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La naturaleza reclama su sitio

Ricardo Cutanda Pérez

Presidente de UCIN Albacete —

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El reciente tren de borrascas ha dejado en nuestra ciudad un panorama que muchos vecinos solo recuerdan de oídas, de historias de hace décadas. Las imágenes vividas estos días en Albacete no son simples anécdotas meteorológicas: son una advertencia.

Hemos visto una ciudad anegada, calles convertidas en ríos improvisados y, sobre todo, un viejo conocido reapareciendo con fuerza: el Río Jardín. Un río que algunos quisieron hacer desaparecer, pero que nunca dejó de existir. Solo esperaba su momento. Y cuando llegó la lluvia suficiente, creció y reclamó lo que siempre fue suyo.

Porque hay una realidad incómoda: buena parte del crecimiento urbano de Albacete, se ha hecho sobre espacios naturales, antiguos cauces o zonas inundables. La naturaleza puede ser paciente, pero nunca firma renuncias definitivas.

El temporal ha dejado escenas durísimas: pesados contenedores en plena circunvalación impactando sobre vehículos, fachadas destrozadas, terrazas de bares volando por los aires, árboles arrancados de cuajo. A veces por la violencia del clima; otras, por decisiones humanas que facilitan el desastre: arbolado sin protección adecuada, raíces debilitadas, asfaltados sin planificación preventiva suficiente.

Durante años, muchas administraciones han hablado del cambio climático mientras miraban hacia otro lado en las decisiones reales. El cambio climático existe “siempre ha existido”, pero lo que estamos viendo ahora es una intensificación clara de los fenómenos extremos.

Sí, siempre hubo lluvias fuertes. Siempre hubo viento. Pero no así. No con esta frecuencia. No con esta intensidad destructiva.

Lo que antes parecía propio de otras regiones del planeta, hoy sucede aquí. Más tormentas, más violentas. Más calor extremo. Cambios bruscos de temperatura. Días de invierno seguidos de jornadas casi veraniegas. Lo excepcional empieza a convertirse en habitual.

En la práctica, en España casi han desaparecido las estaciones intermedias. Aquellas primaveras largas y otoños suaves son cada vez más raros. Hoy predominan dos largos periodos enfrentados: veranos extremos e inviernos cada vez más inestables.

La naturaleza no entiende de ideologías.

La realidad es la que es. Y, sin embargo, seguimos viendo cómo se autorizan construcciones en zonas inundables incluso después de desastres recientes en nuestro país, como los vividos en Valencia. Las decisiones políticas muchas veces no las sufren quienes las toman, sino los ciudadanos que viven en esas zonas. “No hemos aprendido nada”.

Mientras tanto, en España la polarización política sigue creciendo. Parece que hoy solo se puede estar en un extremo o en otro. Se vende como sentido común lo que en realidad es enfrentamiento permanente, la división y las dos españas que queríamos dejar atrás.

Ser independiente se ha convertido casi en una rareza. Pero precisamente en momentos como estos es cuando más necesario resulta el municipalismo, la gestión cercana y el sentido común práctico. Menos ideología de despacho y más soluciones pegadas al terreno. Menos discursos grandilocuentes y más planificación real para evitar que lo vivido estos días vuelva a repetirse.

La naturaleza ya ha hablado.

La pregunta es si esta vez estaremos dispuestos a escuchar.