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Artículos de opinión de Javier Gallego, director del programa de radio Carne Cruda.

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La verdad no importa

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La verdad no importa. Está devaluada. No vale un duro. Lo que vende es la mentira. La mentira funciona, da votos, seguidores, hinchas, fanáticos, parroquia. La verdad es controvertida y te confronta, puede hacerte dudar y cambiar de opinión. La mentira te da la razón, te afianza, te adula y reconforta, es una palmadita en la espalda, el azucarillo después de la pirueta, la recompensa. Es fácil comprar las mentiras que nos refuerzan, difícil enfrentarse a verdades que nos llevan la contraria. 

Antes la información veraz tenía prestigio y autoridad, creíamos a determinados medios, instituciones, periodistas y solía imponer su fuerza sobre las burdas mentiras. Ahora palidece indefensa frente a la avalancha de bulos multiplicados por unas redes sociales que no sólo no los verifican ni eliminan sino que están programadas para privilegiarlos porque dan más audiencia, más dinero. Es el mercado, amigo, y en el mercado la mentira gana por goleada en la subasta diaria de las noticias. En el mercado la mentira se viste de seda o de cuero, es atractiva, divertida, impactante, mientras que los datos, los hechos puros y simples resultan aburridos e incómodos, nos muestran un mundo que no nos gusta.   

En el recién estrenado documental El dilema de las redes, antiguos creativos y directivos de las grandes plataformas de Silicon Valley, reconocen que han creado un monstruo que está devorando la democracia como Saturno a sus criaturas. La bulocracia se ha convertido en el arma de destrucción masiva con el que los neofascismos y populistas de ultraderecha están ganando terreno y, en muchos casos, la partida. Al mercado no le importa la democracia, de hecho, le molesta, porque le pone límites, le fiscaliza y le desnuda. Está más cómodo con esa forma sibilina de fascismo financiero que toleramos pasivamente porque nos gratifica con colorines, chocolatinas y me gustas

La mentira no es nueva pero está de moda y ahora goza de impunidad y es infalible. Los políticos más indecentes lo saben y la utilizan con astucia y desvergüenza para conseguir sus fines. Antes las mentiras podían tener un coste, ahora sólo tienen beneficios. Da igual que mientas y que te desmientan porque como dijo Trump, "hay verdades alternativas", y como los culos, cada uno tiene la suya. 

Para empezar la semana con fuerza, Pablo Casado nos cuenta que al rey Felipe VI le votamos pero a Garzón y a Iglesias, no. Ni a éste rey ni a su padre los votamos, evidentemente, porque la jefatura del Estado es un cargo hereditario que no se somete a las urnas. Se votó la monarquía parlamentaria a la que se metió en un referéndum con todo lo demás porque si se preguntaba aparte, ganaba la república, según confesara Suárez fuera de micro en una entrevista. Iglesias y Garzón sí han sido votados y por el sistema democrático que tenemos están en el Gobierno gracias a esos votos. Casado se saltó esta clase de democracia como todas las de su máster. Pero a él le dan igual los hechos, lo importante es que ha conseguido el efecto que buscaba con su falacia. Le ha dicho a los suyos lo que quieren oír, que la legitimidad es de la Corona, no de los comunistas que nos gobiernan. Gol por la escuadra.

Más. El New York Times revela con pruebas irrefutables que Trump lleva una década sin pagar casi impuestos gracias a la ingeniería financiera y el presidente más mentiroso de la Historia responde tranquilamente que son noticias falsas. Siguiente pregunta. Lo dirá y lo repetirá las próximas semanas allá donde vaya. En sus mítines, miles de contribuyentes que pagan sus impuestos le jalearán cuando insulte a los pijos neoyorquinos de la prensa que se inventan esas calumnias. Da igual que Trump se haya vendido a sí mismo como un empresario de éxito pero luego sus declaraciones de la renta muestren su insolvencia. La verdad no importa.  

Un ejemplo práctico. Para ocultar que no ha puesto medios para evitar la segunda ola, que se gasta el dinero en curas en lugar de médicos, Ayuso lleva semanas machacando la mentira de que el contagio de Madrid llega por el aeropuerto. Una y otra vez ha sido desmentido por los datos y las autoridades sanitarias. La incidencia por esa vía es despreciable. Este fin de semana, un autobusero que conduce por Vallecas exculpaba a la presidenta por sus confinamientos para pobres porque el problema no está ahí, está en Barajas. Así se destruye la democracia. Como no pongamos todos los medios para detenerlo, acabarán con ella.

Produce Carne Cruda

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28 de septiembre de 2020 - 22:59 h

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