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Espacio de divulgación científica y tecnológica patrocinado por la Universidad de Alcalá (UAH), con el objetivo de acercar el conocimiento y la investigación a la ciudadanía y generar cultura de ciencia

Veza en vez de soja para alimentar al ganado: “Hay variedades más productivas y que toleran mejor el cambio climático”

Franja de veza, una leguminosa, sembrada en un olivar del Campo de Montiel, para favorecer a las aves esteparias

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Investigadores de la Universidad de Alcalá (UAH) han logrado identificar variedades de veza (Vicia sativa L.) que permiten reducir costes de importación de otras especies leguminosas y reducir la huella de carbono, al minimizarse el gasto energético en el transporte.

La planta se emplea para la alimentación de animales, tanto en forraje como en grano. “Actualmente los piensos llevan mucha soja. Si pudiésemos sustituirla por veza ahorraríamos mucho porque no necesitaríamos importar la gran cantidad de toneladas que hoy se necesitan. La produciríamos aquí. Es un producto de proximidad con la gran ventaja de que no necesita casi abonos ni demasiada agua”.

Así lo detalla Juan M. González Triguero, catedrático del departamento de Biomedicina y Biotecnología de la universidad alcalaína que ha participado en la investigación. Se han estudiado casi 550 variedades locales de vezas recolectadas en toda España y que se conservan en el Centro de Recursos Fitogenéticos (el banco de germoplasma con variantes genéticas muy amplias de distintas especies vegetales) que se encuentra en Alcalá de Henares.

Un artículo publicado en la revista científica Frontiers in Plant, detalla cómo se han analizado las proteínas de la veza, así como sus marcadores moleculares basados en el ADN. “Hemos visto que la colección es muy diversa y muy interesante para emprender acciones de mejora genética para obtener nuevas variedades más productivas y capaces de tolerar mejor los cambios ambientales que estamos sufriendo”, como las sequías o las inundaciones.

El artículo, titulado ‘Common vetch, valuable germplasm for resilient agriculture: genetic characterization and Spanish core collection development’, ha sido desarrollado junto a Lucía De la Rosa, del Centro de Recursos Fitogenéticos del Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria (CRF-INIA, CSIC), y Elena Ramírez del Centro de Biotecnología y Genómica de Plantas del Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria, y la Universidad Politécnica de Madrid (CBGP-INIA-UPM, CSIC).

Los investigadores se han centrado, sobre todo, en las llamadas “variedades obsoletas” porque ya no se cultivan, pero que han logrado conservarse en estos centros. “También usamos alguna variedad comercial como testigo de control, pero nos interesan estas otras variedades que, de otra forma, se hubiesen perdido”.

España tiene una de las mayores colecciones de veza a nivel mundial. Su importancia radica en su enorme variabilidad, que pasa no solo por el aspecto de la planta sino por su producción o su resistencia... “Una especie sin variabilidad terminará desapareciendo. Les permite adaptarse a los cambios evolutivos ambientales, por ejemplo”.

Una novedosa metodología basada en la PCR, la reacción en cadena de la polimerasa

En esta investigación se ha empleado, además, una novedosa metodología para caracterizar la variabilidad de la especie. “Se basa en la famosa PCR, la reacción en cadena de la polimerasa”, una técnica de laboratorio utilizada para amplificar secuencias de ADN.

El término se ha convertido en más familiar para el público durante la pandemia, por las pruebas para detectar presencia de SARS-CoV-2, el virus que causa la enfermedad de la COVID-19, pero se usa para otras muchas cosas.

“Nosotros la utilizamos para analizar marcadores moleculares, es decir, distintas partes del genoma -el material genético de estas plantas- que son muy variables”. La técnica permite caracterizar “de forma muy precisa cualquier variedad”.

En este aspecto, abunda el científico, “los marcadores empleados son microsatélites, los mismos que se utilizan en genética forense para la identificación de personas”.

La Universidad de Alcalá seguirá colaborando en esta investigación. “Queremos volver a pedir un nuevo proyecto para seguir profundizando en el estudio de la veza”. En concreto Juan M. González Triguero se centrará, junto a la profesora Yolanda Loarce, en el estudio del sistema radicular de la especie (sus raíces) porque “son fundamentales para la tolerancia a la sequía”.

El objetivo será buscar nuevas variedades resistentes al cambio climático. “Hablamos de variedades o bien con raíces más largas, o bien superficiales para aprovechar la poca agua de lluvia que pueda caer en periodos de sequía”.

Castilla-La Mancha, segunda región productora de España

En España hay más de 82.000 hectáreas dedicada a un cultivo que puede encontrarse, sobre todo en Castilla y León y Castilla-La Mancha y en menor medida en Aragón o Andalucía. “Se cultiva sobre todo es zonas de secano. Por eso es muy interesante, aunque si se hace en regadío las producciones son mayores”.

Castilla-La Mancha es la segunda comunidad autónoma productora de veza, la cuarta parte del total nacional. En 2020, según datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, había una superficie cultivada de 25.080 hectáreas y en el avance de 2021 (hasta agosto) esa cifra se eleva a las 27.167 hectáreas.

La provincia que más produce esta leguminosa es Cuenca, seguida de Albacete. Después Toledo, Guadalajara y cierra Ciudad Real, que tiene la menor producción regional.

“Parece una mala hierba, pero los agricultores la conocen perfectamente”. Tras un paréntesis, han vuelto a apostar por producirla. Y es que, hasta el último cuarto del siglo XX era muy habitual cultivar leguminosas como la veza en España, pero eso cambió.

“El declive se produjo cuando fueron sustituidas por cultivos de importación, especialmente la soja”. Muchos cultivos de veza fueron abandonados. “Resultaba más barato importar soja. En 2008 el cultivo llegó a descender,  hasta quedarse en 22.000 hectáreas”, señala Juan M. González Triguero.

El repunte en los últimos tiempos tiene que ver, explica el investigador, con el apoyo que la veza está recibiendo desde la Unión Europea, a través de la Política Agraria Común (PAC).

Aunque la veza no tiene interés para el consumo humano, el fomento del cultivo de este tipo de leguminosa está relacionado “con sus ventajas medioambientales y la apuesta por la sostenibilidad, además de la adaptación al cambio climático”, tal y como recogen los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) aprobados por la ONU en 2015, y que tienen como horizonte el año 2030.

Esta planta necesita menor aporte artificial de nutrientes porque se asocia con unos microorganismos del suelo, Rhizobium, que permiten capturar el nitrógeno atmosférico sin necesidad de abonos artificiales que, además, “son caros de producir porque en el caso de los abonos nitrogenados es necesario usar gas natural como fuente de energía”.

Las prácticas agronómicas que propone la Unión Europea y que conocemos como Greening o Pago Verde de la PAC, “intentan fomentar este tipo de cultivos, además de una rotación para evitar el monocultivo, por ejemplo, de cereal. Es beneficioso para todos”, comenta el científico.

Otra de las ventajas de este cultivo es que facilita el incremento de la masa orgánica del suelo, gracias a sus raíces. “Quedan en el suelo y facilitan el proceso de rotación de otros cultivos como el cereal. La veza también se utiliza como especies barbechera y proporciona aportes nitrogenados importantísimos que ahorran muchos fertilizantes”. 

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