamente para no dejar todo al consentimiento individual. Los sindicatos surgieron para que no quedara en el obrero individual el consentir o no jornadas abusivas. En una sociedad de desigualdad económica brutal, el consentimiento se extrae facilísimo. Es como la ley de acoso sexual: un profesor no puede solicitar relaciones a una alumna, o un jefe a su empleada aunque ella sea mayor de edad y “consienta”, porque hay una relación de poder.

Volviendo a la ley abolicionista ¿cree que hay falta de voluntad en estos últimos años?

Desde el Gobierno de coalición se excusan diciendo que existen “diferentes sensibilidades” entre los socios. En el Gobierno hay distintas posturas; Sumar, Podemos o Bildu están a favor de regular el ‘trabajo sexual’. Pero para el PSOE también es muy cómodo decir que la tienen vetada. Hoy por hoy, donde hay más mujeres y hombres luchando por abolir la prostitución es dentro del Partido Socialista. Aunque luego, como conviven con puteros hiperconocidos como Ábalos, pues la cosa está regular.

¿Corre riesgo el feminismo de fragmentarse en exceso?

Sí, el feminismo está fragmentado, pero es que está fragmentado todo. La política de las identidades que se puso de moda a finales de los 90 invita a las generaciones jóvenes a mirarse continuamente al espejo: “Mírate al espejo, mira a ver quién eres, si eres un hombre o una mujer desde los seis años”. Como filósofa te diré que sólo vas a saber quién eres a través de la acción. Pero mientras los jóvenes se miran al espejo, el gran capitalismo y el neoliberalismo les ha desplumado de todos sus derechos económicos: del derecho a la vivienda y de un salario digno para tener un proyecto de vida. Y el feminismo también se ha dejado llevar por la política de la identidad. Al capitalismo le ha encantado la política de la identidad porque lo económico ha pasado a segundo o tercer plano. Ser mujer, lesbiana, gay o negro no es sinónimo automático de querer una sociedad más justa si no se cuestiona la estructura económica. Hay que unirse en lo económico.

La idea de que "tu cuerpo es tu mejor recurso y serías tonta si no le sacas partido" proviene de EE.UU.

¿Qué responsabilidad tienen las universidades en la transformación de las relaciones de género?

Las universidades han sido colonizadas por pensadoras y pensadores estadounidenses que invitan a pensar únicamente desde las identidades, y en Estados Unidos no hay nada más importante que el dinero. La idea de que “tu cuerpo es tu mejor recurso y serías tonta si no le sacas partido” proviene de ahí. Autoras como Judith Butler están a favor de los vientres de alquiler, de la gestación subrogada y del trabajo sexual porque consideran que el dinero todo lo legitima. Luego se presentan como lo más transgresor y antifamilia tradicional, pero resulta que son lesbianas y tienen una pareja y un hijo. Dime donde está lo no tradicional. Si en nuestro país las supuestas madres intelectuales del feminismo académico son pensadoras norteamericanas que defienden que el dinero todo lo compra, la contradicción es total.

Tras tantos años dedicada al análisis del pensamiento feminista, ¿qué pregunta cree que seguimos sin hacernos como sociedad?

La pregunta se la haría directamente a los hombres. Cuando les contamos que siete chicos han violado a una chica durante varias horas en el campus de la Universidad de Cornell tras drogarla, o cuando ven la violencia que se ejerce a diario, les preguntaría: ¿Por qué vuestra única respuesta sigue siendo “yo no he sido”? Les diría: dejad de responder “yo no he sido”. Decidnos más bien: “Cuéntamelo, explícame cómo es esto posible y vamos juntos a acabar con ello”. Tienen que pasar de la pasividad a cambiar un mundo asqueroso en el que las grandes corporaciones se han apoderado de todo.

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