Una testigo perjudicada en el caso ataúdes: “No es que roben dinero, es que te roban la dignidad”
Una testigo que ha declarado en la vista del conocido como “caso ataúdes”, en la que se enjuicia a 23 acusados de retirar féretros a los difuntos justo antes de su cremación para ponerlos otra vez a la venta en una funeraria, ha lamentado que “no es que roben dinero, es que te roban la dignidad”. La mujer ha declarado este lunes en la Audiencia Provincial de Valladolid, donde ha explicado que su padre falleció en 1999, que fue velado en el tanatorio El Salvador y después trasladado para su cremación al cementerio de Santovenia de Pisuerga (Valladolid), perteneciente al mismo grupo funerario.
La testigo ha sostenido que sus familiares y ella no pudieron ver la entrada del féretro en el horno crematorio porque en esos momentos cerraron las cortinas del habitáculo en el que se encontraba el ataúd. Al ser preguntada por el fiscal acerca de su sensación tras conocer que la funeraria podía haber cambiado las cajas fúnebres de fallecidos para revenderlas, la testigo se ha quejado de que pudieran hacer eso “con personas que están muertas; y que hagan fotos —hay imágenes de difuntos aportadas en el procedimiento—. Ya no es que roben dinero, es que te roban la dignidad.”.
De los ocho testigos que han comparecido en esta sesión, seis han mantenido que no les dejaron ver meter el féretro de su familiar en el horno crematorio, una ha expuesto que sí pudo ver cómo lo introducían, aunque no vio llamas, y otra ha señalado que pudo estar durante la cremación el tiempo que quiso. Una de las perjudicadas que ha declarado, quien perdió a sus padres, ha manifestado visiblemente afectada que es “terrorífico” pensar que una estructura organizada estafe“ a una persona muerta y sus familiares ”en unos momentos muy vulnerables, en los que te crees lo que te dicen“.
“Yo no quería venir aquí a pasar este trago”, ha aclarado uno de los testigos, quien ha protagonizado una emotiva comparecencia en la que ha argumentado que no quería recordar de nuevo la pérdida de su mujer, a la que cuidó durante años sabiendo que tenía una enfermedad terminal que acabaría con ella. Ha narrado algo que se, según ha expresado, no se le ha borrado de la mente y que ocurrió cuando se iba a llevar a cabo la cremación de la difunta en el cementerio de Santovenia.
En esos momentos, cuando expuso que quería ver cuando metían a su esposa a incinerarla, “se pusieron muy nerviosos” - empleados del grupo funerario -.
“No me acuerdo si me empujaron o qué pasó”, fue “muy desagradable” y no pudo presenciar ese proceso, ha descrito. Ha mostrado además su extrañeza porque le indicaron que tenía que ir a recoger las cenizas de su mujer al día siguiente de la cremación pero, cuando recogió la urna, estaba caliente.
Una sensación de tristeza y rabia ha sido la manera en la que otra testigo ha definido cómo se siente tras perder a sus padres en distintas fechas y enterarse después de lo que pudieron hacer en la funeraria, mientras otro perjudicado ha considerado que los hechos que se enjuician suponen una “falta de respeto y humanidad tremenda”. Una mujer que también ha declarado como testigo ha especificado que la persona que fue su aya falleció en una residencia en 2012, tras 72 años pagando un seguro de decesos y se ha referido a los problemas que encontró al elegir féretro, a que pusieran un ataúd sin crucifijo porque la difunta así lo quería, después de tantos años pagando.
Las acusaciones contra los procesados se centran en los delitos de constitución de organización criminal, pertenencia a organización criminal, apropiación indebida, estafa, contra el respeto a los difuntos, blanqueo de capitales y falsedad en documento mercantil. La vista oral continuará mañana con la declaración de más testigos.
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