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La falsa moda del gas de la risa: un estudio de Sanidad revela que el consumo de óxido nitroso en jóvenes es residual

Un cargador con óxido nitroso y un globo con el que se consume, en una imagen de archivo.

Pol Pareja

Barcelona —
7 de junio de 2026 22:30 h

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En parques, festivales e incluso alguna discoteca se ha podido ver durante los últimos años una imagen curiosa: globos que se inflan y se desinflan en segundos, risas breves y un gas utilizado por pasteleros que se ha colado en la conversación pública sobre drogas. Tras irrumpir con fuerza en países como Reino Unido o Francia, el consumo de óxido nitroso, conocido popularmente como “gas de la risa”, se ha convertido en uno de los fenómenos emergentes que más atención ha despertado entre profesionales sanitarios, educadores y responsables de políticas de drogas. 

Algunos medios se han atrevido a llamarle “la nueva droga de moda” entre los jóvenes españoles. Los datos, sin embargo, apuntan a que el consumo es todavía muy minoritario. 

Así lo refleja el primer estudio en profundidad que se ha hecho sobre el fenómeno en España, financiado por el Ministerio de Sanidad, en el que se ponen cifras y contexto a una sustancia cuyo consumo se puede percibir en grandes ciudades como Barcelona y, al mismo tiempo, es prácticamente inexistente en otras urbes del país. El informe analiza por primera vez de forma integral los patrones de consumo, los perfiles de usuarios, los riesgos asociados, los canales de distribución y las respuestas institucionales que se han desplegado hasta la fecha. 

Los investigadores describen una situación marcada por una tensión constante entre dos realidades contradictorias: una baja prevalencia epidemiológica y una elevada visibilidad mediática, lo que genera un desajuste entre la percepción social y la magnitud real del fenómeno. “No es la primera vez que la prensa magnifica algún tema relacionado con las drogas”, apunta Nico Piñeiro, autor principal del informe elaborado por la consultora Episteme Social. “Es un fenómeno que ya hemos visto con el fentanilo o con la burundanga”, añade.

Según recoge el estudio, el consumo del gas de la risa en la población adulta alcanza una prevalencia del 1,1% cuando se pregunta por el uso alguna vez en la vida y del 0,2% en el último año. 

Por comparar, la prevalencia del consumo de cocaína se sitúa en el 13,3% alguna vez en la vida y en el 2,5% en el último año, según los datos del Ministerio de Sanidad. 

Un fenómeno asociado al ocio juvenil

Los bajos porcentajes de consumo aumentan ligeramente cuando se pregunta a los más jóvenes. Entre los adolescentes de 14 a 18 años, el óxido nitroso aparece como la sustancia con mayor prevalencia dentro de la categoría de nuevas sustancias psicoactivas, con un 1,7% de jóvenes que afirman haberla consumido alguna vez. 

Los propios autores advierten, no obstante, de que estos datos deben interpretarse con cautela porque históricamente el óxido nitroso no se registraba de forma diferenciada en las estadísticas oficiales.

La investigación sitúa el consumo principalmente en contextos de ocio y socialización entre chavales, principalmente al aire libre. El documento apunta que una parte de los usuarios del “gas de la risa” son jóvenes que no acuden a locales de ocio y baile porque no están dispuestos a pagar los precios de las entradas y de las consumiciones o porque directamente no les dejan entrar.

Los autores destacan que el consumo, en la mayoría de casos, forma parte de experiencias compartidas más que de un uso individual o problemático. El estudio, sin embargo, también identifica situaciones diferentes en contextos de vulnerabilidad social, donde pueden aparecer patrones más frecuentes e intensivos.

La investigación señala además que la visibilidad del fenómeno se concentra especialmente en áreas urbanas y metropolitanas, donde confluyen una elevada densidad de población joven, una intensa actividad de ocio y una fuerte presencia turística. 

Ciudades como Barcelona y determinadas zonas de Baleares o de la costa valenciana aparecen citadas en el informe como ejemplos de lugares donde el consumo se ha hecho visible en los últimos años.

“Vemos como ha habido más impacto en zonas mediterráneas”, prosigue Piñeiro en conversación telefónica. Este antropólogo y Educador social apunta como una posible vía de entrada de la sustancia a España a los jóvenes provenientes de países en los que la droga sí ha tenido un verdadero auge y vinieron de vacaciones tras la pandemia. 

La percepción de riesgo sigue siendo baja

Uno de los hallazgos más relevantes del estudio es la distancia existente entre los riesgos reales asociados a la sustancia y la percepción que tienen muchos consumidores.

Según los investigadores, la percepción de riesgo suele centrarse en los efectos inmediatos, generalmente breves y considerados poco graves por los usuarios. Esta circunstancia, unida a la facilidad de acceso y a la situación legal del producto, contribuye a normalizar su consumo en determinados entornos juveniles.

Los daños asociados al óxido nitroso, con todo, dependen en gran medida de la frecuencia y la intensidad del consumo. En los usos ocasionales predominan efectos agudos leves como mareos o descoordinación. Son los consumos repetidos e intensivos los que pueden provocar efectos más graves, incluyendo complicaciones neurológicas, algunas con secuelas duraderas.

El Instituto Guttmann de Barcelona alertó recientemente que, entre 2020 y 2025, seis pacientes ingresaron en su hospital de neurorehabilitación con secuelas neurológicas graves a consecuencia del consumo de este gas. 

El estudio señala que estos efectos son mucho menos conocidos entre los consumidores que los efectos inmediatos de la sustancia, lo que dificulta la adopción de conductas preventivas.

España, en una fase temprana respecto a otros países europeos

El informe recomienda evitar el alarmismo que pueda contribuir a su difusión, porque concluye que España se encuentra todavía en una etapa relativamente temprana en comparación con países como Francia, Reino Unido o Países Bajos.

En esos países, la expansión del consumo recreativo se produjo años antes y estuvo acompañada de un aumento de la visibilidad en espacios públicos y de la aparición de casos clínicos asociados a consumos intensivos. Algunas de estas dinámicas comienzan ahora a observarse en España, aunque de forma mucho menos consolidada.

Los autores sugieren que el país se encuentra en una fase de implantación incipiente, caracterizada por la coexistencia de consumos recreativos normalizados y la aparición progresiva de patrones más intensivos. El documento también advierte de que la circulación internacional de tendencias de consumo, especialmente en contextos turísticos, puede favorecer la expansión futura del fenómeno.

Lejos de reclamar respuestas punitivas o campañas de alarma social, el estudio apuesta por estrategias proporcionadas a la magnitud real del fenómeno. Los investigadores recomiendan reforzar los sistemas de información y monitorización, mejorar la coordinación entre ámbitos sanitarios, educativos y comunitarios, y desarrollar acciones de prevención de riesgos basadas en aquellos contextos donde el consumo ya existe.

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