Hacia un nuevo contrato ecosocial
Sobre este blog
El blog Opinions pretende ser un espacio de reflexión, de opinión y de debate. Una mirada con vocación de reflejar la pluralidad de la sociedad catalana y también con la voluntad de explicar Cataluña al resto de España.
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Tras la II Guerra Mundial, en la Europa democrática, el contrato social-keynesiano tradujo derechos básicos en políticas de bienestar. Más tarde, las revueltas del 68 detonaron la ampliación de la ciudadanía hacia nuevos derechos civiles y políticas de reconocimiento. Tal conjunto de avances socioculturales solo fue posible en España -al hilo de tantas luchas- tras la caida de la dictadura. Todos los regímenes clásicos de bienestar se configuraron en un contexto industrial-fordista, con niveles bajos de incertidumbre y complejidad. En ese marco, redujeron desigualdades y desmercantilizaron educación y salud. Las posteriores ofensivas neoliberales pretendieron restaurar órdenes sociales basados en estructuras de privilegio y en el blindaje de sus dispositivos de reproducción. Se fueron desplegando, desde los años 80, dinámicas de concentración de la riqueza, fragilización de capas medias y dispersión de riesgos de exclusión. Al cruzarse con variables de género, edad y orígen, resultaron unas estructuras sociales más polarizadas y fragmentadas.
Un escenario de cambio de época
Pero las primeras décadas del s.XXI -esos años de globalización, gran recesión, pandemia, emergencia climática y nuevos repertorios de acción colectiva- lo cambian casi todo. Es cierto que los elementos de resiliencia del estado de bienestar (a pesar de todas las impugnaciones insolidarias) son relevantes: no es poco que redes de prestaciones y servicios públicos universales sigan materializando hoy un espacio -colectivamente luchado y defendido- de ciudadanía social. Este esquema de derechos, sin embargo, se inserta ahora en nuevas condiciones estructurales. Por un lado, parece insuficiente para embridar las mutaciones de fondo y simultáneas que han derivado en el actual capitalismo fósil, financiarizado, rentista y digital. Por otro lado, las nuevas coordenadas de cotidianidad, con todas sus diversidades y discontinuidades vitales, dibujan escenarios muy diferentes a los entornos donde crecimos. El estado de bienestar había articulado respuestas a una sociedad que ya no existe. Se abre un desencaje de época entre las viejas políticas y las nuevas realidades: las soledades no deseadas, las altas tasas de pobreza infantil y en hogares monomarentales, la gentrificación en los barrios, los elevados riesgos de pobreza y exclusión en colectivos migrantes, la superposición de vulnerabilidades sociales y climáticas...
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