Un equipo de investigadores de León plantea que la COVID-19 podría afectar al estado del ánimo
Varios investigadores del Complejo Asistencia Universitario de León plantean que la COVID-19 podría afectar al estado del ánimo. “La sintomatología encontrada en pacientes ingresados no es concordante con una situación de estrés intenso como es una hospitalización con aislamiento por una enfermedad desconocida y potencialmente mortal”, explica a elDiario.es el coordinador de este estudio, Antonio Serrano, quien, junto a un equipo de otros 13 psiquiatras e inmunólogos ha encontrado una sintomatología depresiva que comparte características con las depresiones de origen vascular, aunque también podría existir un efecto euforizante.
“Este es un estudio muy pequeñito, pero podría ser que se produjeran pequeñas lesiones vasculares que pudieran afectar al ánimo. Se ha descrito por otros autores que en la infección por coronavirus existe un estado de hipercoagulabilidad y esto podría dar lugar a lesiones en el cerebro al igual que se ha descrito en otros órganos”, concreta Serrano. Afecta al ánimo, pero, ¿en qué sentido? Serrano apunta que hacia los dos, hacia la depresión, pero también hacia un estado euforizante. De hecho, puntualiza, los pacientes que participaron en el estudio “no estaban tristes, en general, ni aburridos”. “Entrevistamos a un paciente que llevaba varios días incomunicado, nosotros íbamos con un EPI, el buzo y demás material de protección. Y nos dijo: 'tengo ganas de bailar, doctor', las puntuaciones medias obtenidas en la escala de depresión eran inusualmente bajas”.
Durante la primera ola, decidieron profundizar en cómo afectaba al cerebro tanto la enfermedad en sí como el estrés “intenso” derivado del aislamiento tras ocho días y de lo desconocida que es todavía la COVID-19. “Queríamos ver si había una repercusión en las interleucinas (sustancias que segrega el cerebro), que normalmente suben en procesos de estrés. Desde inmunología nos avisaban cada vez que un médico pedía un análisis de interleucinas y les hicimos un test a los 27 mayores de 60 años que cumplían los requisitos”, añade Serrano.
Este test en concreto es la Escala de Depresión Geriátrica de Yesavage, que integra preguntas “sencillas” de sí o no. Los interrogantes cuestionan la satisfacción, el aburrimiento, el miedo o la felicidad. A través de las respuestas, este equipo ha establecido de forma hipotética qué neurotransmisor pudiera ser responsable de cada síntoma. “Cada síntoma depresivo por el que preguntaba el cuestionario se ha asignado a un neurotransmisor. Por ejemplo, se considera que la rumiación (darle muchas vueltas a un pensamiento) se asocia con serotonina”, señala Serrano. Estos psiquiatras e inmunólogos han elaborado un perfil “que se parece bastante” al de las depresiones de origen vascular, causadas por lesiones en el cerebro tras alteraciones del riego sanguíneo, lo cual concuerda con otros aspectos del virus, que se ha demostrado que puede ser causante de infartos o trombos.
“Puede ser un estudio controvertido desde el punto de vista académico, pero puede ser un punto de partida”, asegura Serrano, quien destaca que en estos pacientes encontraron más alteraciones, y por orden, de noradrenalina, serotonina y “casi nada” de dopamina. La dopamina se relaciona principalmente con la capacidad de experimentar placer y con la capacidad de mantener la atención y casi ningún paciente refirió síntomas relacionados con un déficit de este neurotransmisor.
Esta investigación se realizó durante el tiempo libre de estos profesionales en la primera ola de la pandemia y será publicada en la revista Medicina Clínica bajo el título 'Relación entre los niveles de interleucina 6 y depresión en pacientes afectados por Covid-19'. “Lo hicimos en nuestro tiempo libre, con nuestros medios, porque la investigación en la Sanidad Pública se hace cuando puede”, explica Serrano. El coordinador de este estudio destaca que médicos de todas las especialidades trabajaron juntos para intentar evitar el desbordamiento del hospital en los primeros meses de pandemia y cómo continúan algunos miembros del equipo atendiendo a pacientes COVID. “Fue durante esa colaboración en la primera ola donde surgió la idea del estudio”.
El equipo, coordinado por el psiquiatra Antonio Serrano, está integrado por profesionales de inmunología -Judith Montachez (residente) y José María García Ruiz De Morales- y de psiquiatría -Clara Margarita Franch, Rocío Gómez, Francisco Luis Rodríguez, Sergi Núñez, Isabel González (residente), Paula García (residente) y Carmen Vilella (residente).
Estos profesionales están interesados en continuar analizando los efectos psíquicos del coronavirus en los pacientes, aunque no tienen claro si profundizarán en este aspecto en concreto o si ampliarán su ámbito de estudio. “Estamos ante un virus poco conocido y merece la pena pararnos e intentar entender un poco más cómo funciona”, comenta Serrano, que subraya la importancia de “conocer a qué nos enfrentamos”, no solo desde un punto de vista biológico, “sino también a nivel psicológico y social”.
“Estamos viviendo cambios tremendos y la sociedad no va a volver a ser lo que era, será diferente”, apostilla. Serrano destaca el componente psicosocial en cualquier enfermedad: el estado psíquico y su entorno social y familiar, “que son importantes a la hora de vivir la enfermedad”. Cuando hay alguien enfermo, su alrededor le cuida; pero con la COVID-19 estos cuidados no son iguales por su elevada contagiosidad. Y todo esto tendrá repercusiones en la sociedad en su conjunto.
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