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ENTREVISTA José Manuel Ciria, artista plástico

“Los pintores siempre hacemos el mismo cuadro, aunque algunos tenemos el privilegio de disimularlo”

El pintor José Manuel Ciria, durante el montaje de su exposición en Santander.

Javier Fernández Rubio

Santander —

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El pintor madrileño José Manuel Ciria expone desde esta semana en las Naves de Gamazo, en Santander, su última producción pictórica. Quien afirma, no sin sarcasmo, que “los pintores siempre hacemos el mismo cuadro, lo que pasa es que algunos tenemos el privilegio de disimularlo”, ha agrupado con gran disimulo treinta piezas bajo el sobrenombre de 'Pintura, memoria y tiempo', una recopilación que alterna obra anterior y piezas nuevas, grandes polípticos cargados de color. La muestra, organizada por la Fundación Enaire y comisariada por el crítico Marcos-Ricardo Barnatán, estará abierta al público hasta el 2 de junio y en ella el espectador encontrará grandes piezas pictóricas, polípticos en su mayoría, con el color y las dimensiones impactantes de la pintura de Ciria.

José Manuel Ciria nació en Manchester en 1960, de padres españoles. Permaneció en Inglaterra hasta los ocho años, momento en que sus padres decidieron regresar a Madrid. Empezó a destacar desde su infancia por su facilidad para el dibujo y la pintura, y después de pasar por varias escuelas y los talleres del Círculo de Bellas Artes, a la edad de 17 años, ingresó en la Facultad de Bellas Artes de Madrid. En segundo año de carrera, decidió abandonar sus estudios y continuar su formación como autodidacta. En 1994 obtuvo la Beca de París del Ministerio de Cultura y en 1995 la Beca de Roma otorgada por el Ministerio de Asuntos Exteriores. Ciria es uno de los artistas más destacados de su generación y una figura central en el heterogéneo panorama de la pintura española de las tres últimas décadas. Desde que en 1984 realizara su primera muestra individual en la galería parisina La Ferrière, ha trazado una amplia trayectoria jalonada por numerosas exposiciones y premios. Su última parada es Cantabria.

¿Qué supone para usted exponer en Santander?

Hago mucha pintura, pero también instalaciones, performance y acciones. Esta exposición es mitad selección de mi obra de estos últimos años y la otra mitad, obra preparada específicamente para las Naves de Gamazo. Tenía muchas ganas de hacer algo grande en Santander.

¿Vive en Manchester?

No, nací en Manchester. Cada uno en esta vida tiene una cruz. Es una cruz total. Es la ciudad más fea del planeta. Tuve una infancia feliz. Mi padre se fue a allí a practicar inglés por seis meses, se enamoró y se quedó 10 años. Mi madre trabajaba allí de modista, pero le entró la morriña, le entraron ganas de volver y me dijo “esto se ha acabado”. A la semana de volver a Madrid, se le quitó la ansiedad que tenía [Ríe].

¿Por qué abandonó los estudios en la Facultad de Bellas Artes?

Lo dejé en segundo. Había entrado con muchas ganas porque lo mío era la pintura y yo quería que me enseñaran procedimientos, pero en aquella época solo se hablaba de política, no de procedimientos. Si querías aprender a pintar, tenías que ir a Valencia, porque Madrid era un desierto.

Si querías aprender a pintar, tenías que ir a Valencia porque Madrid era un desierto

Entonces se formó usted a sí mismo...

Uno nunca es del todo autodidacta. Vas preguntando, estuve en estudios de pintores... Lo bueno es que al carecer de marco y tener un ansia tan grande uno no se conforma con tres o cuatro libros porque haya que aprobar un examen, sino que lees todos los libros. Me acuerdo que de joven iba a la Fundación Juan March para escuchar a Santiago Amón y salía llorando porque hablaban de pintores que yo no conocía y al día siguiente iba a la librería a gastarme todo el dinero que tenía en libros.

La obra con la que ha acudido a Santander se caracteriza por su gran formato, entre otros aspectos.

Trabajo todos los formatos, pero para un espacio como las Naves de Gamazo tienes que traer obra en gran formato. Yo sufro mucho físicamente para hacerlo. He traído un políptico de cinco piezas de 3x3 metros y me he dejado la piel para hacerlo, pero al mismo tiempo es una gozada.

¿Cómo han enfocado la muestra?

Marcos Ricardo Barnatán siempre tuvo amistad con Eduardo Arroyo, que fue quien inauguró esta sala. Cuando Barnatán se vino a vivir a Santander tuvo muchas ganas de hacer una exposición mía en esta ciudad. El MAS está cerrado y el Centro Botín hace apuestas más internacionales, entonces me invitaron a venir a las Naves de Gamazo y viendo sus cuadros me di cuenta de que era la Colección Aena, que ahora es Enaire. Conocí hace años a una persona que trabajaba con Aena y ahora en Enaire y antes de salir por la puerta ya estaba llamándome y tenía las fechas casi cerradas. Alucinante.

