Tensión en el Parlamento de Castilla y León

El Parlamento de Castilla y León según Vox: barra libre de insultos y abucheos y una neutralidad cuestionada

En el centro Carlos Pollán (Vox), presidente de las Cortes de Castilla y León

Laura Cornejo


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“Imbécil”, “payaso”, “deja de hacer el ridículo”, “presunto delincuente”. No es una bronca de taberna, es lo que se oye en el Parlamento de Castilla y León. Lo gritan los procuradores desde sus escaños. Ha bastado el medio año de gobierno de coalición entre el Partido Popular y Vox para que la Cámara de Castilla y León sea una olla a presión. En el hemiciclo conviven más partidos que nunca: están los dos que han formado gobierno, además del PSOE, Unión del Pueblo Leonés, Soria Ya, Ciudadanos, Podemos y Por Ávila. Con tan solo 13 escaños de los 81, Vox se hizo con la presidencia de las Cortes de Castilla y León el pasado 10 de marzo, a cambio de dar el Gobierno al PP. Era eso o que Mañueco se quedase compuesto y sin pacto, así que hizo lo que le exigieron: ceder a la extrema derecha la presidencia del Parlamento. Carlos Pollán, licenciado en derecho y exjugador de balonmano, se convertía así en la segunda autoridad de la Comunidad.

En el recorrido profesional de Pollán destaca su etapa como presidente del Club Balonmano Ademar pero no por una gestión exquisita. Bajo su mandato, el club entró en bancarrota y tuvo que declarar un concurso de acreedores en 2013 por una deuda impagada de más de 500.000 euros.

Su aterrizaje en las Cortes no fue agradable, porque varios procuradores se negaron a estrecharle la mano cuando juró el cargo. “El decoro imperará en la Cámara”, dijo en su discurso. “Demostremos a los castellanos y leoneses que la política puede ser una actividad digna”, añadió. De momento, ese objetivo se antoja lejano. Con las bancadas del PP y de Vox crecidas, Pollán no se inmuta cuando se increpa o abuchea a la oposición, y ocurre en cada Pleno: hay voces, risas y gestos que no merecen reproche para el presidente. En la última sesión, el descontrol fue un poco más allá. Mientras el exvicepresidente de la Junta, Francisco Igea, intervenía para hablar de transparencia, su sucesor en el cargo, Juan García-Gallardo, le llamaba “imbécil” desde su escaño. Igea quiso que el presidente de las Cortes hiciese algo, pero Pollán le instó a continuar mientras García-Gallardo seguía en las suyas contra Igea: “presunto delincuente”. Y no pasó nada. “Cualquier persona que en el recinto parlamentario, en sesión o fuera de ella, y fuese o no Procurador, promoviera desorden grave con su conducta de obra o palabra, será inmediatamente expulsada. Si se tratare de un Procurador, el Presidente podrá suspenderle, además, en su condición de Procurador por plazo de hasta un mes, sin perjuicio de que la Cámara, a propuesta de la Mesa y de acuerdo con lo previsto en el artículo 101, pueda ampliar o agravar la sanción”, dice el Reglamento de las Cortes de Castilla y León.

Al día siguiente, cuando se reanudó el Pleno, la bronca se reactivó. Pollán estaba ausente y le sustituía el vicepresidente, Francisco Vázquez (PP), que tampoco llamó al orden a los procuradores de Vox y de su partido cuando sus gritos impidieron que el procurador de Podemos, Pablo Fernández, pudiese argumentar cuando estaba en el atril. García-Gallardo y el portavoz del PP, Raúl de la Hoz, gritaban a Fernández, le hacían gestos para que se fuera, y Vázquez, en lugar de exigir silencio, animaba a Fernández a continuar, mientras se iba consumiendo su tiempo. La situación se desmadró tanto que se oyó decir a Vázquez: “estoy por suspender, suspendo y que vengan por la tarde y que se jodan”. Efectivamente, suspendió el Pleno aunque tan solo durante 15 minutos.

Si alguien dudaba de la neutralidad de Vázquez o del propio Pollán, este último se encargó de confirmar la escasa simpatía que siente por Igea. Lo hizo retuiteando a un procurador de Vox que reprodujo una foto de Igea “en el banquillo de los acusados”, pero omitiendo que la foto era de 2019 y que había sido absuelto. El asunto se ha enredado porque Pollán se negó a borrar el retuit y a disculparse, por lo que tendrá que acudir al acto de conciliación previo a la querella o demanda que va a interponer Igea, que considera vulnerado su honor.

A Pollán se le cuestiona no solo por esa supuesta falta de neutralidad política que debe tener mientras preside las Cortes, también porque ha impuesto las políticas de Vox en la institución. Así, la semana pasada, tras confirmarse un nuevo caso de violencia de género en el que una mujer murió a manos de su pareja en Palencia, desde el Parlamento se convocó a un minuto de silencio por un “crimen” en que “una mujer perdió la vida”, porque según dijo García-Gallardo “la violencia no tiene género”. Es uno de los caballos de batalla del partido de extrema derecha, imponer la desaparición de ese término e incluso del propio delito.

Lo cierto es que el Reglamento, que contempla que es el presidente quien debe mantener el orden y regular los debates, no observa ningún tipo de medida si el presidente no cumple con su cometido. Pollán, a quien Igea pidió la dimisión, será presidente hasta el fin de la legislatura, incluso si se produjese una ruptura entre PP y Vox, y en caso de que Mañueco gobernase sin mayoría. Que el PP no va a hacer nada para eliminar la tensión lo dejó claro el pasado jueves en la reunión de la Mesa de las Cortes: permitió que Vox bloquease una declaración institucional por el crimen de violencia de género que intentó minimizar Pollán y se mostró contrario también a sancionar a García-Gallardo por su comportamiento.

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