Una de las afectadas por el caso ataúdes dice que las coronas desaparecieron “en menos de un cuarto de hora”
Una mujer que ha declarado este miércoles en el juicio que se sigue por el conocido como “caso ataúdes” ha asegurado que las coronas, los centros y los ramos de flores que habían llegado para su marido difunto desparecieron “en menos de un cuarto de hora”.
La mujer ha declarado como testigo en la vista oral que se desarrolla en la Audiencia de Valladolid contra veintitrés personas acusadas de retirar féretros a los difuntos justo antes de su cremación, para llevarlos de nuevo al tanatorio y ponerlos otra vez a la venta en una funeraria de Valladolid.
Las acusaciones también abarcan la retirada de las flores destinadas a los fallecidos para ponerlas de nuevo a la venta. La testigo ha explicado que su esposo murió el 2 de enero de 2005 y que en el velatorio, que se llevó a cabo en el tanatorio El Salvador, había dos coronas, un mínimo de cuatro centros y algún ramo de flores. Ya en el cementerio “cuando salí de la incineración habían desaparecido todos en menos de un cuarto de hora”, ha concretado.
En cuanto a la cremación, ha contado cómo los familiares entraron en una sala, pusieron allí el féretro, el sacerdote rezó un responso, metieron el ataúd “como en una cinta transportadora”, corrieron unas cortinas y no vieron “absolutamente nada” de la incineración. Tras unos quince minutos de permanecer en esa sala, “nos fuimos y nos dimos cuenta de que no había ni una flor”, ha expuesto.
La testigo ha subrayado que, cuando se enteró del posible cambio de ataúdes para su reventa, se llevó un disgustazo“, después además de cómo lo pasó su marido dos años hospitalizado hasta que falleció. El sentimiento es de ”angustia“ al pensar que ”le habían puesto encima de un palé y le habían quemado, después de todo lo que pasó“ con su enfermedad, ha expresado.
“Me queda la duda de si las cenizas que nos han dado son las de mi suegra”, ha manifestado otra testigo, quien perdió a la madre de su marido el 2 de enero de 2005. Ha especificado que las cosas empezaron a salir mal cuando vieron que el ataúd en el que habían puesto a la difunta no era el que habían elegido, lo que desde la funeraria achacaron a una confusión.
Acerca de las coronas y las flores que habían llegado para la fallecida, dijeron que, “como no lo habíamos solicitado antes”, habían desaparecido, ha contado. Además ha certificado que no vieron la incineración, solo el féretro hasta que cerraron unas cortinas. Cuando conoció las prácticas que presumiblemente estaba llevando a cabo el grupo funerario sintió “mucha rabia” y le dolió “muchísimo”, ha afirmado.
En el mismo sentido ha declarado un hombre que perdió a su padre el 31 de diciembre de 2005 al señalar que tiene la duda acerca de quien son las cenizas que tiene en casa y ha subrayado que se ha sentido engañado también con el pago del ataúd si es verdad que los quemaban en palés.
Las acusaciones contra los procesados se centran en los delitos de constitución de organización criminal, pertenencia a organización criminal, apropiación indebida, estafa, contra el respeto a los difuntos, blanqueo de capitales y falsedad en documento mercantil. La vista oral continuará el próximo lunes con la declaración de más testigos.
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