El gran tabú económico de Catalunya
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El año ha comenzado con importantes noticias económicas para Catalunya. El país registró un récord de empleo a finales de 2025. Pero algo no encaja con la realidad de millones de personas del país. Bajo esta avalancha de titulares y esta apariencia de bonanza se esconden datos que hacen chirriar el relato triunfalista del Govern, ejemplificado en el Conseller de Presidència, Albert Dalmau, quien recientemente se jactaba en redes sociales del crecimiento de la economía catalana, que se sitúa por encima de la media europea.
El señor Dalmau confía en un espejismo. Y es peligroso, porque esta mejora no se ha traducido en una mejora real de las condiciones de vida. Ni mucho menos. Hace unas semanas conocíamos el informe FOESSA, presentado por Cáritas, con un diagnóstico contundente: el 38% de la población ocupada en Catalunya es pobre. Hablamos de 1,4 millones de personas que trabajan y cotizan, pero que no llegan a fin de mes con tranquilidad. Los últimos datos del Institut d’Estadística de Catalunya (Idescat) muestran que Catalunya se encuentra entre los territorios con más pobreza de Europa (24,85%, a la altura de Bulgaria y Rumanía) y, especialmente, aumenta en los hogares con hijos (30,8%).
Este es el tabú económico del país para las élites económicas, que se niegan a reconocer que su modelo no funciona: trabajar ya no es una garantía contra la pobreza. Nos hemos acostumbrado a medir el éxito del país con variables macroeconómicas, pero no con la que realmente importa: si los salarios permiten vivir bien. Y estos datos no son flor de un día, sino que tienen raíces profundas.
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