El espectador que acuda a la muestra en Gamazo, ¿qué se va a encontrar?

Pintura sin contención. Me ha ayudado mucho el comisario de la exposición, Marcos-Ricardo Barnatán, y también la gente de la Fundación Enaire, que quería que trajera algunas piezas mías de antes de mi estancia en Nueva York. El resto son de hace tres o cuatro años.

En la muestra, ¿qué hay?

Hay polípticos que funcionan muy bien como piezas sueltas enfrentadas a otro políptico de cinco cuadros. Cuando se trabaja con técnica de azar se controla la composición pero no todos los ingredientes que entran. Hay otra lectura, además, que me gusta a mí: si se coge un dibujo, un esquema, un boceto y lo copias, con algo de memoria, eso se te queda dentro. Luego, pinto de memoria.

¿El azar es importante para usted?

Sí, mucho. Toda mi técnica es azarosa, juego con el cuadro, me permito el lujo de levantarlo para que la pintura chorree, el color no es coincidente. Es un armazón, de esqueleto, que parece sujetarlo todo, pero luego, en la forma de entrar, los azules pueden coincidir más o menos en el mismo lugar, pero otros no. El tratamiento varía de uno a otro.

¿Pinta según su estado de ánimo?

No soy motherwelliano, quien decía que los artistas somos esponjas traductores de los estados anímicos. Si a mí se me muere el gato no pinto de negro y, si estoy enamorado, no pinto de rosa. En ese sentido, tengo una paleta bastante personal.

No soy 'motherwelliano'. Si a mí se me muere el gato no pinto de negro y, si estoy enamorado, no pinto de rosa

¿Pictóricamente sigue el camino que ha venido transitando en el que predomina la conjunción entre manchas y geometría?

Sí, es un continuo. Hay una expresión que dice que la vida es demasiado corta para tener más de una idea. Los pintores siempre hacemos el mismo cuadro, lo que pasa es que algunos tenemos el privilegio de disimularlo [ríe]. Sigo investigando en recursos y en la abstracción. Me doy bastante libertad y al mismo tiempo me contengo, tengo mi lenguaje muy trabado. A veces los grupos de trabajo se pueden ver como familias.

También tiene usted una variante crítica. No solo hace sino que reflexiona sobre el hacer. ¿Qué piensa sobre el momento actual del arte?

Vivimos un momento difícil, no de pensamiento blando, sino de pensamiento inexistente. Esto también se refleja en el arte. El arte no está en crisis. La pintura goza de una salud extraordinaria, pero no se sacan cosas fuera, aunque estamos en un momento dulce.

¿Quiere decir que a los pintores españoles no se les apoya lo suficiente a la hora de mostrar su obra en el exterior?

A nivel político no hay ninguna necesidad de apoyar a los artistas en el sentido de apoyar a la gente para que pueda salir. Con José María Aznar y Miguel Ángel Cortés (secretario de Estado de Cultura con el PP) funcionó como un tiro, pero luego cambió el gobierno y en vez de continuar y hacerlo más grande se decidió que no. Ahora se hace solo cuatro cosas y solo con amiguetes. Es lamentable.

Bienales...

Es un desastre. Siempre van los mismos. Hay gente muy buena en este país que merecería tener más oportunidades y está contra las cuerdas.

¿Vivir en España es un hándicap para un pintor con respecto a vivir en otros países?

Vamos a ver, tengo aquí mis amigos, mis casas, mi patrimonio... y dices soy español nacido en Inglaterra. He estado viviendo en Nueva York, en Berlín, en Londres, he tenido becas en París, en Roma, en Tel Aviv... He estado en todas partes. Como en España no se vive en ninguna parte, pero trabajar en España es una faena. Y en este gremio es terrible. Es más fácil en Estados Unidos, más fácil en Alemania, donde todo es más fluido y hay más apoyos.

He estado en todas partes y como en España no se vive en ninguna parte, pero trabajar en España es una faena

Yendo a lo privado, ¿cómo es su relación con las galerías?

En España, no tengo galería. Voy a empezar con una en Nueva York y tengo otras en Toronto y en Los Ángeles. en España, no me llama nadie y yo no voy a llamar a nadie, aunque no paro de hacer exposiciones por todas partes.

¿Se puede tener una actividad profesional sin galerista?

En España, hoy en día, claramente no necesito un galerista. ¿Que me gustaría tenerlo? Me encantaría, alguien con ambición que me llevase, que me moviese...

¿Qué está preparando ahora?

Estoy preparando una muestra itinerante para Alemania y los países nórdicos, incluyendo Islandia; una muestra en Seúl; otra itinerante por tres o cuatro museos en China; me tengo que ir con una beca a Abu Dabi... Estoy bastante ocupado.

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